Andy Warhol: Entrevistas

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Por Bill Jiménez

Después de tantos años, la figura de Andy Warhol me sigue desconcertando. Nunca tengo claro, y puede que tampoco llegue a una conclusión concreta, acerca de su postura hacia público y medios, esa barrera de insolencia que ha generado tanta devoción entre sus fans hasta el punto de trascender sobre su obra.

Si sus Diarios (Anagrama, 1990) arrojaron más luz que cualquier biografía aparecida hasta el momento, estas Entrevistas (Blackie Books, 2010) nos devuelven a la ambigüedad por obra y gracia de Kenneth Goldsmith, cuyos esfuerzos recopilatorios toparon en numerosas ocasiones con la naturaleza escueta de Warhol a la hora de dar declaraciones o hablar de su universo artístico. Pero, aparte de una crónica e información poco conocida del artista, es un viaje a lo largo de su éxito, descubriendo a un Warhol más accesible a medida que pasan las décadas y se aleja del enfant terrible que abusaba de los monosílabos o trataba por todos los medios de invertir el rol “entrevistador/entrevistado”. El resultado puede despertar alguna carcajada por su absurdo y muchas reflexiones acerca del contenido. ¿Son estas conversaciones una extensión de su obra? En algunos casos es un sí rotundo, pocos artistas recurrirían a una respuesta automática o leerían directamente de un texto promocional para hablar de sus películas, como en el caso de la entrevista que Gerard Malanga le hizo a propósito de Empire (1964), ese titánico experimento de ocho horas en el que se filmaba ininterrumpidamente el Empire State Building.

En otras ocasiones, entra en juego la desidia de Warhol y la timidez con la que se movía por ciertos ambientes. De ahí surge una de las muchas contradicciones respecto a su persona: ¿Cómo un artista tan sigiloso en lo personal llegó a convertirse en un excelente “famoso”? A simple vista pudo ser un proceso natural, pero, analizando un poco más el entorno y qué representaba Andy para toda una generación, me arriesgaría a decir que “la montaña fue a Mahoma”. La noche neoyorkina debió más a Warhol que el mundo del arte.

Es en esta faceta clave donde vuelve a sorprendernos. Warhol nunca daba importancia a su obra plástica, es más, tendía a despreciarla en beneficio de su pasión cinematográfica. En las entrevistas insiste en el papel alimenticio de sus pinturas y en lo cansado que, en ocasiones, estaba de ellas. Lo que está claro es que Warhol, pese a la aparente despreocupación que emitía por su obra y la escena artística en general, estaba al corriente de lo que se cocía a su alrededor, un radio muy amplio que incluía la costa oeste y Europa, a la que no terminaba de acostumbrarse. Porque, pese a toda la transgresión artística y social que pueda haber en sus declaraciones, Warhol respetaba a su país y encontraba en el imaginario de la clase media su mayor inspiración. Era a su manera un patriota y, pese a lo que digan sus detractores, uno de los pilares de ese Olimpo artie llamado New York. Warhol era su Apolo, destrozaba casi sin esfuerzo los estereotipos y, a su vez, encandilaba a aquellos que se arrimaban a su sombra.

Decía al comienzo que Andy Warhol me desconcertaba. Tras la lectura de Entrevistas (o I’ll be your mirror, en su título original), me reafirmo, aunque con un pequeño matiz. No quiero entenderlo. Warhol es un icono y cada uno debería sacar sus propias conclusiones.

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