Underdogs
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Salto de Pulga

Salto de Pulga hace honor a su nombre con tremendos brincos de calidad entre sus obras. El último, aparecido el pasado enero, recibe el nombre de Moonlight Shadow, una colección elegante y preciosista que sigue apostando por el mundo animal, el mismo que tan buenos resultados diera en Zoolatría. Si en aquella ocasión sus colgantes contenían la iconografía y romanticismo de un libro de ciencias antiguo, en el presente han querido ir más allá recurriendo a imágenes animales creadas a partir de manos, las mismas que nos encandilarían en un teatro de sombras.
Pero Moonlight Shadow es, ante todo, una edición especial, y como tal no escatima en detalles únicos. Cada uno de los ejemplares está numerado, firmado y presentado en una caja de dos piezas, una delicatesen para coleccionistas.

En el fondo no sorprende. Los trabajos de Salto de Pulga siempre son impecables. Atrás quedan colecciones como Mirando al pajarito, formada por minúsculas versiones de cámaras fotográficas; Souvenirs de la Tierra, las más vistosa y rabiosamente pop; y Las Criaturas, compuesta por una familia de personajes entre monstruosos y adorables.

Factura meticulosa y magia artesanal.

Enlaces: Web | Tienda Online

 

Palabra y Música ’10

Parece que España se está despertando al spoken word. Y eso es bueno, porque no es una disciplina nueva. En Estados Unidos lleva, oficialmente, más de veinte años en activo. Oficialmente porque su historia tiene unos orígenes más profundos y discurre paralela a las tradiciones musicales y orales afroamericanas, las mismas que engendraron géneros tan emblemáticos como el hip hop. Pero el spoken word es algo más que música, es poesía escenificada, una comunión emocional entre el narrador y su público que tendremos la oportunidad de disfrutar del 25 al 28 de marzo dentro de un festival que alcanza en este 2010 su 6ª edición: El ‘Palabra y Música’.

Y como evento ya maduro, en su cartel podemos encontrar auténticos pesos pesados de la literatura y el espectáculo, como la británica Molly Naylor, que presentará los poemas de su más reciente obra teatral Whenever I Get Blown Up I Think Of You, en los que explicará cómo llegaron a afectarle los atentados del 7 de julio de 2005 en Londres. El también inglés Jonathan Cole, aparte de dar una charla, actuará en compañía del grupo The High Llamas. Cole, escritor y periodista, es una de las figuras más relevantes de la presente literatura británica, comparado con otros cronistas de la sociedad actual como Irvine Welsh o Nick Hornby.

Antonello Faretta hablará de su Nine Poems in Basilicata, un documental en el que el contracultural John Giorno da vida a nueve de sus poemas en la campiña italiana donde su familia vivió antes de emigrar a los Estados Unidos. La proyección del filme mostrará la potencial conexión poética con el mundo audiovisual, algo parecido a lo que nos mostrará la compañía de danza Mariantònia Oliver, que presentará La paraula i els peus nus, un espectáculo que, inspirado en textos poéticos de autores baleares, ahondará, entre variados temas, en la identidad y la construcción del lenguaje verbal y no verbal.

Dejo para el final el plato fuerte del festival, el triunvirato formado por Tony Shanahan, Lenny Kaye y Patti Smith. De ella no sabría decir nada más bueno de lo que ya ha demostrado en sus casi cuatro décadas en la industria musical; de sus compañeros, comentar que son unos músicos excelentes e idóneos para este espectáculo que se estrenará en el propio Palabra y Música. De Shanahan en concreto añadiré que colaboró en los setenta con John Cale y la Velvet para formar más tarde su propio grupo: The Boogles.

Eminencias a un lado, el Palabra y Música se consolida como uno de los festivales culturales más importantes del país y claro ejemplo a seguir si aumentan las iniciativas derivadas del spoken word.

Enlace: Palabra y Música 10

 

Los hombres que miraban fijamente a las cabras: El retorno de los Jedis

Ya lo dice un famoso verso del Poema del Mío Cid: “Dios que buen vassallo si oviesse buen sennor”. O con un lenguaje menos medieval: un material tan complejo y atractivo como el contenido en el ensayo Los hombres que miraban fijamente a las cabras del periodista británico Jon Ronson –que él mismo se encargó de convertir en un documental de tres episodios para Channel 4, Crazy rulers of the World– merecía un maestro de la comedia negra tras las cámaras.

Por desgracia, su adaptación fílmica es el vehículo de debut en el largometraje del actor Grant Heslov, quien, pese a haber dirigido anteriormente un corto y varios episodios televisivos, denota una clara inexperiencia para manejar los tempos del relato, tan vitales en una comedia, de manera que no le da a las situaciones humorísticas el enfoque requerido, el espacio suficiente para respirar, para ascender, para eclosionar, no les dota del ritmo que propicie la anticipación jocosa y su llegada a un clímax de hilaridad. Así, momentos muy ingeniosos como el adiestramiento de Clooney hacia un patidifuso McGregor pierden gran parte de su potencial a base de planos mal elegidos y de una visión impersonal y meliflua sobre lo narrado. Con todo, si a pesar de sus carencias el visionado de la cinta transcurre con agrado, es debido seguramente a las excelencias del material de partida y al carisma de su elenco, un grupo de actores que, con absoluta honestidad y lucidez, se autoparodian al asumir deformaciones cómicas de los roles que les han hecho más famosos entre el gran público –véase a Kevin Spacey de villano inteligente y retorcido; a Jeff Bridges en un remedo de su inolvidable El Nota; a Ewan McGregor como aprendiz de caballero Jedi (sic)… –. Su presencia y sus dotes para la comedia subsanan las limitaciones de una dirección incapaz de aprovechar la ironía de algunos de los pasajes de Peter Straughan, quien adapta el libro de Ronson bajo una premisa que, hasta cierto punto, rebaja gran parte de su efectividad. Me refiero a la decisión de convertir un texto no ficcional, inspirado en testimonios y documentos reales, en una pieza de contenido novelesco, articulada en torno a una leve trama de intriga, esto es, los descubrimientos que lleva a cabo el joven periodista Bob Wilton (McGregor) al topar por casualidad con el entrañable Lyn Cassady (Clooney), ex miembro de un antiguo cuerpo secreto del ejército estadounidense dedicado a unas extrañas tácticas de combate. Evidentemente, semejante transformación discursiva responde tanto al deseo de dar unicidad a la heterogeneidad de elementos que contiene toda investigación periodística como a la voluntad de acercar a una audiencia masiva una historia con grandes dosis de crítica política y sociológica, y de comicidad marciana y surrealista. El saldo global de ello, por lo demás una cinta relativamente entretenida, bienintencionada y simpática, con incluso alguna secuencia resultona (v. gr. el enfrentamiento en la gasolinera), es la constatación de que forma y fondo están perfilados a medio gas.

En cualquier caso, lo que más destaca del filme es su mensaje de fondo, la visión negativa sobre el vergonzoso papel jugado por Estados Unidos en la instigación de la Guerra de Irak; una guerra cruenta e innecesaria –si es que existen guerras que no lo sean–, promovida por intereses descaradamente económicos. Dicha temática enlaza con el pensamiento liberal norteamericano, que en la última década tiene a Clooney (no por casualidad, productor de la película) como uno de sus estandartes. Que desde Hollywood se critique la política de su gobierno siempre es de agradecer, aunque Los hombres que miraban fijamente a las cabras peca de un didactismo progresista en exceso infantil y obvio. Sin embargo, merece la pena soportar la edulcorada y banal visión que a la postre da la obra (hecha, tengámoslo en cuenta, para el público medio americano, de perfil adolescente) para quedarnos con su idealista conclusión: si el planeta es como es, un lugar en el que las personas actuamos, vivimos, morimos y casi sentimos y pensamos según unas reglas que nos imponen los poderosos, revelarse es un deber humano y ético. Tal vez no cambiemos nada; tal vez seamos ingenuos; pero, como dice el personaje de Ewan McGregor, “hoy, más que nunca, el mundo necesita caballeros Jedi.” Ahí queda dicho.

Texto: Elisenda N. Frisach

 

El viaje de Juan Axato

Los antiguos romanos llamaban a Lora del Río «Axati», nombre del que surge el pseudónimo de nuestro entrevistado, un excelente pintor que navega por entre las aguas de la perfección artística como un Ulises contemporáneo.

Juan Axato se dirige a Ítaca sabiendo que el placer está en el viaje, no en el destino.

¿Cómo se inicia tu viaje en el mundo del arte?

Mi viaje en el mundo del arte se inicia prácticamente desde la niñez. Mi familia es una familia muy humilde, pero al mismo tiempo interesada por la cultura y, en casa siempre hubo reproducciones de cuadros de antiguos maestros a la vista de todos. Uno de mis primeros recuerdos es: mi madre ayudándome a dibujar la cabeza del Cristo de Velázquez.

También, una tía mía, Ana, había estudiado Magisterio y Bellas Artes, e influyó de manera decisoria en mi predilección por el dibujo y la pintura. Todo esto, unido al gran patio interior de la casa de mis padres, con un suelo de tierra, una auténtica tentación para que un niño acabe de barro hasta la cabeza; allí pasaba horas y horas jugando, modelando y dando rienda suelta a la imaginación y, liando algunas trastadas, por supuesto. Una vez, llegué a construir un anfiteatro romano con ladrillos viejos para mis valientes gladiadores de plástico de una conocida marca de juguetes; tuvo que ser demolido apresuradamente por orden imperial de mi madre, jeje. ¡Una lástima!

Con esto, te quiero resaltar que los primeros años de vida son importantísimos y transcendentales para el viaje que vamos a emprender a lo largo de nuestra futura vida. Después de estos años uno puede estudiar en el colegio, clases de pintura, Bellas Artes, exponer, etc…, como hice yo, pero en definitiva, pienso que lo que vemos desde pequeños es fundamental para el devenir. Tuve mucha suerte en mi infancia, modesta, sí, sin lujos ni caprichos, pero mucha suerte y, por ello doy gracias todos los días.

¿Y por qué te decidiste por el informalismo y la abstracción lírica?

No creo necesariamente en los -ismos pero, tal vez, en lo que sí crea, con ferviente devoción, sea en una extensión en el espacio-tiempo de ese patio del que te hablaba antes y, no cabe duda, dentro del informalismo y la abstracción lírica hay rasgos de ese lugar. La materia, la tierra, el barro,  las grandes manchas de color, la madera herida y fatigada por el paso del tiempo, la herrumbre, los óxidos, los tonos degradados y fundidos sensiblemente, los objetos antiquísimos abandonados, me llamaron la atención desde niño. Y como un niño intento disfrutar de estas características y cualidades. Allí, en ese patio, estaba y está, para mí, todo un universo artístico. Y es allí donde te puedes maravillar de todo, incluso de las texturas de una, aparentemente, simple piedra. Allí es donde puedes soñar e, incluso, jugar a ser un dios creador… Sí, creo que me he decidido por ese patio, llamado Universo.

Uno de tus principales objetivos es la perfecta fusión entre las tendencias orgánica y geométrica. ¿Lo crees posible? ¿Cómo de cerca está tu obra de esa meta?

A un profesor de fotografía, con nuestra bisoñez (a mí me perseguirá toda la vida), le interrogamos en una clase una vez: ¿ Existe la fotografía perfecta? «No», dijo tajantemente… «Pero, ¡y lo bien que nos lo pasamos intentando encontrarla!», concretó.
No creo que exista la perfección en este mundo, al menos, si no, no estaríamos aquí. Sí puedo intentar creer en la fusión de estas dos tendencias, pero no perfecta. O tal vez sí, no lo sé todavía. Quizás trate de encontrarla tomando el ejemplo de mi profesor de fotografía.

En definitiva, lo que quiero decir es que podemos usar el Arte como mascarón de proa, entre otras muchas cosas, para iniciar un incesante navegar, así, como los antiguos descubridores en pos de lo desconocido, hacia eso que llamamos perfección y que no sabemos a ciencia cierta lo que es. Y en ese viaje, puede o no, que encontremos la ansiada quimera pero, por otro lado, podemos toparnos con distintos maravillosos tesoros de incalculable valor. Es un capítulo más de la aventura del saber y del conocimiento.
No sé si estoy cerca o lejos de encontrar la meta, lo que sí es seguro, parafraseando a Renoir, es que si la hubiera encontrado, dejaría de pintar o pintaría otra cosa. En Arte, probablemente, la meta sea el recorrido.

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Karteristas somos todos

Tan importante como tener un buen producto es saber venderlo, y cuando las fórmulas convencionales no bastan, es el turno de la innovación. Reyes Sedano quería que sus fotos llegaran al gran público y tuvo la acertada ocurrencia de estamparlas en una línea de carteras, monederos y cinturones, matando así dos pájaros artísticos de un tiro.

El invento se llama Karteristas y su mensaje es tan práctico como directo, una historia de urinarios en las billeteras, paisajes urbanos en monederos y la posibilidad de, si lo que buscas no está en su catálogo, hacerlo a tu gusto. Todo es posible para estos Karteristas preocupados en llenar nuestros bolsillos de arte.

Enlace: Karteristas

 

Familias modernas

Modern Family es, bajo mi punto de vista, la mejor sit-com familiar que se ha hecho desde Matrimonio con Hijos. Curiosamente, ambas comparten uno de sus protagonistas, aunque con unos cuantos años y kilos más, y bastante pelo menos.

Modern Family es, sobre todo, rabiosamente divertida. Siempre piensas que el último capítulo va a ser insuperable… Pero no, llega el siguiente y es ¡todavía mejor!

A partir de un planteamiento relativamente sencillo: tres parejas de dos generaciones diferentes, emparentadas entre ellas, nos explican su día a día (directamente, a la cámara); se llegan a vivir situaciones y momentos absolutamente rocambolescos, a la par que realistas, emotivos y divertidos, cosa nada fácil de hacer, la verdad.

El argumento de fondo viene a ser el siguiente: Jay (el padre viejuno y forrado) y Gloria (su novia colombiana-cañón), con su hijo Manny, la joya de la corona de la serie (un niño gordito y con más edad mental que todo el resto de personajes juntos); Claire (la hija, animadora en el instituto y madre de casa amantísima de sus hijos a día de hoy) y su marido Phil (si es más tonto, no nace), junto a sus tres hijos: Haley (guapa y tonta, con más de los segundo que de lo primero), Alex (lista listísima) y Luke (inocente y tontorrón a partes iguales). Y, por último, la pareja gay formada por Mitchell (el hijo, abogado, guapote, inseguro y neurótico) y su husband Cameron (toda una reinona con bastante sentido común… a veces), que han adoptado a su hija Lily (una chinita monísima). A partir de aquí, cualquier cosa es posible… Desde bodas latinas en el comedor de tu casa hasta robar bicis por equivocación, quedarte enganchada en una escalera mecánica con tu abrigo como única prenda de ropa, niños que dan lecciones de vida a padres y mil situaciones más…

Están casi acabando la primera temporada, así que yo me pondría ya manos a la obra…

Texto: Noelia Aparicio

 

Agenda

  • Sevilla: Joaquín Cociña, “Fantasmas” en AJG Art Gallery
    21 mayo 2012 | 13:00

    La AJG Contemporary Art Gallery presentaba el pasado 11 de mayo la primera exposición individual en Espala del artista chilencio Joaquín Cociña (Concepción, 1980), una colección de obras divididas en dos series titulada Fantasmas, unos notables trabajos en carboncillo, herramienta vinculada por tradición a las obras abocetadas y que, en sus manos, adquiere una trascendencia [...]

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