La conexión canadiense
Por Patricia Salvatierra
Desde que los Lumiére salieran a la calle a filmar secuencias de la vida cotidiana de los parisinos hasta lo que entendemos hoy por documental ha llovido mucho. Definir el documental es una ardua tarea que no voy a hacer ahora, pero sí puedo comentar qué parece estar sucediendo con él.
Hace ya un tiempo que el documental se ha desarrollado, llegando a nuevos relieves y temas. Incluso el público lo concibe de otra manera. En las últimas décadas, ha dejado de ser carne de televisión en canales autonómicos de segunda, para pasar por canales especializados (Discovery Channel, Animal Planet o People & Arts) y llegar a la gran pantalla en casos como El viaje del emperador, Rize, El mundo silencioso de Cousteau o La pesadilla de Darwin, por no hablar del sensacionalista Michael Moore, Al Gore con su verdad incómoda o la experiencia de campo de Morgan Spurlock en Super size me. Por supuesto, el siguiente paso después de la gran pantalla es el de la venta en DVD de dicho producto,y por otro lado, cada vez más, el documental se vale de la red para ser difundido. Así, no es raro que el documental de los canadienses Arcade Fire se pudiese ver durante una semana en Pitchfork, aunque ya estuviese a la venta desde hacía algunos meses.

Como vemos, existe otro género de documental alejado de los animalitos, las denuncias sociales y los intereses propagandísticos: el musical. Muchas son las bandas que se prestan a ser seguidos cámara en mano durante sus giras para mostrar a su público una nueva faceta, el backstage de su grupo favorito. Algunos de los ejemplos más recientes son Under Great White Northern Lights que documenta el tour que realizaron The White Stripes en Canadá durante el 2007; Anvil! The Story of Anvil rodado durante la última gira del grupo Anvil, y Miroir Noir, que muestra la última gira de conciertos de Arcade Fire a la vez que da a conocer parte del proceso de grabación de su segundo álbum, Neon Bible.
















