Underdogs
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Toundra: II

Lo que más preocupa cuando un artista genera expectativas es estar a la altura a la hora de la reválida. El caso de Toundra es de los positivos, teniendo más mérito del habitual al moverse por géneros, por tradición (que no por público) minoristas en nuestras tierras.

Al otro lado del famoso charco, el segundo disco de Toundra, escuetamente titulado ‘II’, entraría en el saco del post-rock, uno crudo que, pese a generar atmósferas íntimas, recurre a constantes crescendos entre guitarras para marcar su ritmo. Oficialmente lo llamaríamos rock instrumental, y aunque sea cierto, lo suyo es resultar progresivos sin traicionar a esta etiqueta tan clásica.

‘II’ se esfuerza en ser un disco sólido, compacto, con siete temas de variada duración y cadencia salpicados de influencias arabescas y ocasionales momentos de piano y violonchelo; pero lo importante, el rift, el elemento que convierte este disco en una ambiciosa y digna continuación de su debut, demuestra vigor, contundencia y capacidad de contentar por igual a los adictos a los paisajes sonoros como a aquellos que buscan intensidades sin tregua.

Sin duda, el segundo disco de estos madrileños es un nuevo acierto de Aloud Music, una discográfica atrevida en su oferta y forma de distribución, que aboga por la descarga gratuita como una herramienta de propagación de sus referencias, aunque eso implique enfrentarse a los caprichos de una industria en constante mutación.

En cualquier caso, el ‘II’ de Toundra es una excelente evolución e ubica a la banda entre los grupos nacionales más importantes de este género.

Por Bill Jiménez

Enlaces: Aloud Music | Toundra

 

Fernando Bayona: Mito y seducción

Por Bill Jiménez

Las fotografías de Fernando Bayona (Linares, 1980) son un ejercicio de amor y honestidad. Amor como motor de las relaciones humanas y honestidad al renunciar a la continuidad que se espera de un artista con una trayectoria tan sólida.
En su presente exposición, los muros de la galería 3punts albergan dos series de fotografías que, en la tradición de David LaChapelle, apuestan por la escenografía y las narraciones abiertas, instantes de ambiciosa producción en los que el tiempo se detiene y hasta el más mínimo detalle y se convierte en un elemento más de una historia trascendente, pero a su vez, inspirada en la cotidianidad. Así, en Circus Christi, el artista recurre a estereotipos sociales para narrar su propia interpretación de la vida de Jesucristo, un personaje incombustible que se mueve entre escenarios a medio camino del kistch y el barroquismo, una forma de  mostrar con atrevimiento y seducción contemporánea el mensaje del mito original. Como nota curiosa, resaltar la polémica desatada al paso de la exposición por la Universidad de Granada, un polvorín de quejas y amenazas que finalizó con su clausura y una publicidad gratuita gracias a los sectores más retrógrados de la sociedad.

En Once Upon a Time la narración es menos estructurada, pero igual de provocativa. A lo largo de las dieciocho obras presentadas, todas ellas autosuficientes en lo narrativo, nos adentramos en un mundo de ficciones inquietantes, un cuento de hadas oscuras vestido de Freak Show. En él predomina la teatralidad y las carencias físicas y emocionales de los protagonistas. Once Upon a Time podría verse como un puzle fotográfico de múltiples lecturas.

En conjunto, la muestra pasa del notable y nos permite juzgar los recursos de un fotógrafo en alza, fiel representante de una corriente tan poco explotada como la escenográfica. Once Upon a Time y Circus Christi demuestran que, con los argumentos adecuados, este estilo puede ir más allá de las páginas de las revistas de moda y tendencias.

Enlaces: Fernando Bayona | 3punts

 

Ne change rien: Música en las venas

Por Miguel Gil

Pedro Costa dice que quizás Ne change rien existe únicamente en su banda sonora. Que las imágenes podrían ser otras, que las que hay son apenas unas notas para un filme futuro (que nunca se realizará, claro). No importa. Es una película extraña, pero bella.

No es un documental musical al uso; no hay estrellas del rock inmersas en una gira, ni un gran concierto atestado de público. Hay un grupo de músicos trabajando, ensayando unas canciones, grabando un disco en un caserón perdido en alguna parte de Francia, dando un concierto en Tokio. Hay una actriz ensayando La Périchole, de Offenbach. Todo grabado en interiores, músicos y cineastas inmersos en acciones que transcurren en otro tiempo: el de la búsqueda, el de la rutina, el del adicto.

Jeanne Balibar inmersa en la repetición, el acto sobre el que se vuelve una y otra vez, como Vanda recuperando heroína de las páginas de una guía telefónica, un día tras otro. Pedro Costa inmerso a su vez en la repetición, buscando en Balibar una nueva Vanda. Planos en blanco y negro muy contrastado, tenebristas como un cuadro de Caravaggio. Cine despojado de todo, que su vez lo ofrece todo.

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Jacques Pugin y los mundos inaccesibles

Por Patricia Salvatierra

Kowasa Gallery presenta, hasta el próximo 31 de julio, la primera exposición individual en España del fotógrafo suizo Jacques Pugin (Bulle, 1954). La muestra cuenta con un conjunto de veinte fotografías de medio y gran formato que ofrecen un recorrido por las series más recientes de este artista, entre las que figuran “Sacred Site 1-2″ (2001-2009), “Paysages greffés” (2005-2008), “La montagne s’ombre” (2005-2009), “La Namibia” (2007) y “Ethiopie, Algérie, Islande” (2008-2009).

Pugin busca lugares que expresen la relación compleja entre el hombre y la naturaleza. Modelado por las culturas, las ciencias o las religiones, su mirada se centra en el mar, los desiertos y las montañas. En esos lugares es donde captura las esencias, los colores brutales y la belleza mientras inmortaliza los ambientes.

Las fotografías expuestas muestran algunos paisajes hostiles donde la huella del hombre está presente pero también encontramos paisajes prácticamente vírgenes con una belleza primitiva de la naturaleza. La mayoría de las imágenes plasman una sensación de magnitud inabarcable.

Recomiendo especialmente aquellas fotografías que muestran desiertos rojizos abismales de Namibia y, muy especialmente, los paisajes fríos y helados de las montañas glaciares de Islandia. Todas ellas muestran mundos infinitos, casi inaccesibles, donde el espectador se puede sumergir y adentrarse en la inmensidad de la naturaleza en estado puro.

Enlaces: Kowasa | Jacques Pugin

 

Cecilia Sörensen

Para la mirada mediterránea, el mundo escandinavo evoca paisajes gélidos e inmutables, sobriedad y una apuesta constante por lo práctico y funcional. Más allá de estas ideas preconcebidas se encuentran los diseños de Cecilia Sörensen, finlandesa de nacimiento aunque afincada en Barcelona desde 1999, once años en los que ha tenido tiempo de trabajar para diseñadores de la talla de Antonio Miró, crear su propia marca y abrir una tienda en el corazón de la ciudad Condal.

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Helsinki, Southampton, Barcelona… ciudades diferentes pero piezas fundamentales en tu formación, ¿qué ha aportado cada una a tus trabajos?

Sí, el entorno es muy importante cuando uno trabaja en algo creativo. Estudié tanto en Helsinki, Barcelona y Southampton, donde las facilidades de la universidad eran increíbles, pero echaba de mucho menos una ciudad cultural,  más cosmopolita y contemporánea. Había estado de intercambio del bachillerato en el año 93 en Barcelona, y por eso decidí venir aquí.
El hecho de trabajar en un país e entorno no familiar es muy interesante, vas totalmente por libre e independiente, no tienes que encajar en ningún molde preestablecido. Aquí se dice que mi estilo es muy escandinavo, minimalista, limpio…, pero creo que es mucho más femenino y sensible de lo que sería si viviese en Finlandia. Yo diría que la funcionalidad es lo finlandés de mi estilo, el diseño escandinavo va un poco por ese camino, de hacer de lo cotidiano bello.

En los últimos años, el público ha ido recuperando el gusto por lo artesano y duradero, algo que tú has defendido desde tus comienzos. ¿Qué piensas que esta “causa” se convierta en una moda?

Pienso que es una muy buena tendencia. Creo que viene de la desvaluación completa que han conseguido las grandes cadenas. Hace diez años igual te comprabas un jersey nuevo cada invierno. Se miraba, se probaba y se pensaba. Comprarlo significaba invertir lo que valía esa materia y la mano de obra, lo que significaba también una inversión por parte del comprador. La compra era algo planeado y la prenda valiosa.
Ahora hay jerséis a 14 euros, lo que significa que la gente, si quiere, los puede comprar cada semana o mes. Ya no hay que pensárselo mucho, ni casi probarlo. No hay que invertir ni dinero ni pensamiento. Eso también significa lamentablemente que la prenda ya no tiene el valor que antes para el comprador.
Eso ha desvalorizado por completo el trabajo para cualquiera que trabaje en moda y ha frivolizado el diseño. Pero vemos que ahora está cambiando, todos tienen el armario demasiado  lleno de prendas sin alma, es muy estresante poseer y almacenar muchas cosas, por eso vuelve la tendencia de calidad en vez de cantidad.
Los diseñadores dependen mucho de la calidad de los fabricantes de tejidos, y es algo que puede variar muchísimo de una temporada a otra. Creo que es un aspecto que debería mejorar mucho. Tengo varias prendas de mi abuela de los años 50, por ejemplo, un abrigo que uso desde hace años y está impecable. ¿Por qué ahora, con toda la tecnología que hay, no se pueden hacer tejidos y piezas así?
Hay mucho green wash, sobre todo entre grandes empresas, pero creo que en el futuro lo que ahora ha sido más alternativo, eco, orgánico…, va a pasar a ser lo mayoritario.

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Furguson: My friends are my culture

Furguson son jóvenes, rebeldes y del Gurb, un municipio catalán que, si bien no es Manchester, tiene ese punto industrial que tan bien sienta al currículum de una banda independiente. Ubicado en la comarca de Osona, convive con esa ciudad de arraigada cultura musical que es Vic, la del Mercat de Música Viva y otras pirotecnias mainstream.

Y una sombra tan pronunciada necesita de alguien que caliente el ambiente, un grupo que demuestre el potencial de la escena local y ejerza de emisario en terrenos tan exigentes como el Primavera Club o teloneando a artistas como Oxford Collapse.

Porque uno de los puntos fuertes de estos chavales, –todos rondan la veintena–, es su directo, una demostración de cómo reciclar un exceso de energía juvenil en música bailable y gamberrismo sonoro. Sus herramientas clave: el sintetizador, los gritos y, sobre todo, el ruido, todo el que haga falta.

Primero llegó La mort del bonminyó, su maqueta, una declaración de intenciones que llamó la atención de un sello tan sibarita como La Castanya. Ellos dejaron a estos garageros revolucionarios en manos de Santi García, un tutor de reconocido prestigio, y de la asociación saldría una joya de, aproximadamente, 25 minutos llamada My friends are my culture: más electrónica y guitarras sucias, de esas que agitan por ley. No es una obra maestra, ni un diamante en bruto, ni cualquier otro tópico que se nos pase por la cabeza; lo importante es que se disfruta, tiene algo de indomable y nos permite especular alrededor de esta banda y una carrera que no ha hecho más que empezar.

Por Bill Jiménez

Links: Myspace | La Castanya

 

Agenda

  • Sevilla: Joaquín Cociña, “Fantasmas” en AJG Art Gallery
    21 mayo 2012 | 13:00

    La AJG Contemporary Art Gallery presentaba el pasado 11 de mayo la primera exposición individual en Espala del artista chilencio Joaquín Cociña (Concepción, 1980), una colección de obras divididas en dos series titulada Fantasmas, unos notables trabajos en carboncillo, herramienta vinculada por tradición a las obras abocetadas y que, en sus manos, adquiere una trascendencia [...]

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