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Antonio Moyano: En busca de la originalidad

Por Bill Jiménez

Hace meses tuvimos la oportunidad de mostrar su obra, pero nos quedaron ganas de saber algo más del artista tras una de las producciones más interesantes de Menorca. Como todo error es subsanable, aprovechamos una visita de Antonio Moyano a la Ciudad Condal para entrevistarlo a conciencia y adentrarnos en su universo de color y espiritualidad.

Aunque desde pequeño tuvo claro que lo suyo era el arte, sus profesores vieron en él cierta afinidad hacia las matemáticas, tanto que “leía las lecciones por adelantado, y cuando el profesor preguntaba cualquier cosa, yo era el único que levantaba la mano porque me había aprendido antes el temario. Era una de las materias que más me gustaban. Me encantaban y era muy bueno”. Los test de aptitud decían que sería un excelente psicólogo, pero él lo tenía claro, las Bellas Artes eran lo suyo. Desde entonces ha confiado en el tenacidad y en el trabajo duro, “empezando desde lo más bajo, exponiendo en bares, locales sociales, etc…, hasta que llegaron las galerías en Menorca, Barcelona y más ciudades”. Calcula que los lugares que han alojado sus obras pasan de la centena, una lucha que tuvo recompensa cuando le ofrecieron la oportunidad de exponer en Nueva York. “Fue un duro trabajo llegar hasta allí. La primera parte fue conocer a la Sra. Paz Feliz, dueña de una galería en Madrid, a la que gustó mi obra. Seis años después, y tras una difícil selección, fui uno de los seis artistas que representarían a su sala en Nueva York”.

Antonio tiene muy buenos recuerdos de la exposición y una respuesta del público más selecta que masiva. “Por la galería pasaba gente de mucha cultura, en especial otros artistas. Y aunque en ocasiones se agradece el bullicio de las inauguraciones, en esta ocasión me llenó más rodearme de opiniones expertas y con criterio”.

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Todo el polvo del camino: ¿Tiempos pretéritos?

Por Elisenda N. Frisach

Para los aficionados españoles del noveno arte, Norma Editorial deviene un referente insoslayable. Especializada en la publicación de tebeos de muy diversa índole, tanto minoritarios como comerciales, tanto norteamericanos como japoneses o europeos, tanto de autores noveles como consagrados, en su catálogo se encuentran algunos de los nombres más famosos del mundo de las historias ilustradas: Hugo Pratt, Milo Manara, Guido Crepax, Moebius, Will Eisner, Frank Miller, Alan Moore, Neil Gaiman, Katsuhiro Otomo… Con más de 30 años de actividad a sus espaldas, y con un volumen anual de publicaciones envidiable, esta empresa con sede en Barcelona cuenta con varias líneas editoriales, destinadas a satisfacer los gustos de los más diversos lectores; así por ejemplo, junto a la escenografía gótica y romántica de la colección “Eclipse”, tenemos los universos aventureros de “Pandora” o la fantasía terrorífica de “Made in Hell”. Pero es la línea “Nómadas”, dedicada a la difusión en lengua castellana de narraciones cosmopolitas que aportan una visión lúcida y comprometida de nuestro planeta, la que ahora nos ocupa.

Efectivamente: el ejemplar de Wander Antunes (guionista) y Jaime Martín (ilustrador) titulado Todo el polvo del camino encaja perfectamente en el prisma de un realismo crítico, concienciado, al narrar el periplo de su protagonista, Tom –una de tantas víctimas de la Gran Depresión que asoló los Estados Unidos tras el hundimiento bursátil de 1929–, por las perdidas y destartaladas carreteras de la América profunda de la época. Con un espíritu de denuncia social, pero también de reivindicación de la voluntad humana, extraído de forma confesa de Las uvas de la ira de John Steinbeck, los autores recrean el mundo inmortalizado por el escritor californiano con el propósito, nada gratuito habida cuenta la actual situación de las finanzas mundiales, de constatar que las desigualdades económicas son la fuente de todos los males que acosan al hombre.

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Anderson Brothers: Lazos familiares

Por Ivan R. Saldias

Se ha estrenado The Fantastic Mr. Fox, adaptación cinematográfica de un cuento del genial Roald Dahl, proferida por el no menos genial Wes Anderson.
La cinta detalla a ritmo de stop motion las peripecias de un zorro en su disputa contra unos granjeros/especuladores inmobiliarios, que le intentan echar de sus tierras, y de como, con astucia y la ayuda de los animales del bosque, el zorro lucha contra el mal del capital. Una pieza infantil, con voces de estrellas de la talla de George Clooney, Meryl Streep o Jason Schwartzman.

Considerando que con el director la expresión «lo raro por lo raro» adquiere una nueva dimensión (en el mejor de los sentidos), todos sus films esconden de forma sutil y bajo capas y capas de humor barroco y Pythoniano, reflexiones muy inteligentes sobre «la familia» y los lazos interpersonales perdidos, rotos, malogrados y remendados que , además, Anderson retrata como nadie.

Mr.Wes pertenece a una generación bastante ambivalente de realizadores que, manteniendo su personalidad, pero desde el sistema y para con el mismo, realizan cuadros densos, coloristas, con múltiples matices, dentro de una concepción referencial eminentemente contemporánea, pero sin grandilocuencia y olvidando el discurso autoral que promulgaron  teóricos y críticos en los 70.
Nueva savia formada por gente como Paul Thomas Anderson, no se conforma con hacer un producto insustancial para la masa, como tampoco dota sus obras de supuesta profundidad intelectual para compadrear con el crítico de turno. Mr.Wes, acaso una especie de «falso hermano bastardo» del autor de Magnolia, también navega por una escala de grises haciendo cine asequible pero no «de consumo», un cine visible pero lleno y rico, un tipo de cine inteligente que no intelectualizado.
Encontramos entonces una suerte de resonancias entre los dos Anderson, obradores de films sumamente corales, confeccionando un uso dinámico del espacio escénico (son recurrentes en ambos los planos secuencia con múltiples travellings de larga duración a lo Robert Altman), con un sonido que adquiere categoría de personaje interno en la obra y, sin embargo, sus piezas mantienen esa vocación de agradar también al palomitero medio.

Desde que se estrenó ‘The Fantastic Mr. Fox’, es probable que muchos padres de familia se hayan dirigido a su multi-sala favorita para aparcar a los críos durante hora y media ante la pantalla. Lo interesante será que estos han estado compartiendo butacas con cinéfilos.

El cine no dejará de unir a extrañas parejas: niños y cinéfilos o «falsos hermanos bastardos».

 

Psicólogos, raperos y estrategas chinos

Por Bill Jiménez

El arte de la guerra, de Sun Tzu, es, aparte de un libro con 25 siglos a sus espaldas, uno de los tratados de guerra más completos que ha conocido la humanidad. Al igual que otros textos de naturaleza similar, las nuevas generaciones adaptaron su contenido a las circunstancias, universalizando sus consignas hasta aplicarlas a cualquier contexto donde un conflicto estuviera presente. Y si tenemos en cuenta que al ser humano le encantan los enfrentamientos, no es extraño que el librillo en cuestión se haya convertido en un best-seller y una referencia para estadistas, hombres negocios o, en el caso que nos ocupa, psicólogos. Para Robert Greene, el protagonista de este artículo, Sun Tzu es el dios de los estrategas, siendo los demás expertos en el tema simples mortales o semi dioses que viven bajo su sombra. Pero, ¿quién es este Robert Greene que interpola el mundo de la guerra con el de los románticos mitos griegos? En esencia, un psicólogo y escritor especializado en el poder en todas sus facetas: conseguirlo, mantenerlo y defenderse de él. Sus obras rozan la autoayuda, pero terminan en las estanterías de política. Sus méritos: no andarse por las ramas y llamar a las cosas por su nombre, aunque aquellos que defienden lo políticamente correcto le acusen de una total falta de escrúpulos y cierta demagogia. La verdad es que, una vez leídos sus libros, uno descubre que la cosa no es para tanto, que la polémica nace de la inagotable doble moral de la sociedad estadounidense y su incapacidad para asumir las verdades que la han convertido en una súper potencia.

En sus «leyes», Greene habla de aprovecharse de los demás, de aplastar enemigos y usar las apariencias para crecer laboral y personalmente; cita exhaustivamente a gente como Maquiavelo y Baltasar Gracián; y encuentra un público voraz en la comunidad afroamericana, que convierte sus libros en útiles herramientas para combatir a los trucos del «hombre blanco».
Y de entre todos ellos, la figura del rapero es la que más se beneficia de su mensaje, un personaje atrapado entre los clichés y los contratos de las discográficas que decide, con el cambio de milenio, tomar el control de su inmensa fortuna y multiplicarla como panes y peces. Nas, Jay-Z y 50 Cent son ejemplos de artistas que, en algún momento de sus respectivas carreras, se han acogido a las leyes de Greene, siendo el último, 50 Cent, el que más ha promovido su mensaje e influencia. Y como Dios los cría y ellos se juntan, rapero y escritor tuvieron la oportunidad de intercambiar impresiones y trabajar juntos en la La ley número 50, un volumen que analiza a través de la convulsa vida del artista (tráfico de drogas, prisión, nueve balas que casi le matan…) las fórmulas que los grandes de la historia han usado para combatir al principal enemigo de las sociedades modernas: el miedo. Curtis (50 Cent), tuvo que decidir si vivir en ese miedo o enfrentarse a la vida, reinventándose en estrella de hip hop, ocasional actor y emprendedor (con negocios que ingresan más dinero que sus discos).

Anticipación, subterfugio, valentía… Conceptos recurrentes en la obra de Greene que actualizan un mensaje que ha corrido paralelo con nuestra historia.

El círculo se cierra: Sun Tzu saluda al Gangsta.

 

The Fall: Our Future Your Clutter

Por Fran Martínez

He perdido la cuenta de los discos editados por The Fall, (¿cerca de 30?), ni de cuántos de ellos me parecen una puñetera obra maestra. Con una formación estable desde 2006 y su fichaje por Domino, entregan un disco conciso, engrasado y contundente a partes iguales. Ya no hay duda de la genialidad de Mark E. Smith desde hace mucho tiempo por mucha mala uva que tenga. Estamos hablando de un tipo que con su música ha visto ya cuatro décadas diferentes, tres esposas (Elena Poulou la última y teclista desde 2002), infinitas formaciones… y una única premisa estable: derramar cinismo como bilis torrencial y ser herméticamente fulminante.

Desde el inicio de “O.F.Y.C. Showcase”, con un ritmo motóriko y marcial de batería y bajo, por donde se pasea el moog, Smith empieza con su fraseo delirante y nasal que me recuerda a “The Classical” (poca broma, hablar de algo como “Hex Enduction Hour”) para entregar un hit instantáneo. “Bury pts 1+3”, sigue siendo otra marcianada que empieza sonando a grabación de cuarto de baño para engrasarse de nuevo y sonar rocosa, peligrosa e intimidatoria. Como la declaración de imbatibilidad de “Mexico Wax Solvent”, después de pasar un año en silla de ruedas.

Otra sorpresa es la spaghetti western “Cowboy George”, con un inicio frenético desconocido en la discografía de The Fall (pocas cosas le quedan ya por hacer al bueno de Smith), con voces vocoderizadas que parecen sacadas del “Discovery” de Daft Punk al inicio de la canción, y terminando con el ruido de la guitarra y los sintetizadores envolviendo el aire de la oratoria desolada de Smith. Los momentos menos tensos son los protagonizados por “Hot Cake”, con sus divertidos coros y despeinados aires rockabilly, y “Funnel of Love”, versión del clásico de Wanda Jackson que se beneficia de la paleta sónica de la banda de Smith para sonar lúcidamente errático.

Cortes como “Chino”, nos devuelven con sus aires cavernosos y siniestros a la época de “This Nation’s Saving Grace” y la tremenda“Y.F.O.C. / Slippy Floor”, nos da un revolcón en los inicios de punk de catacumba transcurridos dos minutos, que nos dejan con un final inesperado con el sonido de grabaciones de campo. Chiflado y lúcido. Adjetivos perfectos para cerrar con la meditabunda “Weather Report 2”, que nos deja con la frase del disco: ”Nobody has ever called me sir in my entire life”. Una canción que empieza con un tono dulce y acaba peligrosa con sus aires al synth punk de Suicide o al oscurantismo de Throbbing Gristle o The Normal.

Al final de todo, tenemos otra razón para seguir creyendo que ser fan de The Fall no puede ser una equivocación.

Enlace: Domino

 

BAFF 2010: La mirada complementaria (II)

Por Elisenda N. Frisach

Por otro lado, la representación más minoritaria de otros países proyectó una mirada amplia hacia las complejidades culturales del mundo asiático, yendo desde naciones como Indonesia (The dreamer), hasta la India (Lucky by chance, Road, movie), pasando por la fusión de Oriente y Occidente prototípica de la realidad de Hong Kong (Beijing is coming, Vengeance).

Malasia tuvo una nutrida muestra de su cinematografía, al contar con la pieza colectiva 15 Maylasia, la coproducción con Singapur Flooding in the time of drought y At the end of the daybreak, del emergente Ho Yuhang, una suerte de reformulación del cuento de la caperucita roja en la cual el “lobo” es la verdadera víctima del relato, aprisionado por sus circunstancias vitales y económicas, mientras que la “niña devorada” es descrita como un reflejo adolescente de su egoísta clase social. Merecida Mención Especial del Jurado, ahonda en la hipocresía de las normas de su país, en el brutal clasismo imperante, en la falsedad de las apariencias, en la incomunicación generacional, y posee un tramo final sobrecogedor, tan inesperado como inquietante y poético, filmado con exquisitez y maestría. De esta nación destaca también Karaoke, de Chris Chong, filme que recoge, con una mirada simultáneamente melancólica e irónica, la imposibilidad del regreso al hogar, merced a la historia de un joven que vuelve a su pueblo natal tras cursar la carrera en Kuala Lumpur, con el fin de asistir a su madre en el karakoe que ésta regenta, para comprobar que, ni su progenitora desea su ayuda, ni el mundo que conociera existe ya. Memorables devienen a este respecto la secuencia de apertura, sugiriendo la tristeza rutinaria de los clientes del local a través de una concatenación de planos detalle y de voces en off de procedencia incierta, así como las escenas que, en correspondencia con la visión outsider del protagonista, muestran la jungla como un mundo sobrenatural y fantasmagórico, devorado por la ominosa fábrica de aceite de palmera.

De Sri Lanka nos llegó Between two worlds, de Vimukthi Jayasundara, galardonada con el premio NETPAC, un experimento irregular y críptico, a ratos sutil y bello (véase el simbolismo de la leche materna o el magnífico final) y otros de una obviedad poco afortunada (verbigracia, el continuo –y cansino– juego de la falsa puesta en escena de los instintos violentos del protagonista), una creación en la que se concreta la idea del hado y del eterno retorno budistas, por medio de la historia de un confuso y tímido joven, producto de su tiempo –marcado, pues, por la larga guerra civil vivida en el país cingalés–, cuyas vicisitudes terminarán por encarnar una antigua leyenda de tintes iniciáticos, proféticos y redentores.

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  • Sevilla: Joaquín Cociña, “Fantasmas” en AJG Art Gallery
    21 mayo 2012 | 13:00

    La AJG Contemporary Art Gallery presentaba el pasado 11 de mayo la primera exposición individual en Espala del artista chilencio Joaquín Cociña (Concepción, 1980), una colección de obras divididas en dos series titulada Fantasmas, unos notables trabajos en carboncillo, herramienta vinculada por tradición a las obras abocetadas y que, en sus manos, adquiere una trascendencia [...]

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