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Caribou: Swim

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Me puedo imaginar a Dan Snaith sentado delante de los capos de Merge exigiéndoles que su disco fuera publicado al inicio de la primavera. En cuatro minutos, quedaron plenamente convencidos de tal idea por el arranque de Odessa, canción de adelanto de un álbum que nos dejó groguis al instante por su jovial aire despreocupado y por contener en todo su esplendor el cruce de la extravagancia psicodélica de Snaith, recurrente desde que dejó atrás la electrónica indie de su primer álbum como Manitoba, unida al toque «pop electrónico» de Hot Chip, ese tono cercano a Erlend Oye bajo el alias de The Whistest Boy Alive y al caleidoscópico sonido del sampleo exótico característico de Panda Bear. Desde el primer momento, candidato a uno de los mejores singles para este año.

Este espectro colorido permanece durante el recorrido que Swim, una concreción al tecno pop de Andorra (2007), ofrece. Refinado con los toques de producción Jeremy Greenspan de Junior Boys y algunos amigos como Koushik o Kieran Hebden (Four Tet), músico con el cual siempre ha compartido en sus discos el gusto por unas percusiones llenas de groove.

El disco no se escapa de su habitual barra libre de géneros musicales y, ya que he nombrado el trabajo en la producción de Greenspan, citar Found Out como ejemplo de canción de corte cercano a Junior Boys si estos hubieran sentido una fijación mayor por los Zombies (comentario que para algún purista de los sesenta puede resultar absurdo, es lo que tienen los puristas). En otros momentos, parece cobijarse en Kompakt con Bowls. Concretando más, a otro amante del sonido de las campanas dentro del minimal: Phanta Du Prince (no hubiera desentonado nada en ninguno de sus trabajos); Gui Boratto mataría por ella igualmente.

No puede faltar el peaje kraut, para entregar esta vez un hit instantáneo como Leave House, que amplía la silueta de Dan Snaith dentro de un disco que se hace ameno y entretenido en sucesivas escuchas por ese minucioso trabajo de descubrimiento de sonidos encerrados: ese toque de estar como un cencerro en la mutación de Hannibal, versión dance de los Flaming Lips; y el final de Jamelia, pequeña odisea pop con la colaboración de Luke Lalonde (Born Ruffians).

A veces pienso que Disco Inferno deberían ser mencionados como los futuristas más grandes de la generación indie. D.I. Go Pop se traslada a Dan Snaith Goes Dance. Puede sonar menos trascendente y más etéreo, pero hay concordancias.

Le ha salido bien la jugada al bueno de Snaith. Supongo que tendrá ganas de divertirse durante su gira ofreciendo un directo que se acerca a parámetros de pista de baile. Aún hay que recordar aquellos conciertos de hace ya bastantes años, donde iba con su careta de conejo y acompañado por dos baterías. Y, ¡joder!, hemos pasado un invierno algo más frío de lo habitual. Tengo ganas de repetir tantas veces como él hace en Sun y que predominen los días soleados, las ganas de camiseta de manga corta y de terraceo con birras. Abrid las ventanas ya y sumergiros en la de Caribou.

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Categorías: Música, Reseñas

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