Underdogs

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Ana Montiel y el caballero ficticio

Alan The Gallant es una de las ficciones más agradables que rondan por el mundo del diseño. Aunque podríamos estar hablando de un excéntrico aristócrata inglés, en realidad es el nombre del estudio dirigido por Ana Montiel, una joven diseñadora afincada en Barcelona que ha cautivado al público con sus heterogéneos trabajos y la marca neo ornamental Pattern Tales, de una repercusión tal que Topo Azul, uno de sus wallpapers más emblemáticos, apareció reseñado en el diario The New York Times. La cúspide de una montaña de buenas críticas y alguna que otra petición de entrevista al propio Alan, tal y como ha reconocido Ana en más de una ocasión. Sin proponérselo, el personaje se hizo con parte de su protagonismo.

Y aunque sería maravilloso que el distinguido y excéntrico Alan cobrara vida, nos conformaremos (y no es poco) con el buen gusto de Ana a la hora de diseñar para todo tipo de sectores. De su estudio han salido trabajos para grandes como L’Oréal y otras marcas de cosméticos, algunas discográficas y prometedores diseños de interiores y moda…, un amplio abanico de posibilidades en los que Ana pone toda su ilusión, talento y, muy importante, su curiosidad. Leer, navegar por internet y ver documentales suele ser una de sus fuentes, si no de inspiración, al menos de consolidación de ideas. Porque todo puede convertirse en arte y formar parte de una marca atemporal, colorista y rebosante de humanidad.

Enlaces: Alan The Gallant | Pattern Tales | Gallant Tales (Shop)

 

¡Es Thompson!

El dj y productor Thompson es el barcelonés Javier López García. Thompson ha sido uno de los tres españoles seleccionados por la Red Bull Music Academy entre unos 2500 djs de todo el mundo. Anteriormente publicó el Podcast 195 de Resident Advisor y fue elegido como cuarta mejor demo en Cataluña en 2009 por Mondo Sonoro. Además de ser dj y productor, Thompson también participa en proyectos paralelos como la banda Country/Punk/Rockabilly llamada Manny Rodríguez y las Honky Tonkys. Actualmente, trabaja en su primer EP, en el que busca plasmar sus principales influencias: el disco de la escuela DFA, el Detroit House y el jazz-funk.

En una sesión tuya como dj, recuerdo oír incluso al británico Jack Peñate entre tus mezclas. Resulta curioso ver por qué sectores musicales te puedes llegar a mover y que no te niegas a introducir temas pop. ¿Nos podrías decir con qué tipo de música te gusta trabajar cuando pinchas?

Me gusta unir los puntos entre varios estilos: jazz-funk, disco clásico, funk-boogie, el buen house en todas sus vertientes (el Chicaguero, el soulful, el deep, el primer french touch, el buen Strictly Rythm…). Pincho en una onda similar a Moodymann, Theo Parrish, Trus’Me o MCDE. También puedo hacer sesiones más pop o más electro, pero depende del lugar, la gente, etc.  Eso sí, respect para Jack Peñate, es un favorito.

Sabemos que has sido seleccionado recientemente para participar en la Red Bull Music Academy en Londres. ¿Qué ha significado para ti?

Ha sido una gran experiencia… He aprendido mucho gracias a la interacción con otros participantes y me ha aportado mucha seguridad en mí mismo. Es un lugar muy inspirador. Si pudiera repetiría el año que viene.

¿Cómo es un día normal en la Academia? ¿Alguna anécdota que nos quieras contar?

Cada día se realizan un par de lectures (una charla con algún dj, productor, músico, etc…). En mi término impartieron lectures artistas como Cluster, James Holden, Kode9, Don Letts, Joe Goddard de Hot Chip, Martyn, Norman Jay… Son muy interesantes. El resto del tiempo se dedica a producir en el estudio (muchas veces apoyado por los tutores, artistas como Marco Passarani, Dj Zinc o Todd Osborn) y a asistir a las fiestas que la Academia organiza cada día en clubs de la ciudad y en las que actuamos los participantes. Es muy intenso, cada día nos acostábamos a las cuatro o cinco de la mañana, porque después de las fiestas volvíamos al estudio…

El objetivo de la Academia es que surjan colaboraciones inusuales… Por ejemplo, Hudson Mohawke (uno de los tutores este año) hizo un glitch-reggaeton con el participante cubano, el participante brasileño tocó la guitarra en un tema techno del japonés, los Modeselektor vinieron una noche después de su directo a hacer una jam con los participantes… Cada día pasaban cosas así. Una locura.

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Ignacio Goitia: Escenas de Amor y Lujo

Si hay algo que hace fascinante a un artista como Ignacio Goitia es, aparte de su obra, el carácter con el que se enfrenta al mundo del arte. Su especialidad son los contrastes y el alejarse de los estereotipos, ofreciéndonos un universo pictórico que, más que un producto de su talento, es una extensión de sí mismo. Porque Ignacio Goitia puede llegar a ser tan barroco como sus obras, y a su vez, un referente vanguardista.

Nacido en el Bilbao de 1968, se le conoce por su exquisito gusto vistiendo y venderse como un dandy, un enamorado de las chaquetas de terciopelo, las botas de caña alta y los placeres refinados. Pero Ignacio Goitia es mucho más: Es un artista con una sólida carrera y unas filias estéticas fácilmente reconocibles (por no decir únicas). Sus cuadros son un preciosista paseo por otras épocas y su ampulosa arquitectura. Salones, bibliotecas, estancias…, una realidad palaciega habitada por elegantes caballeros, nobles damas y representantes de la ley y el ejército que se mueven entre baldosas de mármol con total naturalidad, como si siempre hubieran estado ahí o aguardaran el momento de ser inmortalizados por un artista como Ignacio.

Escenas de Amor y Lujo, un título que define a la perfección los lienzos de Ignacio Goitia, localizables hasta el 30 de abril en la galería Ángel Romero (San Pedro, 5 – Madrid).

Imagen (c) Ignacio Goitia
Enlace
: Web Oficial

 

Caribou: Swim

Me puedo imaginar a Dan Snaith sentado delante de los capos de Merge exigiéndoles que su disco fuera publicado al inicio de la primavera. En cuatro minutos, quedaron plenamente convencidos de tal idea por el arranque de Odessa, canción de adelanto de un álbum que nos dejó groguis al instante por su jovial aire despreocupado y por contener en todo su esplendor el cruce de la extravagancia psicodélica de Snaith, recurrente desde que dejó atrás la electrónica indie de su primer álbum como Manitoba, unida al toque «pop electrónico» de Hot Chip, ese tono cercano a Erlend Oye bajo el alias de The Whistest Boy Alive y al caleidoscópico sonido del sampleo exótico característico de Panda Bear. Desde el primer momento, candidato a uno de los mejores singles para este año.

Este espectro colorido permanece durante el recorrido que Swim, una concreción al tecno pop de Andorra (2007), ofrece. Refinado con los toques de producción Jeremy Greenspan de Junior Boys y algunos amigos como Koushik o Kieran Hebden (Four Tet), músico con el cual siempre ha compartido en sus discos el gusto por unas percusiones llenas de groove.

El disco no se escapa de su habitual barra libre de géneros musicales y, ya que he nombrado el trabajo en la producción de Greenspan, citar Found Out como ejemplo de canción de corte cercano a Junior Boys si estos hubieran sentido una fijación mayor por los Zombies (comentario que para algún purista de los sesenta puede resultar absurdo, es lo que tienen los puristas). En otros momentos, parece cobijarse en Kompakt con Bowls. Concretando más, a otro amante del sonido de las campanas dentro del minimal: Phanta Du Prince (no hubiera desentonado nada en ninguno de sus trabajos); Gui Boratto mataría por ella igualmente.

No puede faltar el peaje kraut, para entregar esta vez un hit instantáneo como Leave House, que amplía la silueta de Dan Snaith dentro de un disco que se hace ameno y entretenido en sucesivas escuchas por ese minucioso trabajo de descubrimiento de sonidos encerrados: ese toque de estar como un cencerro en la mutación de Hannibal, versión dance de los Flaming Lips; y el final de Jamelia, pequeña odisea pop con la colaboración de Luke Lalonde (Born Ruffians).

A veces pienso que Disco Inferno deberían ser mencionados como los futuristas más grandes de la generación indie. D.I. Go Pop se traslada a Dan Snaith Goes Dance. Puede sonar menos trascendente y más etéreo, pero hay concordancias.

Le ha salido bien la jugada al bueno de Snaith. Supongo que tendrá ganas de divertirse durante su gira ofreciendo un directo que se acerca a parámetros de pista de baile. Aún hay que recordar aquellos conciertos de hace ya bastantes años, donde iba con su careta de conejo y acompañado por dos baterías. Y, ¡joder!, hemos pasado un invierno algo más frío de lo habitual. Tengo ganas de repetir tantas veces como él hace en Sun y que predominen los días soleados, las ganas de camiseta de manga corta y de terraceo con birras. Abrid las ventanas ya y sumergiros en la de Caribou.

 

Meritxell Seva: Arte en la piel

La historia del maquillaje es la de un mundo invisible, una realidad de múltiples capas que va más allá del simple embellecimiento personal. Y aunque reconozco que soy de los que se quedaron en los primeros estratos, quise subsanar el error entrevistando a Meritxell Seva, profesional del maquillaje y guía de excepción en este artístico viaje. Porque la cosa va de arte, de una necesidad que le condujo a su actual vocación: «Consumía cine, literatura, arte en general… y me sentía como un sujeto pasivo ante estas disciplinas. No encontraba el camino para desarrollarme creativamente, aunque confiaba en que ese momento llegaría, que explotaría». Y lo hizo cinco años atrás, casi por casualidad. Antes lo había intentado con otros oficios (la fotografía, por ejemplo), pero «si no me llamó lo suficiente como para dar el primer paso y ponerme a estudiar, es que en el fondo no era lo mío. Había pasión, pero no la necesaria». El momento llegó cuando «una chica que conocíamos le pidió unas fotos a Óscar (su pareja y fotógrafo profesional) y dejó que yo me encargara del maquillaje, la peluquería y el estilismo. Se puso en mis manos, y tras la sesión, al regresar a casa, dije: He tenido una revelación».

Por muy claro que lo tuviera, llevó el descubrimiento con cierta prudencia, no fuera todo un producto de la pasión del momento. Decidió apuntarse a un mini curso de maquillaje, por curiosidad, sin mayores pretensiones, y al completarlo a finales de 2005 no necesitó más pruebas. Desde entonces su entusiasmo ha ido en crescendo.

En cuanto a formación, «lo clásico es hacer un curso lectivo de maquillaje integral y luego especializarse, como por ejemplo, con los efectos especiales o la peluquería para maquilladores. Como cualquier otra formación, es infinita y siempre tienes que estar en “modo esponja”, abierto a aprender y seguir formándote, ya sea asistiendo a presentaciones de productos o, simplemente, ver como maquillan otros».

Y respecto a esos productos, el mundo del maquillaje se ha vuelto cada día más sofisticado, «la evolución ha sido muy rápida, vas viendo que todas las marcas profesionales se ponen las pilas, en concreto con los maquillajes high definition, pensados para el cine y la televisión. No es lo mismo el maquillaje diario que el usado en una sesión fotográfica, donde, a simple vista, puede parecer que la cantidad de producto es excesiva. La gente no tiene en cuenta que el flash y los focos se comen parte de esa capa».

La necesidad de estar al día también se convierte en un desafío adicional. Acompañando a Meritxell a Gòtic (c/ Comtessa Sobradiel 6), un veterano establecimiento barcelonés dedicado al maquillaje, pude comprobar el amplio catálogo que los profesionales tienen a su disposición. La propia Meritxell está metida de lleno en la promoción de una de esas marcas, en concreto Annemarie Borlind, conocida por su calidad y compromiso medioambiental.

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