Underdogs
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Contraluz, de Thomas Pynchon

Los Chicos del Azar.
Una descarga eléctrica de cierta potencia.
Ten cuidado. Mira bien adentro, descubre cosas.
Los hermanos Traverse.
El mejor disfraz es no disfrazarse.
A bordo del Inconvenience.
Un cielo de carne azul y lechosa.
El nuevo dispositivo de Tesla.
Doble refracción.
Juego adentro-afuera.
Explosión de dinamita.
Vuelan hacia la gracia.
La luz de la luna fragmentada.

 

Berto Martínez

La llegada de la fotografía supuso a lo largo del siglo XX una renovación de los lenguajes publicitarios clásicos. Uno de los frentes más damnificados fue la ilustración comercial, que de ser protagonista absoluta fue convirtiéndose en una hermana pequeña que hasta fin de milenio viviría bajo su sombra. Actualmente, la ilustración nacional vive un momento dulce, gracias en parte al trabajo de Berto Martínez, un artista que aúna tradición y modernidad en un estilo que, ante todo, no renuncia al realismo.

«No sé si me decanté por él de forma premeditada. Después de trabajar con diferentes estilos fui desarrollando un lenguaje cada vez más realista por las posibilidades expresivas que me ofrecía. Buscaba un lugar intermedio entre la ilustración y la fotografía. Después de agotar diferentes recursos infográficos sentí la necesidad de volver a recuperar los lápices y pinceles. Mi formación fue esencialmente de dibujo y representación naturalista».

Hasta la fecha, Berto ha demostrado su talento en variedad de ámbitos, desde sus colaboraciones con revistas y periódicos a trabajos en el mundo de la moda y la publicidad, una producción constante durante los últimos años que le ha llevado a perder la cuenta de sus propias ilustraciones.

El trabajo lo es todo, y tanto el procedimiento como el tiempo invertido son una parte importante de su éxito: «Después de una búsqueda de referentes y documentación pueden pasar muchos días desde los primeros bocetos hasta el resultado final. El proceso técnico consiste en  aplicar acuarela mediante veladuras y lápiz de  grafito y color con la ayuda de proyección fotográfica. Es un trabajo básicamente artesanal aunque el último paso sea digitalizar, que sin duda, es el momento más aburrido del proceso. El tiempo invertido depende del tamaño o complejidad del trabajo. Suelo vivir atosigado por algún director de arte».

Pero también reconoce que «siempre dispongo  de cierta –y necesaria– libertad en cualquier ámbito». Ya sea en publicidad, como en prensa o en cualquier otro medio para el que haya trabajado, «la obra de un ilustrador no tiene por qué responder al criterio de quién la demanda, así que intento  no estar demasiado condicionado por el cliente. En prensa suelo tener carta blanca y es donde me siento más cómodo, aunque constantemente intento buscar otros formatos donde aplicar mi trabajo con la inquietud de ampliar la función y los soportes  de la ilustración».

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‘Un mundo flotante’, de Jacques Henri Lartigue

La relación de Jacques Henri Lartigue es la de un amor prematuro por la fotografía y una vida consagrada a ésta. Su obra es el documento más sólido de una generación cuyas inquietudes son la semilla de las nuestras. La moda, el deporte y las competiciones de motor nunca abandonaron el objetivo de Lartigue, que las vio evolucionar meteóricamente a lo largo del siglo sin olvidarse de las emociones terrenas que las sostienen, esos instantes que perduran en la memoria colectiva y que, en su caso, es pura renovación del lenguaje fotográfico de una época. Lartigue es un cronista de excepción, y en esta exposición ofrecida por el Caixa Fòrum encontraremos alrededor de 230 piezas vinculadas a sus distintas etapas creativas, instantáneas atemporales que ya forman parte de la propia historia de la fotografía.

Enlace: Caixa Fòrum

 

Yvan Rodic, Face Hunter

La alianza entre los cazadores de tendencias e Internet no se iba a quedar en Scott Schuman. Otras eminencias del sector, como el fotógrafo de origen suizo (y residencia británica) Yvan Rodic, cuenta desde hace cuatro años con su propia y muy popular parcela en la red, un diario fotográfico llamado Face Hunter repleto de instantáneas que aglutinan elegancia, tendencia, modernidad y todos los adjetivos aplicables a la moda contemporánea. Ahora, este 2010, ha salido al mercado un volumen de 320 páginas con sus mejores y más representativas fotos, un libro icónico para todos aquellos que han hecho de sus cacerías fotográficas puro culto.

Enlace: Face Hunter

 

El Colmillo de Morsa

Adaptar un estilo tan definido como el escandinavo al gusto del público mediterráneo puede ser una tarea tan osada como difícil. Jordi Espino y Elisabet Vallecillo, los diseñadores tras El Colmillo de Morsa, lo han intentado con excelente resultado, pero sus diseños, aparte de una suma de influencias, cuentan con más elementos definitorios. De la moda nórdica «nos atrae la sencillez acompañada de una ejecución impoluta, los patrones y el colorido, pero intentamos no seguir al pie de la letra esas “reglas nórdicas”. Intentamos cargarlo un poco más, pero sin ahogar la prenda. Mantenemos sobre todo unos colores y unos tejidos más del norte que del sur y el patrón lo hacemos más adaptado al público del mare nostrum».

¿El Colmillo de Morsa? Para los que se pregunten el porqué de este nombre, decirles que «fue un poco casual. En un  brainstorming, leyendo un libro de bisutería, vimos cómo los antiguos habitantes del norte hacían bastante joyería con los colmillos de las morsas. Esos collares se nos quedaron grabados en la retina y de tanto repetir colmillo, collar, morsa…, decidimos llamarnos ‘el colmillo de morsa’. El nombre nos gustó porque era como algo feo y bello a la vez. Es una filosofía de marca: la belleza puede ser de muchas maneras».

Y la búsqueda de esa belleza les ha llevado a unas formas sobrias, apoyadas por colores neutros, de llamativas simetrías y «un punto étnico, de trabajo manual en algunas prendas que siempre intentamos mantener. Además, casi todo lo confeccionamos y trabajamos nosotros; somos bastante artesanales y quieras o no, eso le da una esencia diferente a la prenda». Respecto a esa artesanía, su posición en la polémica entre el diseño de las grandes marcas y los productos duraderos está muy clara: «Lo ideal sería que fueran cogidos de la mano. Las grandes marcas que ponen precios astronómicos tienen que tener un plus, y un factor es el artesanal. Si te fijas, las marcas pronto moda “pagan” el precio de trabajar a gran escala; las grandes producciones trabajan con materiales más económicos y no suelen permitir el plus de lo artesanal porque encarecería demasiado el producto. Creemos que hoy en día el público ya está cansado de productos que únicamente cuentan con el frívolo y efímero valor simbólico de una tendencia pasajera».

Como buen equipo creativo, Jordi y Elisabet tienen un procedimiento que complementa sus ideas. «Aunque cada uno domina más una cosa que la otra, siempre acaba siendo un trabajo de dos. El inicio es un poco dispar; cada uno se impregna de las influencias e inquietudes que le rodean y luego lo ponemos todo en común, con confianza mutua y sabiendo decir esto sí o esto no». El resultado: unas piezas que contentan por igual al público masculino como femenino. «Nos gusta diseñar para los dos, intentamos adaptar los mismos patrones, tampoco nos identificamos con la feminidad tópica, así que trabajamos bajo una concepción polivalente que une ambos sexos».

En cuanto al futuro, El Colmillo de Morsa se presenta abierto al cambio: «Ahora nos ha dado por cambiar el rollo, dar más vida a nuestros diseños. Estamos experimentando con colores vivos, como violetas, verdes… Respecto a los materiales, siempre nos decantamos por los naturales». Unos planes de futuro que esperaremos con impaciencia y con la expectación que genera la calidad.

Enlace: El Colmillo de Morsa

 

Branded to kill, de Seijun Suzuki

Este verano existe otra opción para poder ver cine de calidad al aire libre con el ciclo Eat Movie programado por Eat Meat Raw Gallery. Podremos visionar films de directores como Wong Kar Wai, Mario Bava, Michael Anderson, Kaurismäki, Ferrara, Cronenberg, Anger, Friedkin, Meville o George Lucas entre otros.

El pasado martes pudimos ver Branded to Kill, una de las obras maestras del  grandísimo Seijun Suzuki, enmarcada en el mundo de los yakuzas. Un asesino del crimen organizado, el Número 3, es contratado para llevar a cabo una misión. Pero lo más interesante de la cinta no es su argumento sino su estructura. La forma que Suzuki tiene de separar forma de fondo, cómo separa el continente de contenido, hace que esta película merezca la pena.

Tras ver la película, es imposible no querer revisionar clásicos de este gran director que se reinventó a sí mismo como la desafiante Tokio Difter, A Tale of Sorrow and Sadness, la trilogía Taisho (Zigeunerweisen, Kagero-za y Yumeji ), la tercera parte de la saga de  Lupin III (Lupin III: The Golden), la rara Pistol Opera o la maravillosa Princess Racoon.

Enlace: Eat Meat

 

Agenda

  • Sevilla: Joaquín Cociña, “Fantasmas” en AJG Art Gallery
    21 mayo 2012 | 13:00

    La AJG Contemporary Art Gallery presentaba el pasado 11 de mayo la primera exposición individual en Espala del artista chilencio Joaquín Cociña (Concepción, 1980), una colección de obras divididas en dos series titulada Fantasmas, unos notables trabajos en carboncillo, herramienta vinculada por tradición a las obras abocetadas y que, en sus manos, adquiere una trascendencia [...]

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