Los antiguos romanos llamaban a Lora del Río «Axati», nombre del que surge el pseudónimo de nuestro entrevistado, un excelente pintor que navega por entre las aguas de la perfección artística como un Ulises contemporáneo.
Juan Axato se dirige a Ítaca sabiendo que el placer está en el viaje, no en el destino.
¿Cómo se inicia tu viaje en el mundo del arte?
Mi viaje en el mundo del arte se inicia prácticamente desde la niñez. Mi familia es una familia muy humilde, pero al mismo tiempo interesada por la cultura y, en casa siempre hubo reproducciones de cuadros de antiguos maestros a la vista de todos. Uno de mis primeros recuerdos es: mi madre ayudándome a dibujar la cabeza del Cristo de Velázquez.
También, una tía mía, Ana, había estudiado Magisterio y Bellas Artes, e influyó de manera decisoria en mi predilección por el dibujo y la pintura. Todo esto, unido al gran patio interior de la casa de mis padres, con un suelo de tierra, una auténtica tentación para que un niño acabe de barro hasta la cabeza; allí pasaba horas y horas jugando, modelando y dando rienda suelta a la imaginación y, liando algunas trastadas, por supuesto. Una vez, llegué a construir un anfiteatro romano con ladrillos viejos para mis valientes gladiadores de plástico de una conocida marca de juguetes; tuvo que ser demolido apresuradamente por orden imperial de mi madre, jeje. ¡Una lástima!
Con esto, te quiero resaltar que los primeros años de vida son importantísimos y transcendentales para el viaje que vamos a emprender a lo largo de nuestra futura vida. Después de estos años uno puede estudiar en el colegio, clases de pintura, Bellas Artes, exponer, etc…, como hice yo, pero en definitiva, pienso que lo que vemos desde pequeños es fundamental para el devenir. Tuve mucha suerte en mi infancia, modesta, sí, sin lujos ni caprichos, pero mucha suerte y, por ello doy gracias todos los días.

¿Y por qué te decidiste por el informalismo y la abstracción lírica?
No creo necesariamente en los -ismos pero, tal vez, en lo que sí crea, con ferviente devoción, sea en una extensión en el espacio-tiempo de ese patio del que te hablaba antes y, no cabe duda, dentro del informalismo y la abstracción lírica hay rasgos de ese lugar. La materia, la tierra, el barro, las grandes manchas de color, la madera herida y fatigada por el paso del tiempo, la herrumbre, los óxidos, los tonos degradados y fundidos sensiblemente, los objetos antiquísimos abandonados, me llamaron la atención desde niño. Y como un niño intento disfrutar de estas características y cualidades. Allí, en ese patio, estaba y está, para mí, todo un universo artístico. Y es allí donde te puedes maravillar de todo, incluso de las texturas de una, aparentemente, simple piedra. Allí es donde puedes soñar e, incluso, jugar a ser un dios creador… Sí, creo que me he decidido por ese patio, llamado Universo.
Uno de tus principales objetivos es la perfecta fusión entre las tendencias orgánica y geométrica. ¿Lo crees posible? ¿Cómo de cerca está tu obra de esa meta?
A un profesor de fotografía, con nuestra bisoñez (a mí me perseguirá toda la vida), le interrogamos en una clase una vez: ¿ Existe la fotografía perfecta? «No», dijo tajantemente… «Pero, ¡y lo bien que nos lo pasamos intentando encontrarla!», concretó.
No creo que exista la perfección en este mundo, al menos, si no, no estaríamos aquí. Sí puedo intentar creer en la fusión de estas dos tendencias, pero no perfecta. O tal vez sí, no lo sé todavía. Quizás trate de encontrarla tomando el ejemplo de mi profesor de fotografía.
En definitiva, lo que quiero decir es que podemos usar el Arte como mascarón de proa, entre otras muchas cosas, para iniciar un incesante navegar, así, como los antiguos descubridores en pos de lo desconocido, hacia eso que llamamos perfección y que no sabemos a ciencia cierta lo que es. Y en ese viaje, puede o no, que encontremos la ansiada quimera pero, por otro lado, podemos toparnos con distintos maravillosos tesoros de incalculable valor. Es un capítulo más de la aventura del saber y del conocimiento.
No sé si estoy cerca o lejos de encontrar la meta, lo que sí es seguro, parafraseando a Renoir, es que si la hubiera encontrado, dejaría de pintar o pintaría otra cosa. En Arte, probablemente, la meta sea el recorrido.
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