‘Alice in Wonderland’ o las consecuencias del ‘Inspirado en’

Posted on
Por Laia Ordóñez

Por Laia Ordóñez

El pasado mes de abril se estrenó en España Alicia en el País de las Maravillas, una nueva propuesta de Tim Burton inspirada en el clásico de Lewis Carroll.
El nombre del director hizo que muchos pensaran que la película sería una maravilla cinematográfica con toques siniestros y el inconfundible sello Burton. Lejos de serlo, el film es poco más que una colección de elementos visuales en 3D con un guión fiel hasta la exasperación al manual de estilo de la factoría Disney.

Del viaje iniciático a la historia de acción

Quien haya leído el libro de Carroll no podrá dejar de preguntarse por qué una historia iniciática, en la que lo fascinante es contemplar cómo el personaje va creciendo a través de experiencias  aparentemente absurdas, se convierte aquí en una historia de acción con héroe, antihéroe, objetivos, aliados y todos los ingredientes presentados como necesarios para construir el guión perfecto en cualquier manual de guión.
A diferencia del cuento original, en esta nueva versión no hay margen para el desarrollo de situaciones surrealistas o la realización de segundas lecturas: todo está muy claro y, sobre todo, muy bien atado. No hay ni un cabo suelto, y además todo está hilvanado según una fórmula tan manida que lo que sucede en pantalla es previsible a la legua.

Una estudiada aventura Disney

Al estilo de Hook (Steven Spielberg, 1991), en la versión de Burton se nos presenta a una Alicia ya crecida que ha olvidado su paso por el País de las Maravillas y cuyo regreso a ese mundo es detonado por la última disyuntiva en su vida de niña: casarse y depender de un hombre, o ser una mujer independiente.
Esta interesante encrucijada, que sin duda guarda paralelismos con la epifanía que vivió Alicia la primera vez que visitó el País de las Maravillas,  podría haberse utilizado como base para elaborar una nueva historia iniciática, esta vez de pérdida de la inocencia, que hubiera tenido pleno sentido dada la edad de la chica (19 años) y su contexto histórico (época victoriana).
Sin embargo, lejos de obligar a Alicia a plantearse los pros y contras de cada uno de estos caminos vitales, la historia se precipita hacia un final ingenuo que obvia las limitaciones impuestas por la sociedad victoriana a una señorita como Alicia, a la que jamás se le hubieran concedido las libertades que pretende.
Por lo demás, todo en la trama parece estar ahí sólo para dar paso a lo siguiente: Alicia y sus amigos saltan de una escena a otra rapidito y sin profundizar demasiado, para evitar aburrir (hacer pensar) al espectador y correr el peligro de que la película deje de ser apta para todos los públicos.

Una frágil Alicia adolescente

La Alicia con la que nos encontramos poco tiene que ver con la niña lista y despierta del cuento de Carroll. En este film, Alicia es una muchachita pálida y apagada que parece más un títere a merced de las circunstancias que una heroína: no toma decisiones propias ni parece comprender lo que pasa a su alrededor. La chica literalmente se ve arrastrada hacia el rol del héroe, con una misión impuesta por la que no parece sentir gran pasión.
El despertar de la conciencia o aprendizaje que presenciamos es por otro lado irrisorio, y es más un despertar del recuerdo de lo que Alicia aprendió la primera vez que visitó el País de las Maravillas que un aprendizaje nuevo, adaptado a sus circunstancias presentes y aplicable a lo que se le avecina en su inminente vida adulta.

Bellos fuegos artificiales

La Alicia de Burton también tiene puntos fuertes: la puesta en escena es deliciosa y la postproducción impecable, y además es un placer disfrutar del trabajo de excelentes profesionales como Johnny Depp y Helena Bonham-Carter.
Sin embargo, da la sensación de que todo ello no son más que vacíos fuegos de artificio, llamativos artefactos que intentan compensar la debilidad de una historia simplona llena de personajes planos. Esta nueva Alicia es, simplemente, un bonito producto del cine-espectáculo cuyo principal aliciente es que la belleza de sus imágenes puede disfrutarse en 3D.
Pese a que la iniciativa de hacer una película visualmente hermosa es loable, no cabe duda de que la propuesta hubiera ganado, y mucho, si se hubiera optado por una factura guionística menos impecable y más imaginativa, incluso absurda o incomprensible a ratos, que es justamente lo que hace del relato original una pieza única en la historia de la literatura occidental.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *