Bonet y Munuera: El juego de la luna

Existen mundos atemporales en los que la gente aún recurre a la magia para explicar su día a día. Algo parecido podemos encontrar en Aldea, el escenario principal de El juego de la Luna (Astiberri, 2009), la elogiada obra de Enrique Bonet y José Luís Munuera. Nacida trece años atrás en una de esas charlas de cafetería que tan bien sientan a la inspiración de los artistas, la historia se muestra como un viaje iniciático rodeado de ternura y salpicaduras de crudeza, tan contrastadas como el estilo de Munuera, basado en una brumosa gama de grises que, de tanto en tanto, invita al intenso rojo a pasearse por sus páginas. Ciento treinta aproximadamente, suficientes para sumergirnos en Aldea y en las vidas y milagros de sus personajes, quizá el elemento más importante de la narración. Porque El juego de la Luna no es una historia de grandes proezas argumentales; su secreto está en la atmósfera y el desarrollo emocional de sus personajes, la capacidad de sugerir fantasía y resultar a la vez sólido, una suerte de realismo mágico en el estilo de García Márquez.

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Gran parte de los méritos de este cómic es la solvencia de la pareja al frente del proyecto: Enrique Bonet como curtido guionista (colaborador habitual de la revista Amaniaco y coordinador y participante de la web de humor Irreverendos.com) y José Luís Munuera como dibujante, uno de las muchos artistas despreciados por la industria comiquera nacional que fue recibido con los brazos abiertos en la vecina Francia, donde, entre numerosos y notables trabajos destacaríamos los cuatro álbumes de la serie Spirou, Sir Pyle y Nävis.

Texto: Oswaldo Reyes
Imágenes: (c) Enrique Bonet & José Luís Munuera

Enlaces: Astiberri