Aman Mojadidi: Donde el arte es conflicto

Posted on
Por Bill Jiménez
A-Day-in-the-Life-of-a-Jihadi-Gangster-Foto-Series

Por Bill Jiménez

La liberación de Ai Weiwei la semana pasada fue, aparte de un alivio, una obligada reflexión acerca del fracaso de la libertad de expresión en China. Es cierto que los siguientes movimientos del artista serán claves a la hora de determinar el peso político de lo ocurrido y qué medidas tomará el coloso asiático para acallar al artista una vez agotada la excusa de sus delitos económicos. En cualquier caso, Ai Weiwei no es el único creador amenazado por el gobierno de su país, y como descubría en una interesante entrevista de la revista británica Frieze, ser artista en China puede ser duro, pero no tanto como en Afganistán.

Aman Mojadidi es una rara avis en su tierra, un hombre dividido entre una joven formación en Estados Unidos y la represión de su Afganistán de origen y actual residencia. Sus costumbres son demasiado musulmanas para encajar en Occidente y su liberalismo es en exceso peligroso para el gobierno de su país, una tierra sacudida por los intereses políticos, la corrupción y la violencia yihadista.

Vótame, hice la Yihad y ahora soy rico”, rezaba en uno de los carteles electorales que sembraron Afganistán durante las pasadas elecciones parlamentarias, una acción misteriosa en la que un candidato de rostro oscurecido posaba sobre un segundo eslogan que decía: “Inserta aquí tu lema yihadista favorito”. Tamaña provocación sólo podía venir de Mojadidi, que no era la primera vez que hacía público su descontento.  Dicen que, cuando él y sus cómplices fueron interrogados al respecto, ya se habían librado de toda evidencia y, como mucho, les delataban sus manos llenas de cola. En cualquier caso, salvó el pellejo y se evitó dar una explicaciones que habrían enfurecido a su tío, el precario colchón que le ha evitado caerse en varias ocasiones. Político influyente, ha declarado que la actitud de su sobrino le terminará metiendo en un buen lío.

aman-mojadidi-183

El principal mérito de Aman Mojadidi es haberse creado un personaje que le permite interactuar con su sociedad, ya sea política o artística. Sus tatuajes y barba tupida, poco frecuentes entre su gente, más los elementos adaptados de la cultura gangsta (la pistola de oro que le cuelga de una cadena) son una tarjeta de presentación de lo que él llama “Conflict Chic”, una irónica forma de exhibir su trabajo en la que entra en juego la guerra y la moda y que, a su vez, denuncia las contradicciones que envuelven a muchos yihaidistas que, pese a su supuesta devoción por el Islam, beben y se dejan arrastrar por una violencia sin sentido.

Estas ironías son un ejemplo de que, pese a la distancia y las diferencias culturales, la clase política de Afganistán no es muy diferente a la de otros países. Si en el nuestro un candidato corrupto puede obtener la mayoría absoluta, allí la gente asume sin problemas que sus representantes son delincuentes por naturaleza y, algunos de ellos, incluso responsables de las muertes de otros compatriotas.

Como mejor ejemplo de los riesgos que Mojadidi asume en sus acciones, tenemos el vídeo “Payback”, en el que, haciéndose pasar por un policía local (recurso sencillo que hasta los terroristas utilizan para sus atentados), estableció en una carretera un peculiar punto de control en el que, todo aquel que se detenía, recibía un par de dólares por dejarse inspeccionar, lo contrario a las prácticas corruptas de los agentes de la Ley en Afganistán. Naturalmente, el vídeo termina en detención, quizá el mejor resultado al que Mojadidi podía aspirar si tenemos en cuenta que, aparte de civiles, el artista pudo detener el vehículo de un terrorista y desatar una reacción que habría terminado con su vida.

Confrontación. Una de las claves en la carrera de uno de esos artistas que, si bien no buscan el cambio político a través de su obra, siembran el germen del descontento en aquellos que confían en la existencia de mundos mejores pero que, por conformismo o miedo, no se atreven a explorarlos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.