Siguen pasando los años y su música sigue evolucionando con pausas, ganando matices, fragmentándose y estirándose en hipnóticos caminos de rareza y placidez. Es muy difícil ser exactos a la hora de clasificar a este trío australiano, que siendo propio de jazz (piano, contrabajo y percusión) conjuga sonoridades del ambient, exóticas, krautrock y minimalismo. Todo ejecutado con naturalidad, calma. Sus discos suelen estar formados por una sola pieza, o improvisación, cercana a la hora de duración. Sus discos, desde el enorme debut, Sex, en 1989 siguen intactos e inmarchitables en el tiempo y pasando de ser un rara avis para convertirse en una comunión completamente lógica de sonidos.
Silverwater, es un disco que comparte método con el Visitor de Jim O’Rourke, una apacible velada donde sobre un hilo conductor o un estado de ánimo determinado, se van sucediendo piezas pacientemente dirigidas por distintos instrumentos. Desde Chemist (2006), incorporan para el trabajo de estudio leves sonidos electrónicos, pasajes de guitarra y una producción que cuida, aun más, los pequeños detalles. Ellos tienen una manera única de inmersión en estas pequeñas improvisaciones estiradas hasta crearte una sensación de letargo y abstracción psicodélica, pero esta vez han decidido crear un recorrido donde varios fragmentos aparecen y desaparecen en completa armonía.
No seré el primero en agradecer las bondades del primer disco doble de los Flaming Lips (Zaireeka fue cuádruple), banda que parecía que nos tenía abandonados desde aquel paso de gigante que supuso The Soft Bulletin (1999), y que marcó la nueva época de una banda que supo encontrar nuevas vías de expresión después de un disco tan redondo como Clouds Taste Metallic (1995), que el tiempo lo sitúa como el perfeccionamiento y agotamiento del equilibrio en su forma de componer.
Tras el experimento y nueva dirección del anteriormente mencionado Zaireeka, la mano del ya habitual detrás de los mandos Dave Fridmann (bajista de Mercury Rev y afamado productor, una suerte de Spector del indie desde Deserter’s Songs y bandera de la madurez del indie psicodélico) tomó el mando de un exagerado The Soft Bulletin que tomó prestada la locura del Pet Sounds unido a las visiones espaciales y metafísica de un Wayne Coyne, las baterías distorsionadas de Steven Drozd (fundamental desde que se incorporó a la banda hará ya unos 15 años) y una muralla de sonidos que revoloteaban en un disco imposible con sus toques orquestales. Fantasía de Disney pasado de peyote.
Hace unos años nos encontrábamos con una nueva etiqueta musical: el dubstep. Pensábamos entonces que se trataba de la nueva broma a costa de reavivar el interés del lector de prensa y distintos medios en la red. Como todo ente en estado embrionario, necesita un tiempo de crecimiento para tomar rasgos definidos. Se le veía como la aproximación dub del grime, un reencuentro con el jungle y el drum’n’bass. El debut de Burial, unido al de Skream, Various Production y a las referencias de DMZ, casa de Digital Mystikz y Loefah, EL-B o Hyperdub, fueron llamando la atención de nuevo sobre la electrónica inglesa. La coyuntura lo es todo. Así, desde 2005-2006, vivimos el continuo auge de una música rodeada de misterio y nocturnidad. Pero desde que dejamos de preguntarnos si Aphex Twin, o cualquier otro clásico en el mundo de la electrónica, era realmente la persona detrás de Burial, podemos divisar nuevos caminos y ya estamos asistiendo a nuevas mutaciones dentro del género (el wonky).
Este curso 2009 se vienen a confirmar muchas sensaciones y deja una buena montaña de maxis, ep’s y discos que, no solo formarán buena parte de las listas de lo mejor del año, sino que definen el resurgimiento de la escena electrónica inglesa gracias a un estilo que se va haciendo permeable a nuevas fusiones. Este año, el dubstep toma refugio en vertientes IDM y house, incorporando una mayor presencia de sintetizadores, de sonidos de Casio ochenteros (arqueología del videojuego) y una vista más cercana al club que a la introspección.
Podría comentar las bonanzas de discos como: Shackleton (“The Three EPs”), 2562 (“Unbalanced”), Martyn (“Great Lengths”), Silkie (“City Limits vol 1”) o Mordant Music (“SyMptoMs”), Falty DL (“Love is a Liabiltiy”) por citar un ejemplo, ep’s de Rustie (“Bad Science”), enorme Lone (“Cluster Dreams”) o Zomby (“One Foot Ahead of the Other”). Sin olvidar, por supuesto, a toda la ristra de singles de Planet Mu, HotFlush, remezclas infinitas, maxis,… Y claro, el gran recopilatorio de la temporada “5 Years of Hyperdub”. Pero mejor voy a destacar algunos artistas de cosecha exclusiva de 2009, a los cuales, les prestaría una gran atención.
Florian Hecker, para los que lo conozcan, no se trata de un compositor de música electrónica acomodado o dócil. Todo lo contrario. Si te suena el sello Emego, también eres consciente del arsenal de ruidos incómodos y agresivos que suelen habitar en sus discos. Si tal vez te suena el nombre de David Tudor, como compositor cercano a John Cage y encima le añades al título la palabra acid, si aún así estás dispuesto a sumergirte en este laberinto, sólo tengo una cosa que decirte: No podrás resistirte a este disco. Un disco que supone una proeza de disparates sónicos, timbre y ritmos descerebrados, inconexos y casi ausentes en sus diez interpretaciones de abstracción, manipulación sónica y minimalismo digital. Tu paciencia (o locura) hacia este tipo de experimentadores marcará las impresiones que recibas del disco. Si estás chalado, súbete al carro. Cera de la buena.
Hecker
Acid in the Style of David Tudor
Emego; 2009
A veces, el trasiego de nuevos movimientos, nuevas escuelas y revisiones eternas nos hacen pasar por alto el rastrear a los artistas más longevos. El problema es que, en un campo con una capacidad de deformación constante como es la electrónica, la brújula nos juega malas pasadas. Pero cuando recuperas el rumbo, te encuentras con un disco estupendo como “We Hear You”, donde un zorro tan listo como Vibert sabe apuntar a muchos sitios y atinando. Sabe darle a las raices del hip hop, al funky, house, electro, techno, dubstep y a lo marciano. Pero no acaba siendo un disparate disperso y bizarro porque ante todo estamos ante una reafirmación de la imperecedera calidad de un músico que sigue sabiendo conjugar su pasado con sus nuevas fijaciones.
Le sale todo tan redondo y divertido, que no podemos resistirnos.
Inténtalo, si puedes.
Luke Vibert
We Hear You
Planet Mu; 2009
Autor: Fran Martínez Imagen: (c) Planet Mu Records
La trayectoria de bandas errantes siempre se dibuja, generalmente, por el aroma de la contradicción. Puedo recordar como en 2001, su disco “Sticks & Stones May Break My Bones…” recibía la atención de un medio como The Wire, que a su vez, inventó una etiqueta para toda una generación de músicos: “New Weird America”. Bajo esta bandera, podían leerse a fuego los nombre de Sunburned Hand of The Man o, de los que vienen al caso, NNCK (abreviando). Bandas tocadas por lo bizarro y el misterio psicodélico, reverenciando a Can o Sun City Girls. Cada movimiento era seguido y rastreado, pero desde “Qvaris” (2005), su trayectoria se emborrona y se torna polvareda. Un sinsentido después de editar el año pasado “Clomeim” en un sello como Locust. Así, ¿estas grabaciones del período 95-97 deberían pasar desapercibidas? No es algo aconsejable, estas radiaciones transparentes exigen ser recetadas.
No-Neck Blues Band
“At 6 A.M. We Become The Police”
Locust; 2009
La AJG Contemporary Art Gallery presentaba el pasado 11 de mayo la primera exposición individual en Espala del artista chilencio Joaquín Cociña (Concepción, 1980), una colección de obras divididas en dos series titulada Fantasmas, unos notables trabajos en carboncillo, herramienta vinculada por tradición a las obras abocetadas y que, en sus manos, adquiere una trascendencia [...]