Directo, contundente, de diálogos ágiles y punzantes, la antítesis de la novela negra como crítica social y más como divertimento… Donald E. Westlake, y en concreto uno de sus pseudónimos, Richard Stark, nunca gozó de mucha popularidad en estas tierras. Lo que la gente no tiene muy en cuenta es que 15 de su centenar aproximado de novelas fueron llevadas al cine, entre ellas la poco acertada Two Much (sí, la de Trueba). Anécdotas al margen, Westlake fue un tipo constante y consecuente con su estilo (puro hardboiled), un heredero natural de grandes como Dashiell Hammet que no se cortó ni un pelo al narrar las cosas tal y como eran. En sus novelas imperan las bajas pasiones y sus personajes van siempre al grano, destacando entre todos ellos Parker, el atracador, un tipo duro en el sentido más literal de la palabra, de esos que se dejan los escrúpulos en casa y no los echan en falta. Su primera novela como protagonista sería The Hunter, o la historia de cómo Parker decide saldar cuentas con aquellos que le traicionaron, dispararon y abandonaron al borde de la muerte; un argumento tan simple como universal que disfrutaría de dos versiones en la pantalla grande. La primera, estrenada en 1967 y titulada Point Blank, tendría a John Boorman tras la cámara y a un espléndido Lee Marvin como protagonista. Menos espléndido estaría Mel Gibson en Payback, la versión de 1999, que si bien resulta efectiva, le faltó un algo para estar a la altura de su predecesora.
Lo contrario que Darwyn Cooke, el actual portador del testigo.

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El tercer disco de Joanna Newsom venía precedido por un enorme secretismo por parte del sello Drag City, una labor promocional respetada por los medios que tenían una copia del nuevo disco y ninguna filtración en internet en formato descarga directa. Ha valido la pena dicha espera, el nuevo disco de nuestra musa favorita es una auténtica joya, en formato triple además.
Como en el cuento del patito feo, su voz ha crecido desde su sensacional debut The Milk-Eyed Mender, con ese componente de voz aniñada, al operístico y complejo Ys, repleto de majestuosos arreglos de Van Dyke Parks y a Have One On Me, que nos enseña una madurez en su voz que la acercaría, en esta metáfora, a la transformación en cisne de dicho cuento.
Además, nos entrega la evolución a un disco menos hermético, tomando un nuevo respiro gracias a la amplia instrumentación empleada en cada uno de los temas. Cada uno de sus fragmentos se aleja de la tradicional concepción de composición pop, como ya sucedía en Ys. A cada instante se revela un nuevo detalle, una sutil percusión, coros, vientos, banjo, mandolina, kora,… variedad mantenida durante los tres discos que componen esta nueva vuelta, número más pensado para el formato en vinilo. Toda esta labor, viene respaldada por Ryan Francesconi y Neal Morgan, componentes de la Ys Street Band. Y esta es la gran baza del album, una extensión natural de lo que suponía aquel Ep, donde brillaba la magnífica Colleen y respiraban nuevos aires las canciones de sus dos discos.
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Dos mujeres, dos estilos y un espacio. “Seeing is believing” es la última propuesta de la galería Camara Oscura (c/ Alameda, 16 – Madrid), una exposición colectiva que reúne el trabajo de la fotógrafa malagueña Noelia García Bandera y la británica Miranda Sharp, dos artistas con visiones opuestas de la realidad y una esencia compartida: la memoria.
Porque si la primera apuesta por la teatralización de la imagen para denunciar las carencias pasadas y presentes de nuestra sociedad, el discurso de la segunda se apoya en una naturaleza muerta que habla de tiempos pretendidamente mejores, en el fondo un producto de nuestra imaginación y nostalgia.
Ambas también tienen en común su predilección por la figura femenina y la evolución de sus roles en nuestra historia reciente, demostrando gran interés en esa herramienta educadora que es el hogar. Sin apologías y denuncias postizas, mostrando y dejando que el público saque sus propias conclusiones.
Ver para creer.

(c) Noelia García Bandera
(c) Miranda Sharp
Enlaces: Camara Oscura | Noelia García Bandera |Miranda Sharp
Del 080 dijimos muchas cosas: Hablamos del evento, de sus protagonistas, de los desfiles… pero nos dejamos en el tintero a sus ganadores. Entre ellos me gustaría hablaros de Karlota Laspalas, la diseñadora que con su colección Fade to Black se llevó el premio ex aequo a la mejor colección de hombre (compartiéndolo con Jan iú Més). Como el famoso recurso cinematográfico, su trabajo se mueve entre la luz de una paleta de colores crudos y la fuerza del negro absoluto; dos fuerzas en apariencia antagónicas que demuestran trabajar de maravilla en equipo. Karlota también apuesta por el volumen sin necesidad de renunciar a las formas clásicas, abundando las caídas largas y los cortes limpios. Su éxito está en la comodidad y en el hecho de que sus prendas sean tan masculinas como llevables.
De Karlota también puedo decir muchas cosas: Os puedo hablar de los premios que ya tiene en sus manos (Creamoda, Pasarela Abierta de Murcia…), de la larga lista de eventos en los que ha presentado sus colecciones y de los importantes diseñadores para los que ha trabajado de asistente (Manuel Bolaño y Boris Bidjan Saberi). Y si tenemos en cuenta que su anterior vocación era ser deportista profesional, no se me ocurre otra cosa que hablar de una meteórica carrera, con todo lo tópico que esto pueda llegar a sonar.
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SUNBURNED HAND OF THE MAN: A
Fire Escape (2008) fue la primera colaboración de Kieran Hebden (Four Tet) con este combo de folk psicodélico y motorykas improvisaciones, dando con un disco consistente que hacía brillar al sonido de la Sunburned, tan dada a entregar múltiples grabaciones cada año, ya sean autoediciones, grabaciones de directos o para pequeños sellos. A, supone el reverso de esta colaboración, ya que está más presente la personalidad de Four Tet que en la anterior entrega. Now Lift the Outer Finger esconde una improvisación nutrida de diferentes ruidos de gongs, rasgueos de guitarra y distintos sonidos manipulados, dotando de rareza a un corte meditativo como Apollo Wind o Alpha Beta Adam (ésta, casi Boards of Canada).
Pero el gran atractivo es la suma de todos estos sonidos que desfilan caprichosamente por el disco la batería de Moloney, que tan buenos resultados obtiene en A Red Rag to a Bull, Action Figure y, especialmente, en Loft at Sea, combinando reverberaciones dub y apuntes de techno y jazz. Un disco que les renueva el sonido y les da un oportuno empujón a los territorios donde habitan Excepter o Black Dice.

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YELLOW SWANS: Going Places
Hace dos años que anunciaron su separación y aún sigue saliendo material de estos señores, y casualmente, el que parece definitivamente su último disco, se convierte por derecho propio en el punto más equilibrado de su carrera, llena ésta de múltiples grabaciones en distintos formatos y sellos que les une a la tradición de incontinentes creadores de improvisaciones psicodélicas. El resultado se balancea entre Psychic Secession, que representa la vertiente de brutalidad en todo su esplendor, y la mayor contención y calma de At All Ends (peligrosa en todo caso). Foiled abre un disco compuesto de seis intensas grabaciones donde se filtra y limpia el devastador ruido a base de brillo ambient, que en ciertos momentos le hace compartir una atmósfera nostálgica cercana a los loops de la desintegración de William Basinski, como en la citada inicial, o con Lawrence English o Rossy Parlane en Sovereign y New Life. Otros a la épica, como en el final de Opt Out y cerrando con la devastación del titular Going Places, diez minutos de abstracción industrial en un disco imprescindible que sube aún más la cotización de culto de este grupo.

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Textos: Fran Martínez
La nueva película de Kathryn Bigelow es un filme bélico en el sentido más literal del término; despojado, pues, de cualquier posicionamiento ideológico, sociológico o metafísico, narra de forma directa e implacable la cotidianeidad de un grupo de artificieros estadounidenses en el Bagdad actual. Consecuentemente, carece de la perspectiva antimilitarista de obras como Senderos de gloria o La chaqueta metálica; del cuestionamiento político de la intervención armada norteamericana de Corazones de hierro o Redacted, o de la reflexión existencial de Apocalipsis now o La delgada línea roja. Sin embargo, es de agradecer que la directora no insulte la inteligencia del espectador y nos libre de una visión gloriosa o épica de la guerra. Muy al contrario, sus imágenes, nerviosas, sucias e inmediatistas, como las de un reportaje televisivo, constatan que el caos y el terror son el pan nuestro de cada día entre los soldados movilizados. Bigelow mantiene un discurso argumental coherente con el discurso visual, y, por tanto, ni justifica la contienda ni esquematiza a los personajes. Así, su principal protagonista, el sargento James (un excelente Jeremy Renner), es retratado como un ser complejo, tan heroico como patético, un adicto a la adrenalina que encuentra el verdadero sentido de su vida en el momento en que expone su integridad física, mientras que sus dos compañeros de brigada, el cabo Eldridge y el sargento Sanborn, encarnan sendas reacciones, más racionales y comunes, ante la diaria convivencia con las bombas: el primero es víctima de una tensión enfermiza, obsesionado con la idea de que hoy puede ser su último día, mientras que el sargento se aísla en una coraza de concentración, como si el desempeño eficiente de su trabajo le garantizase escapar de la muerte. Aunque sin duda se contemple con cierta admiración la conducta de los artificieros, ya que son personas que voluntariamente arriesgan sus vidas para salvar las de los demás, la cinta, sin desmerecer el coraje o el altruismo de estos profesionales, destaca especialmente la anormalidad de su comportamiento, esa búsqueda mórbida, oscura, del peligro.

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