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Van Gogh y los Gigapíxeles

¿Qué hay tras el Google Art Project? ¿Un intento altruista de revitalizar la imagen social del museo o un velado mensaje hacia su gestión e interacción con las nuevas tecnologías? Sea cual sea la respuesta, la cuestión es que el pasado 1 de febrero se estrenaba la que es su web oficial, un ambicioso recorrido por alguno de los museos más emblemáticos del mundo, como el MoMA, la galería Uffizi o el Tate Britain. El motor, el mismo que sostiene una de las joyas de la familia Google: Google Street View. El resultado, naturalmente, espectacular, tanto que en el caso que nos ocupa resulta hasta excesivo, convirtiéndose en, más que un experimento filantrópico, un delirio tecnológico. Por otra parte, este Art Project es algo más que un “puertas abiertas” en tres dimensiones, cada museo presenta una selección de obras en alta resolución, en total unas mil obras que pueden ser exploradas libremente y, en diecisiete casos concretos, hasta extremos sorprendentes, ya que esta elite de lienzos ha sido fotografiada con una cámara de 7 gigapíxeles, o lo vendrían a ser 7 billones de píxeles, que suena más indecente. La parte curiosa es que, salvo por estos 17 magníficos (entre los que se encuentran La noche estrellada de Vincent van Gogh o El nacimiento de Venus de Botticelli como principales reclamos), todas las demás fotografías no aportan nada nuevo, pues desde que los museos tomaron contacto con Internet, las imágenes en alta resolución de sus obras están a la orden del día. La única parte llamativa, aunque recuerde a una playlist musical, es la posibilidad de crear “colecciones”, una selección personal de obras y vistas que posteriormente pueden compartirse con familiares y amigos. Cualquiera puede ser un comisario virtual y tener en su exposición a los mejores.

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De la Seducción: Dos Hoteles de Xavier Claramunt en Barcelona

Por Raúl Sánchez Molina

El juego de las reglas reversibles, que al contrario que las normas o las leyes, siempre pueden cambiar, darse la vuelta y acabar siendo lo contrario de lo que al principio eran, o al menos aparentaban ser.

Me gusta pensar que ésta es una de las obsesiones tras los dos hoteles que el EQUIP de Xavier Claramunt ha construido en Barcelona: el Chic&Basic, inaugurado en el 2006, y el Arc del Teatre, que abrió sus puertas hace no muchas semanas.

Más obsesiones: el juego de las apariencias en las telas que velan la imagen real (si es que existe) de las estancias, como el principal recurso de la insinuación del espacio: dejarse ver, aparentar, seducir semiocultando a través de superficies ligeras semitransparentes.

Es en el insistente trabajo (como demuestran los muchos estudios que pueden verse en su espléndida página web) en lo más característico de la tipología del hotel, en las habitaciones, donde este juego de las apariencias toma mayor valor. La perversión, en el sentido de aquél que pervierte el orden de los términos, aparece al situar los baños (término demasiado clásico para designar el conjunto de piezas diseminadas que en estos hoteles hacen la función de baño) junto a la fachada. Las duchas se separan del exterior mediante tan sólo vidrios y diversas capas de tejidos, insinuando las siluetas difuminadas de los ocupantes hacia la calle pero también hacia el interior de la habitación. Cristales tintados o diversos adhesivos añaden más capas de veladuras a la imagen final.

Ambos edificios son reformas de viejas construcciones (con ampliación en el caso del Arc del Teatre), en barrios densos y consolidados: allí donde el lugar y el contexto ya estaban inventados, se insinúa/aparece una nueva interpretación. Seguir leyendo »

 

Jo Milne: Belleza Matemática

Por Bill Jiménez

Pensamiento Profundo, la supercomputadora que aparece en la novela de Douglas Adams La guía del autoestopista galáctico, se tomó siete millones y medio de años para responder a la pregunta “¿Cuál es el sentido de la vida, el universo y todo lo demás?”. El ser humano, dominado por inquietudes parecidas, lleva siglos buscando una teoría que aúne todas las preguntas que la ciencia se ha formulado desde que despertara de esa pesadilla religiosa llamada Edad Media. La búsqueda, como todas las hazañas épicas, ha vivido momentos de gloria (como la escandalosa recepción que tuvieron las primeras teorías de Bernhard Riemann) e instantes de parcial miseria (como la frustración del propio Albert Einstein al ver que no completaría en vida su teoría unificadora), pero lo más importante, metidos de lleno en el siglo XXI, es que esa pregunta ya posee una respuesta factible, aunque, como todo en las matemáticas, a ojos del profano, sea un galimatías que va más allá del clásico “E=mc2”.
La llaman Teoría de las cuerdas, pero desde su desarrollo ha sufrido mutaciones y divisiones, entrando en juego conceptos como las “supercuerdas” o la “Teoría-M”.

Ignoremos por un instante la base de científica y centrémonos en lo que supondría para el ser humano demostrar fuera del papel esta teoría del Todo: saltos entre dimensiones, viajes en el tiempo, manipulación de energías inimaginables, y un sinfín de conceptos que, hasta el momento, se trataban exclusivamente en la ciencia ficción. Tal y como cuenta Michio Kaku en su libro Hiperespacio, resulta sorprendente que una de las literaturas más denostadas por la crítica sea en el fondo una inspiradora fuente de teorías científicas, en concreto casos de extrema veracidad como las novelas de Arthur C. Clarke o John W. Campbell.

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Grafiteros del renacimiento

Por Bill Jiménez

La temporada expositiva en la ciudad condal ha comenzado con buen pie, teniendo como principal virtud la variedad de sus propuestas. Pocas disciplinas se han quedado en el tintero, y por una de esas casualidades de la vida, dos galerías sin aparente conexión han propuesto dos exposiciones con numerosos paralelismos. Montana y Ras, ambas establecimientos con una galería anexa, ofrecen desde el mediados de este mes una muestra con los trabajos de tres artistas surgidos de la escena callejera y reconvertidos gracias al talento y la constancia en eminencias de sus respectivos países. Por un lado México con los trabajos de Dhear, Saner y Neuzz; y por otro, también por primera vez en una galería local, los franceses Dran, Bom.K y Sowat.

A estas alturas no os voy a hablar de la transformación que ha experimentado el grafiti en los últimos diez años. Las historias de adolescentes pintando a hurtadillas, huyendo de la autoridad y renovando los lenguajes artísticos urbanos son elementos de una mitología que ha dado grandes héroes y promovido sus obras entre un público que, por lo general, vivía bastante alejado de las salas de arte. En esa época dorada se formaron los protagonistas de México D.F. Nuevas estéticas del postgraffiti (ubicado en Montana Gallery) y Dibujar Mata Violente (en las instalaciones de Ras), seis artistas con un estilo único que reflejan la evolución y constante ramificación de una disciplina auténticamente contemporánea.

Analizando individualmente a los artistas expuestos, del triunvirato mexicano llama la atención la obra de Dhear, quizá la más surrealista. Sus paisajes invocan a una realidad onírica donde la naturaleza y sus habitantes están en constante mutación, un imaginario con guiños a Miyazaki y Moebius. Neuzz, en cambio, juega con el low brow y el folklore patrio para hablar de la fantasía y la muerte. Los cuentos “de espantos” de Goyito, su abuelo, sirven de excusa a las esculturas del Guajalote y el Nahual (ambos criaturas fantásticas y fantasmagóricas) para dominar uno de los muros de la galería e imponerse sobre otras obras tridimensionales, figuras en resina con la huella de Dhear. Y el tercero, Saner, recurre a otro elemento muy folklórico y latino: la máscara. A través de una colección de animales antropomórficos (cerdos pandilleros, lagartos músicos e incluso un mono que fagocita con exquisitos modales un enorme corazón), explora las ambigüedades que pueblan nuestra sociedad y todas esas mentiras personales que torturan a los seres humanos.

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Donde está el canino antes había un diente de leche

Por Patricia Salvatierra

Hace unos días salió a la venta el dvd de Kynodontas (Canino), la segunda película de Giorgos Lanthimos. Kynodontas es excelente e interesante, una combinación de géneros perfectamente harmoniados donde se encuentran ciencia ficción, terror o suspense, entre otros. Aunque en cierto modo es experimental y absurda, también es sorprendentemente clara, ingeniosa, satírica y perspicaz. Los planos estáticos y descolocados, lo claro y diáfano, la falsa harmonía del ambiente, el sexo animal, la sangre, la violencia, el genial juego y el diálogo filosófico con el lenguaje y el universo que se muestra en la cinta son algunos de los factores que hacen de Kynodontas una de las películas más perturbadoras del pasado año.  Lanthimos nos muestra el horror y lo oscuro disfrazado de luminosidad con una estética diáfana.  Por todo ello, no es raro que haya recibido galardones en prestigiosos festivales como Cannes, Sitges, Sarajevo o Syfy.

Al visionar Kynodontas es inevitable acordarse de un clásico del cine mexicano de los 70, El castillo de la pureza, con las magníficas actuaciones de Diana Bracho (The faces of the Moon; Y tú mamá también) y Claudio Brook (Cronos; Esperanza). La historia, basada en hechos reales, fue rechazada por  Buñuel y fue finalmente dirigida por su seguidor Arturo Ripstein.

Ambas se sitúan en una casa amurallada con una familia formada por padre, madre, hijo mayor y hermanas mediana y pequeña. Los hijos no han visto nada más allá de los muros de su casa. Las dos poseen un padre absorvente, dictatorial y loco que crea una utopía para su familia alejándoles del exterior. Se trata de universos basados en la mentira, con costumbres adoptadas por inercia que son creadas con unas reglas y ética falsas y con unas convicciones erróneas que denotan relaciones de poder. Gabriel Lima (El castillo de la pureza) instruye a sus hijos como soldados mientras que el otro padre lo hace como perros. En ambas, se forman microcosmos de los que, más tarde o más temprano, alguien querrá huír y, curiosamente, serán las hermanas menores.

En ambas casas los padres son los únicos que acceden al exterior. Muy pocas personas de fuera pueden entrar en sus respectivos universos. En la mexicana entra el inspector de sanidad que certifica el raticida que venden, y en la griega Cristina, la compañera de trabajo que se prostituye.

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