Underdogs

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Jim O’Rourke: All Kinds of People Love Burt Bacharach

El año pasado “Visitor” supuso la vuelta de O’Rourke tras un largo hiato de su carrera en solitario, aunque siempre activo en diferentes proyectos como lo demuestra también el regreso con sus compañeros de improvisación electrónica con Fenn O’Berg. Su disco fue acogido con muy buenas críticas pese a ser un completamente instrumental, cortando con “Eureka” e “Insignificante” las dos últimas entregas que le dieron prestigio como compositor de canciones pop. Este disco tributo a Bacharach sirve para contentar a todos los que agradecemos la producción pop melancólica y dulce de este señor (aunque su vertiente folk instrumental también sea reverenciada).

El amor por el cancionero de Bacharach y Hal David no es nuevo, aparte del afecto como arreglista, si recordamos aquella magnífica versión del “Something Big” que contenía “Eureka”. Para este disco decide juntarse con amigos y autores japoneses (fruto de su traslado a Tokio) para reverenciar al gran maestro. El resultado, desprende amor por los cuatro costados. Desde el inicio, con el icono Harumi Hosono (una mezcla de Bacharach y Van Dyke Parks japonés, que a muchos les sorprenderían algunos de sus discos en los 70) nos embelesa con “Close to You”, que está cerca de “Please Patronize Our Sponsors” de “Eureka”. La aparición de Thurston Moore en “Always Something There to Remind Me” con un registro cercano a Belle & Sebastián, por ese ritmo marcado por el piano, se convierte en toda una suerte de revelación.

Kahimi Karie se encarga de un papelón tremendo al tratar de encarnar a Dionea Warwick en “Do You Know the Way to San Jose”. Obviamente, es imposible imitar la exhuberancia de esa voz, por lo que optan por un enfoque minimalista y otoñal que también funciona. “Trains and Boats and Planes”, es la que el bueno de Jim elige interpretar, consiguiendo una sinergia perfecta entre los dos mundos. Los aires bossa, también funcionan cuando Donna Taylor ataca el mítico “Walk on By” y cierra el disco. No todas las versiones funcionan del mismo modo a nivel vocal, ya que hay que tener en cuenta que no dispone de voces tan tremendas como las originales, aun así la detallada y cuidada producción es un aliciente de sobra para todos los amantes de Jim y demás luminarias pop como Stereolab, The High Llamas, Mice Parade o  The Sea & Cake. Qué bien hubiera quedado este disco con la Sadier, O’Hagan o Sam Prekop interpretando alguna de estas canciones… pero siempre podemos esperar a un volumen dos teniendo en cuenta que el repertorio de Bacharach es amplio y excelsamente mágico. Con todo lo dicho, bienvenido.

Por Fran Martínez

 

The Fall: Our Future Your Clutter

Por Fran Martínez

He perdido la cuenta de los discos editados por The Fall, (¿cerca de 30?), ni de cuántos de ellos me parecen una puñetera obra maestra. Con una formación estable desde 2006 y su fichaje por Domino, entregan un disco conciso, engrasado y contundente a partes iguales. Ya no hay duda de la genialidad de Mark E. Smith desde hace mucho tiempo por mucha mala uva que tenga. Estamos hablando de un tipo que con su música ha visto ya cuatro décadas diferentes, tres esposas (Elena Poulou la última y teclista desde 2002), infinitas formaciones… y una única premisa estable: derramar cinismo como bilis torrencial y ser herméticamente fulminante.

Desde el inicio de “O.F.Y.C. Showcase”, con un ritmo motóriko y marcial de batería y bajo, por donde se pasea el moog, Smith empieza con su fraseo delirante y nasal que me recuerda a “The Classical” (poca broma, hablar de algo como “Hex Enduction Hour”) para entregar un hit instantáneo. “Bury pts 1+3”, sigue siendo otra marcianada que empieza sonando a grabación de cuarto de baño para engrasarse de nuevo y sonar rocosa, peligrosa e intimidatoria. Como la declaración de imbatibilidad de “Mexico Wax Solvent”, después de pasar un año en silla de ruedas.

Otra sorpresa es la spaghetti western “Cowboy George”, con un inicio frenético desconocido en la discografía de The Fall (pocas cosas le quedan ya por hacer al bueno de Smith), con voces vocoderizadas que parecen sacadas del “Discovery” de Daft Punk al inicio de la canción, y terminando con el ruido de la guitarra y los sintetizadores envolviendo el aire de la oratoria desolada de Smith. Los momentos menos tensos son los protagonizados por “Hot Cake”, con sus divertidos coros y despeinados aires rockabilly, y “Funnel of Love”, versión del clásico de Wanda Jackson que se beneficia de la paleta sónica de la banda de Smith para sonar lúcidamente errático.

Cortes como “Chino”, nos devuelven con sus aires cavernosos y siniestros a la época de “This Nation’s Saving Grace” y la tremenda“Y.F.O.C. / Slippy Floor”, nos da un revolcón en los inicios de punk de catacumba transcurridos dos minutos, que nos dejan con un final inesperado con el sonido de grabaciones de campo. Chiflado y lúcido. Adjetivos perfectos para cerrar con la meditabunda “Weather Report 2”, que nos deja con la frase del disco: ”Nobody has ever called me sir in my entire life”. Una canción que empieza con un tono dulce y acaba peligrosa con sus aires al synth punk de Suicide o al oscurantismo de Throbbing Gristle o The Normal.

Al final de todo, tenemos otra razón para seguir creyendo que ser fan de The Fall no puede ser una equivocación.

Enlace: Domino

 

Flying Lotus: Cosmogramma

Por Fran Martínez

Resulta admirable comprobar la evolución de Steve Ellison, desde sus inicios más cercanos al hip hop instrumental de la Costa Oeste hacia una suerte de compleja y astral obra musical. “Cosmogramma”, como su nombre indica, tiene mucho que ver con alejarse de la conciencia. Aquí, podemos definir su disco al igual que los de su tía, la grandiosa Alice Coltrane, como “un sentimiento más que una melodía”. Un equivalente al “World Galaxy” de la señora Coltrane.

Flying Lotus, consigue alzar en “Cosmogramma” uno de los monumentos musicales más importantes de este año. De dimensiones colosales, sin duda alguna. La evolución desde su debut, pasando por “Reset” al tremendo “Los Angeles” (2008), con sus tres ep’s complementarios, era ya un punto de fuga que lo lanzaba a otro nivel. Ellison pasaba a ser considerado como un artista en nombre propio y no como un productor de hip hop. Su nombre se despegaba de Jay Dilla o Madlib, creando una personalidad intransferible. Su sello Brainfeeder, su familia, amistades (Stones Throw, Gaslamp Killer,Ras G,…) en lo personal y  remixes o producciones (la última en el celebrado “A Sufi and a Killer” de Gonjasufi), forjan el caluroso sentido de un disco que pivota en el 2-step inglés para convertirlo en un percepción interestelar. Canciones que en algunos momentos comparten un aire casi Boards of Canada como pueden ser “Zodiac Shit” o “Galaxy in Janaki”.

El disco empieza abrasando con “Clock Catcher” y sus sintetizadores para dar paso a la sutileza del arpa de Rebekah Raff y a una lista de amigos y colaboradores como el bajista Thundercat, Ravi Coltrane y el sensacional trabajo del arreglista Miguel Atwood- Ferguson durante distintos cortes del disco. La amistad con el arreglista de gente como Outkast o Erikah Badu le viene por su amigo y uno de sus principales valedores desde sus inicios como es Carlos Niño, que lanzó el año pasado un mini Lp con Atwood llamado “Suite for Ma Dukes”, ideal para relajarse y dejarse mecer en los atardeceres de primavera.
Todas estas presencias, confluyen en los complejos ritmos de Ellison, que parecen esfumarse por su corta duración, pero que van creando un espacio ingrávido donde acabarás flotando.
Señoras y señores déjense llevar.

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Scuba: Triangulation

Por Fran Martínez

Paul Rose es uno de los nombres claves del dubstep, tanto por sus lanzamientos, en forma de disco o maxi, como por regentar el sello Hotflush, que nos está dando algunos de los maxis más comentados en los últimos tiempos dentro de la electrónica inglesa, como son el aclamado “Hyph Mngo” de Joy Orbison, los dos eps de Mount Kimbie, Sigha o las barrabasadas del tremebundo Untold.

Una vez vertidas alabanzas sobre su olfato musical, cabe hablar de su música. Después de entregar su debut en 2008 con “A Mutual Antipathy”, ofreció una serie de maxis y eps que fueron expandiendo su nombre, especialmente “Klinik” y sus sesiones en Berghain, campo donde se encuentra a gusto como demuestra la sesión recientemente editada “Sub:stance”, o remixes demoledores para gente como, por ejemplo, Fever Ray. Sin olvidar que bajo el nombre de Abucs edita oscuros artefactos que siguen navegando en las posibilidades que le abre esta bass music.

“Triangulation”, nos trae a la cabeza música con vértices, puntos donde pivotar hasta alcanzar a juntarlos todos para dar lugar a una forma. Esta similitud se presenta en los lugares que ha escogido para conformar su nueva entrega: dubstep, techno y house. Todo se entrelaza de modo magistral y artesano, una vocación al detalle que, esta vez, alcanza verdaderos niveles de maestría. Aquella que pasó desapercibida en 2008, y que pone su nombre al lado de los ya conocidos y consagrados Martyn, Burial o Shackleton. Con todos ellos comparte un vértice. Con Martyn, la capacidad para abrir las ventanas y dejar entrar aires house y techno en el dubstep, con Shackleton la oscuridad de sus ritmos y la intimidación de los bajos y con Burial, el sentido de misterio que otorgan esas voces surgidas de lugares recónditos. Como pasa en “Before” o en “So You Think You Are Special”, hits instantáneos.

Estamos, sin lugar a dudas, ante un disco magnífico. Como el final de “Lights Out”, título apropiado obviamente para cerrarlo. Y otra cosa doy por cierta, cuando se apaguen las luces y suene esta música se mezclará una sensación de magia y misterio, como intentar ver que hay detrás de una noche con niebla.

 

Scott Tuma: Dandelion

Por Fran Martínez

Scott Tuma, en solitario o con Boxhead Ensemble, es otro de los principales renovadores del folk contemporáneo norteamericano. Su estilo ha ido regenerándose durante cuatro delicados discos, que empezaron con el inspirado “Hard Again” en 2001, y que le ha llevado a colaborar con distintos artistas (tremendo el disco junto a Mike Weis, “Taradiddle”) configurando en él un sentido de improvisación mucho más cercano a sonidos de vanguardia, como nos presenta en este caso “Dandelion”.

Disco que abren las breves y enigmáticas “San Luis Free 2E” y “Old Woman”, piezas que parecen perfectas compañeras para la banda sonora de algún thriller místico, como si el abuelito de “Una Historia Veradera” de David Lynch se convirtiera en un serial killer a lomos de su tractor o de perfecto acompañamiento a los relatos más rurales de Sam Shepard.

La paleta de sonidos y detalles adquieren una mayor complejidad en cortes de mayor duración, como la siguiente “Red Roses For Me”, donde el sonido de un banjo nos hace recordar a la escuela Takoma tangencialmente, ya que se ve envuelto en una maraña de drones y sonidos que envuelven una melodía de  mortecina melancolía que parece casi un salmo. Abatido y emocionante, casi un himno para las lágrimas de los decadentes personajes de Tom Waits. Menos mal que contamos con la breve belleza de “Oakum” para volver a darnos un respiro.

Respiro necesario, que también nos ofrece “Hope Jones”, para las composiciones más oscuras del disco que tensan las psicodélicas “Again and Again” y la expansiva “Free Dirt”, cercanas al drone y al ruido de un grupo como Pelt, repleta de sonidos de percusiones metálicas, trascendental feedback, vaporosas reverberaciones y fantasmagóricos ecos que se expanden para ampliar la paleta de sonidos de Tuma. Desde luego, son dos de las composiciones más intensas de su carrera.

Para cerrar, dos maravillosos cortes como “True History” o “Red Roses for Me”, donde el aire tradicional del blues y el folk se topa con las cacofonías de Durutti Column y las atmosféricas nanas de Loren Connors, la primera más melódica y la última, sirve como cierre meditabundo, jugando con los silencios y ensoñadores ecos.

En resumen, un disco pequeño de duración, perfecto para cualquier noche sosegada. Ahí, en esos estados de ánimo es donde realmente se hace grande y expande un soplo en el corazón.