Se fue, así de simple. Jerome David Salinger falleció el pasado 27 de enero en su casa de New Hampshire. Muerte natural, confirmaron los médicos; sin ruido, tal y como le habría gustado.
Y aunque nunca fuera su intención, Salinger pasará a la historia por ser uno de los grandes de la literatura universal, un escritor de modesta producción que tuvo que lidiar con el desproporcionado éxito de su obra cumbre, un famoso alegato de alienación y rabia adolescente llamado El guardián entre el centeno (1951). Imprescindible, omnipresente en todo ranquin literario que se precie, best-seller indiscutible que vende 250.000 copias cada año, un fenómeno mundial.
¿Pero qué sabemos de Salinger?
Mucho y a la vez poco; como que su último trabajo publicado data de 1965, que no concedía entrevistas desde 1980 y que sus últimas décadas de vida estuvieron plagadas de escándalos familiares, denuncias editoriales y muchas otras cruzadas que hicieron cada vez más insalvable el cortafuego que había creado para contener las llamas de la fama. Pero tras la fachada amarillista había un hombre con mucho mundo, un asqueado veterano de guerra que había pisado los campos de batalla europeos y conocido en ellos el horror que reflejara en alguno de sus relatos, como en Para Esmé, con amor y sordidez, protagonizado por un sargento del ejército que rememora su encuentro con la joven Esmé antes de entrar en combate. Una época de la que extraería conclusiones tan rotundas como: «Nunca te quitas de la nariz el olor a carne quemada; da igual el tiempo que vivas».
Para Esmé, con amor y sordidez vería la luz en The New Yorker, el principal valedor de Salinger y otros escritores rupturistas, pero si bien es cierto que muchos de sus textos pasaron por las páginas de esta publicación, Salinger también pudo comprobar como otros tantos tendrían que esperar a su consagración para ser plenamente aceptados. Los mejores encontrarían un hogar definitivo en Nueve Cuentos (1953), una compilación repleta de antihéroes y personajes socialmente desencantados, extensión idónea para El guardián entre el centeno.
A Nueve Cuentos le seguirían otros relatos y la reclusión final de Salinger. Su éxito literario vino a la par que su fracaso social, del que, entre notables protagonistas (Ernest Hemmingway y Charles Chaplin por ejemplo), podemos extraer a:
Whit Burnett
Como profesor de escritura en la universidad de Columbia, tuvo la oportunidad de conocer al Salinger menos disciplinado y asistir a su transformación en escritor. Él se encargaría de publicar sus primeros relatos en la revista Story, de la que fue editor durante años y en cuyas páginas también tuvieron cabida otros grandes de la época, como Charles Bukowski, John Cheever y Tenesse Williams. Lamentablemente, las relaciones entre Salinger y Burnett se vinieron abajo cuando la edición de The Young Folks, una colección de sus primeros trabajos, cayó en saco roto. Salinger culpó a Burnett y el tiempo se encargó de alejarlos.
Holden Caulfield
El adolescente protagonista de El guardián entre el centeno, fiel reflejo de las filias narrativas de Salinger. Su sólido desarrollo a lo largo de la novela lo han convertido en un icono entre los miles de adolescentes que ven en su angustia y rebelión un reflejo de sus vidas. Eso y una serie de recursos aplicados a su persona que se convertirían en marca de la casa: La narración en primera persona, la naturalidad (y crudeza) de sus diálogos y la recurrente desconexión entre los mundos adulto y adolescente.
Poco más se puede decir de un libro tan idolatrado como vetado, capaz de provocar el despido de un profesor al recomendarlo a sus alumnos o servir de excusa a la Ley para justificar actitudes criminales.
Posiblemente, uno de los mazazos culturales más importantes de los Estados Unidos.
Margaret Salinger
Tras el infructuoso intento del crítico Ian Hamilton de poner por escrito la vida de Salinger, serían dos personas las encargadas de arrojar algo de luz en la vida del autor con dos libros de memorias que transformaban al mito en un hombre débil, de acusada cinefilia y una absorbente religiosidad. La primera sería Joyce Maynard, antigua relación de Salinger; y la segunda, su hija Margaret, la más explícita en sus declaraciones. Ella confirmaría su paso por distintas disciplinas religiosas (budismo, cienciología,…) y su formación en varias pseudo ciencias (como la homeopatía, la acupuntura o los experimentos radicales con energía orgónica). Pero lo más importante, allí donde dejó huella, fue en su incapacidad para hacer feliz a su familia, sometida a su voluntad y capricho.
A estas alturas, juzgar al hombre sería sencillo, así que prefiero pensar que el mundo recordará a Salinger por su victoria frente al éxito. Consiguió mantenerse a distancia del mundanal ruido durante cuarenta años, fiel a una obra que perdurará en el tiempo hasta el día en que existan las utopías. O sea, para siempre.
LÍNEA TEMPORAL
COMENTARIOS ( 2 )
Información Bitacoras.com…
Valora en Bitacoras.com: Se fue, así de simple. Jerome David Salinger falleció el pasado 27 de enero en su casa de New Hampshire. Muerte natural, confirmaron los médicos; sin ruido, tal y como le habría gustado. Y aunque nunca fuera su intención, Sal…..
Bitacoras.com dejó este comentario el Feb 16 10 a las 08:33a riesgo de parecer conspiranoico, tanto afan de desprestigiar la figura de Salinger me suena a movimiento de Pearson, McGraw&Hill y compañia…. la hija de Salinger mismo se acabo casando con un ejecutivo de la AAP
IvdF




