Para la mirada mediterránea, el mundo escandinavo evoca paisajes gélidos e inmutables, sobriedad y una apuesta constante por lo práctico y funcional. Más allá de estas ideas preconcebidas se encuentran los diseños de Cecilia Sörensen, finlandesa de nacimiento aunque afincada en Barcelona desde 1999, once años en los que ha tenido tiempo de trabajar para diseñadores de la talla de Antonio Miró, crear su propia marca y abrir una tienda en el corazón de la ciudad Condal.
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Helsinki, Southampton, Barcelona… ciudades diferentes pero piezas fundamentales en tu formación, ¿qué ha aportado cada una a tus trabajos?
Sí, el entorno es muy importante cuando uno trabaja en algo creativo. Estudié tanto en Helsinki, Barcelona y Southampton, donde las facilidades de la universidad eran increíbles, pero echaba de mucho menos una ciudad cultural, más cosmopolita y contemporánea. Había estado de intercambio del bachillerato en el año 93 en Barcelona, y por eso decidí venir aquí.
El hecho de trabajar en un país e entorno no familiar es muy interesante, vas totalmente por libre e independiente, no tienes que encajar en ningún molde preestablecido. Aquí se dice que mi estilo es muy escandinavo, minimalista, limpio…, pero creo que es mucho más femenino y sensible de lo que sería si viviese en Finlandia. Yo diría que la funcionalidad es lo finlandés de mi estilo, el diseño escandinavo va un poco por ese camino, de hacer de lo cotidiano bello.

En los últimos años, el público ha ido recuperando el gusto por lo artesano y duradero, algo que tú has defendido desde tus comienzos. ¿Qué piensas que esta “causa” se convierta en una moda?
Pienso que es una muy buena tendencia. Creo que viene de la desvaluación completa que han conseguido las grandes cadenas. Hace diez años igual te comprabas un jersey nuevo cada invierno. Se miraba, se probaba y se pensaba. Comprarlo significaba invertir lo que valía esa materia y la mano de obra, lo que significaba también una inversión por parte del comprador. La compra era algo planeado y la prenda valiosa.
Ahora hay jerséis a 14 euros, lo que significa que la gente, si quiere, los puede comprar cada semana o mes. Ya no hay que pensárselo mucho, ni casi probarlo. No hay que invertir ni dinero ni pensamiento. Eso también significa lamentablemente que la prenda ya no tiene el valor que antes para el comprador.
Eso ha desvalorizado por completo el trabajo para cualquiera que trabaje en moda y ha frivolizado el diseño. Pero vemos que ahora está cambiando, todos tienen el armario demasiado lleno de prendas sin alma, es muy estresante poseer y almacenar muchas cosas, por eso vuelve la tendencia de calidad en vez de cantidad.
Los diseñadores dependen mucho de la calidad de los fabricantes de tejidos, y es algo que puede variar muchísimo de una temporada a otra. Creo que es un aspecto que debería mejorar mucho. Tengo varias prendas de mi abuela de los años 50, por ejemplo, un abrigo que uso desde hace años y está impecable. ¿Por qué ahora, con toda la tecnología que hay, no se pueden hacer tejidos y piezas así?
Hay mucho green wash, sobre todo entre grandes empresas, pero creo que en el futuro lo que ahora ha sido más alternativo, eco, orgánico…, va a pasar a ser lo mayoritario.
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