Un ídolo llamado Alexander McQueen

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alexander mcqueen savage beauty

Que la obra de un artista se revalorice una vez muerto es una realidad más que asumida por el gran público, donde la ofrenda ritual que daba sentido a las religiones de hace 25 siglos se repite en la forma de desorbitadas pujas por su obra o un aumento en las ventas de sus discos. En lo que respecta a la moda, donde la idolatría es más faraónica y presente, deja sin aliento el poder de convocatoria de Alexander McQueen que, pasado un año desde su suicidio, ha protagonizado una de la muestras más exitosas de la programación del Museo Metropolitano de New York.

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La retrospectiva “Alexander McQueen: Savage Beeauty” han sumado 661,409 visitas en tan solo tres meses, una cifra que la ha convertido en una de las 10 exposiciones más visitadas de la historia del museo en sus 141 años de vida, compartiendo protagonismo con icónicas obras como la Mona Lisa (en 1963) o suertes arqueológicas como los Tesoros de Tutankhamon en 1978.

La afluencia de público ha llegado a ser tanta que, aparte de las colas, la muestra fue extendida una semana y requirió una ampliación temporal de sus horarios, tanto matinales como nocturnos, así como unas aperturas especiales fuera de ellos, los “Lunes con McQueen”, que pese a su precio (50$) fueron acogidas con gusto por 17,000 visitantes. A eso, sumémosle las 100,000 copias del catálogo de la exposición, un enorme volumen cuya cubierta es un holograma que funde el rostro de McQueen con un cráneo plateado.

Romantic-Exoticism

Más allá del morbo y el mito, Savage Beauty ha sido una exposición excelente, capaz de mostrar la fuerza y sensibilidad de un artista que, como éste inusitado éxito demuestra, supo ir más allá de la moda e impregnar a sus obras una esencia magna y escultórica, la clase de magia que concede la genialidad.

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