Aleksandr Deineka en la Fundación Juan March

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Por Redacción
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Visitar la exposición de Aleksandr Deineka (1899–1969) en la Fundación Juan March es, aparte de asistir a una exhaustiva revisión de sus trabajos, un viaje por la historia social y cultural de la Rusia de la primera mitad del siglo XX, en especial, de su tránsito desde la Vanguardia a la llega del realismo socialista. Siendo la más amplia dedicada a este artista fuera de su patria, la muestra incluye más de 80 óleos, aparte de fotografías, audiovisuales, obra sobre papel, carteles, revistas e, incluso, libros infantiles en un conjunto que alcanza las 250 piezas.

Deineka_Alexandr-The_defense_of_SevastopolAlexandr Deineka, «The defense of Sevastopol»

No es la primera vez que los organizadores traen a España el producto de las vanguardias rusas ni de sus principales artífices, pero, tras explorarlas en conjunto e individualmente (Malévich, Ródchenko o Popova), “faltaba dedicar una exposición al tiempo histórico transcurrido entre el gran experimento de la vanguardia rusa —que precedió a la época de Stalin— y el arte soviético decididamente postmoderno, que advino tras su muerte”.

aleksandr-deineka-la-defensa-de-petrogradoAleksandr Deineka, «La defensa de Petrogrado»

Y aunque, por lo general, sea un arte politizado y propagandístico, la producción de Deineka se convierte en un punto intermedio de gran fuerza visual, influenciado por los últimos resquicios de vanguardia y el activismo comunista, en el que el propio Deineka tuvo un papel tan sentido como destacado, demostrando una versatilidad adaptable a los medios y los tiempos, como la transición de sus primeras pinturas, monocromáticas debido a la escasez de existencias, a sus posteriores y monumentales trabajos, como La defensa de Petrogrado, la icónica La batalla de Sevastopol o los mosaicos que aún se pueden disfrutar en la emblemática estación de metro Mayakovskaya.

+info: Fundación Juan March

3 Replies to “Aleksandr Deineka en la Fundación Juan March”

  1. Deineka puso ciégamente su gran talento al servicio de un proyecto de destrucción del ser humano, y sobre todo de la mujer, transformándolos en máquinas productivas al servicio de una maquinaria de producción devastadora.

    Las grandes tradiciones del pueblo ruso fueron ridiculizadas, la profunda espiritualidad del pueblo ruso fue aniquilada en pos de un ateisno desalmado. La Mujer debía entregar sus hijos al Estado lo antes posible para que fueran adoctrinados correctamente. Joven,atlética, casi andrógina, debía equipararse al hombre y trabajar en la mina o la fábrica a la par de los varones y renunciar a toda su feminidad.

    No hay diferencia entre los proyectos soviéticos y nazis. Y tampoco hay demasiada diferencia entre aquellos años y la realidad de la sociedad actual.

    ¿Debemos cerrar nuestra mente a esa realidad y sólo hablar de la belleza de sus obras?

  2. Toda la razón del mundo, y me alegro de que lo hayas expuesto en tu comentario. Personalmente, siempre me he quedado con los aspectos técnicos de artistas como Deineka, es quizá un error por mi parte, pero también es cierto que sus obras forman de un contexto concreto y, aunque se puedan encontrar analogías con nuestra sociedad, por suerte, y quiero pensarlo, ahora serían denunciables y quizá apartadas de la «actualidad artística».

  3. El gran problema crítico radica en la transpolación de los tiempos. Sigue siendo harto difícil explicar un proceso desde una perspectiva ahistórica; diría incluso que de dudosa credibilidad, si no se plantea desde el ángulo temporal en que fue imaginado, la Rusia postzarista y la imaginación de un mundo posible, aunque con los errores que hoy podemos confirmar, pero con los aciertos que hoy, seguramente gracias a esas «proyecciones», podemos seguir imaginando.
    En toda escala evolutiva de valores hay un previo insuficiente y un después lógico.
    Ojalá la revolución socialista hubiera progresado (no soy un socialista actual ni factual); hoy no estaríamos sumidos en esta crisis de valores que nos sobreviene del fracaso de aquellas vanguardias.

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