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Las Coleccionistas: fotografía con mayúsculas

Por Patricia Raventós

Ellas son Las Coleccionistas. Y no, no me refiero a la película de Rohmer, de lo que hablo es de un estudio que se llama Las Coleccionistas, nacido y crecido en Barcelona, donde poco a poco (y con muy buena letra) se está abriendo camino en un ámbito tan complicado hoy en día como es el de la fotografía profesional.

Este pequeño pero a la vez muy productivo estudio, nunca hubiera visto la luz si sus dos miembros, Núria y María, no se hubieran conocido una tarde en un aula de la escuela EMAV de Barcelona “iluminando bodegones de fuet, vinos y frutas exóticas, donde entre banquete y banquete surgió la amistad. Aunque lo que nos acabó de unir fue el impacto de un camión, un accidente que nos proyectó a las alturas y nos hizo perder el vértigo.”


Como todo hijo de vecino, tanto Núria como María acumulan a sus espaldas conjuntos independientes de conocimientos y vivencias y, en su caso, la intersección de esos conjuntos ha sido lo que ha formado lo que hoy en día es su trabajo y principal ilusión: Las Coleccionistas. La idea de construir y trabajar en algo propiamente suyo surgió después de su regreso “a casa” tras una temporada fuera de Barcelona, que llevó a Núria a Edimburgo y a María a Estrasburgo, ciudades en las que vivieron  “un periodo de reflexión revelador e inspirador. Descubrimos la fotografía como un proceso subjetivo a través del cuál exploramos esos nuevos paisajes, climas e interiores que se desplegaban como un nuevo arsenal de experiencias. La cámara nos ayudó a conectar con un nuevo cotidiano. La fotografía se convirtió en nuestra manera de asimilar las vivencias y de repensar lo aprendido.” Fue precisamente a partir de estas experiencias vitales cuando reunieron el valor necesario para arriesgarse y crear de la nada su propio estudio de fotografía: “La vuelta a casa fue una reconquista de nuestro mundo y de repente tuvimos muchas ganas de fotografiar lo cercano. Casi por inercia volvimos a pensar proyectos juntas sin saber muy bien hacia donde íbamos ni que forma acabaría teniendo todo. Lo único que teníamos claro es que queríamos dedicarnos a hacer fotografías.”

Con un trabajo totalmente polivalente en cuanto a contenido y un estilo cálido y delicado, a Las Coleccionistas les interesan las historias, “las escenas que se suceden, las pausas y los entreactos. Los márgenes de los escenarios. Y todo lo que pasa después y antes de la acción”. No son pocos los clientes que han confiado en ellas ni los trabajos que han desarrollado con éxito: han trabajado en el ámbito de la publicidad con agencias como Double You y Emeyele; para empresas muy diferentes entre ellas, como Evax, Liberty Seguros, Avant Grup, UAB, Angle Editorial, Hormigas Lejanas (Warner España) y recientemente Envialia. Todo esto sin olvidar tampoco su incursión en el sector de la moda, como los trabajos para Nodomoda y la tienda Boo y sus editoriales para los diseñadores locales Anaoana, Olyva y Tiralahilacha, varias de las cuales han sido publicadas por diversas revistas conocidas del sector.

Además de sus trabajos por encargo, no habría que olvidar (ni mucho menos) los trabajos que han desarrollado por propia motivación en los que se permiten el lujo de crear algo más personal y particular, tales como la serie de fotografías Personne, un proyecto muy original y de desarrollo a largo plazo dónde se busca “la idea de identidad relacionada con imagen pública y la idea de ciudad como escenario donde mantener el anonimato”; y sus bonitas y temáticas (a mí me encantan las de Error) colecciones de libretas “como manera de ampliar la aplicación de la fotografía, relacionándola con los objetos de la vida diaria, porque nos gusta que la fotografía sea palpable, se pueda tocar y note el paso del tiempo.”

La historia de este estudio y estas dos fotógrafas que un día tuvieron el sueño de dedicarse a lo que más les gusta sin depender de nadie nos hace albergar esperanzas al ver que con mucho trabajo, cariño y dedicación un pequeño gran proyecto puede abrirse paso y dar sus frutos, aún y estando dentro de este mundo globalizado y lleno de gigantes depredadores del pequeño negocio. ¡Muchas felicidades por vuestro trabajo, Coleccionistas!

Enlaces: Web | Blog | Etsy

 

Bibian Blue

Por Bill Jiménez

Pese a llevar años entre nosotros, el corsé ha sabido capear la tormenta de las tendencias y mostrarse como una prenda difícil de adulterar por la moda. Vestir un corsé es una auténtica declaración de actitud y principios, una prenda que aúna funcionalidad y sensualidad y que tiene en la diseñadora Bibian Blue una excelente promotora.

Diez años en el diseño te permiten conocer a la perfección los gustos de la gente y crear un referente fácilmente exportable a otros países, siendo la escena vintage y burlesque del nuestro la que más debe a los diseños de esta creadora. Sus influencias son muchas, todas las vanguardias aportan algo a su trabajo, lo importante es mantenerse fiel a unas directrices muy definidas: despojar a este tipo de pieza de ese halo de exclusividad que las ha caracterizado durante años y convertirla en una prenda económica, original y de calidad.

Pero Bibian Blue como línea no se limita a los corsés, en su catálogo también se pueden encontrar prendas de inspiración pin-up, vestidos casual y hasta de novia, todos ellos femeninos, glamurosos y con un toque avant-garde que cautiva a clientes de todas las edades y sectores (música, cine, espectáculo…), una apuesta segura e, sobre todo, irresistible.

Enlace: Web

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Un ladrón en la montaña

Por Bill Jiménez

The Mountain Thief es una de esas propuestas que no dejan indiferente. Aunque a nivel técnico e interpretativo presente ciertas carencias, el principal objetivo de este filme, la denuncia, aprueba con notable presentándonos uno de los escenarios más crueles jamás engendrados por la civilización moderna: las montañas de basura de Payatas, Filipinas. Considerada la mayor ciudad vertedero del mundo (terrible denominación), fue a convertirse en la inspiración del director Gerry Balasta, de origen filipino y residencia estadounidense.

Y aunque siempre le gustara contar historias, hasta no hace mucho era terapeuta ocupacional y educador de niños con discapacidades, un oficio que cambió por el de realizador y guionista tras un periodo de formación en la Universidad de New York. Allí se sentaron las bases de un estilo que el mismo artista reconoce influenciado por Kurosawa, Iñárritu y Meirelles, basado en una narrativa poderosa, de imágenes impactantes e historias que hablen de la condición humana.

Tras The Mountain Thief hay una contradicción emocional, porque, pese a lo perturbador de de rodearse de basura, el amor por la vida presente en los locales prevalece sobre cualquier sentimiento negativo, siendo la suya una constante pugna entre la desesperación y la esperanza.

Y de ellas saldrán las desventuras de Julio y su hijo discapacitado Ingo, que atrapados por la necesidad llegarán a Payatas buscando un futuro. Allí encontrarán lo contrario, una realidad recolectando basura, la misma que malvenden con la esperanza de sacarse unas monedas para, como mínimo, comer ese día. La situación se complicará aún más cuando, derivado de un asalto sexual, un habitante del pueblo muere asesinado y las autoridades acusan a Julio del delito. El único testigo que podría exculparlo no quiere ensuciarse las manos con los problemas de sus vecinos, desatando un drama desproporcionado.

Para la realización de The Mountain Thief, Balasta imitó la fórmula de Meirelles en Ciudad de Dios, aunque los resultados se alejan de los obtenidos por el brasileño. En parte por las dificultades que encontró durante el rodaje, como enfrentarse a las hostiles montañas de basura; la dificultad para retener a los actores, que pese a contar con un sueldo, no podían renunciar a la rutina que les permitía sobrevivir; y la búsqueda de un candidato para el papel de Ingo. Su ceguera lo hacía difícil, pero finalmente se solucionó con el joven Richard Casas, que pese a sus discapacidades, demostró un enorme talento y ser la sorpresa de la película.

De este entorno hostil surgió una película que el propio Balasta presentará dentro de la sección «Emergentes» del Festival de Cine Asiático de Barcelona, que este año afrontará su doceava edición con un programa que supera en muchos aspectos a los de anteriores ediciones. Aunque ya habrá tiempo de hablar de ello en próximas entradas.

Enlaces: BAFF | The Mountain Thief

 

Prins Thomas

Por Fran Martínez

Parecen lejanos aquellos días en los que se hablaba en distintas webs y revistas de un género llamado space disco, donde relucían los nombres de los reyes nórdicos del mambo cósmico Lindstrom y Prins Thomas. Estilo, al que le declaramos todos amor a raíz del hit I Feel Space de Lindstrom y las innumerables remezclas cósmicas del bueno de Thomas (más que los gritos de horror vomitivo demonizado que produce Belén Esteban), unidas a las de Ewan Pearson, Maurice Fulton, Rub n Tug, Emperor Machine, Invisible Conga People y su Cable Dazed, el sello Permanent Vacation, Italians Do It Better, Todd Terje…

Este escapismo ha impregnado a la música más dispar de la pasada década. Tenemos el ejemplo del dubstep que tomaba referencia a Basic Channel con Deepchord y sus ecos infinitos, al drone metal que creaba monstruosas descargas eléctricas con un enfoque ambiental minimalista, el chill wave de última época con Toro y Moi o Washed Out, la idm más nostálgica impregnando el dubstep, el ingente séquito de músicos apoyados en el prog y el krautrock de los 70 donde reinaban los sintetizadores, la ensoñadora repetición minimalista y la electrónica vintage que impregna al sello Ghost Box.

Mientras todo esto pasaba, el bueno de Prins Thomas editó innumerables remezclas, cada una de ellas reverenciada y perseguida en el momento de lanzamiento; fundó su sello Full Pupp y sacó dos grandes discos con su buen amigo Lindstrom. Para su debut, ha decidido continuar con este traje y entregar una hora de jams cósmicas donde dejarnos volar en espirales sónicas que evocan estilos añejos, olvidados o tal vez perdidos. Todo este letargo creado por una maraña de sintetizadores y reverberaciones, tiene un contrapunto en base rítmica y el gusto de Prins Thomas por el tono orgánico en sus composiciones. Basta con dejarse llevar con Slangemusikk, tararear con la final Attiatte, poner gafas de sol para los destellos de la bola de luces de sala de baile un sábado noche con Wendy not Walter o pedir la nacionalidad germana al encerrarte en Sauerkraut.

En contrapartida, se hace un disco demasiado homogéneo aunque, en líneas generales, satisfactorio para todos aquellos que sientan amor por la locura minimalista progresiva y moroderiana de estos nórdicos. Se hecha de menos el toque pop de muchas de sus remezclas para restarle hermetismo, decisión que ha tomado Lindstrom este año reclutando a su amiga y vocalista Solale para entregar un disco muy recomendable. Por otro lado, ya tienes nueva banda sonora para tus escapadas a la playa, ya sea por cercanía terrenal o por distracción mental.

Enlaces: MySpace | Full Pupp

 

El otro Bel-Air

Por Oswaldo Reyes

El mundo rural, pese a convertirse en los últimos años en un sinónimo de escapismo, siempre ha contado con una cara oscura en la que se han ido a refugiar muchos de los demonios que dominan a la humanidad. Y aunque la cultura haya librado duras batallas en su defensa,  no ha evitado que el dolor, la oscuridad y la muerte se hayan paseado por las vidas de muchas personas aquejadas de una visión limitada del mundo.

El pincel de Xevi Solà no tiene problemas a la hora de inmortalizar las contradicciones inherentes al ser humano, las mismas dicotomías que presentan sus obras, protagonizadas por unos personajes que se rodean de belleza para esconder su fealdad, que aparentan ser felices cuando en sus vidas reina la melancolía. En resumen, un conjunto inquietante.

El sol brilla pero no calienta en unos paisajes que destilan sobriedad y sirven de vehículo a las historias de unos individuos de reconocida influencia romántica. En palabras del propio artista, «los románticos pintaban así a sus personajes: insignificantes, desamparados y quietos ante la inmensidad del paisaje».

Miradas vacuas, actitudes exhibicionistas, desnudez explícita y liberadora…, pequeños elementos de un mensaje más complejo que, como una parábola, desafía a nuestras percepciones y principios. Básicamente, lo que buscas cuando entras en una galería como la Víctor Saavedra (Enric Granados, 97 – Barcelona), donde, del 17 de abril al 29 de mayo, se alojará la obra de Xevi Solà bajo el nombre «Bel-Air».

Nunca un título fue tan premeditadamente engañoso.

Enlaces: Xevi Solà | Galería Víctor Saavedra