Me llamo Charles Saatchi y soy un artehólico

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Charles Saatchi es uno de esos seres humanos entre geniales y desconcertantes que te hacen dudar constantemente de si estás tratando con una persona o un personaje nacido para satisfacer a unos medios ávidos de mitos. En Me llamo Charles Saatchi y soy un artehólico, el coleccionista solventa cualquier expectativa alrededor de su persona enfrentándose con su brutal honestidad a una serie de preguntas surgidas de fuentes vinculadas en mayor o menor medida al arte. De las inquietudes de críticos, artistas y público surge un análisis exhaustivo de la escena artística del aún verde siglo XXI y el sentido de muchos roles en un circo en el que hasta los estornudos de un experto pueden detener la función. Saatchi lo sabe y juega con ello, aunque eche muchas pelotas fuera del campo gracias al sarcasmo o, directamente, despreciando toda pregunta tópica e insulsa.

El millonario publicista pertenece a la misma estirpe de entrevistados atractivos pero incómodos representada por Andy Warhol, maestros de la respuesta esquiva y cortante, pero al contrario que éste, el ego de Saatchi le permite hablar cuando tiene algo que vale la pena contar y, pese a los millones en arte que corren por sus manos, afirma como cualquier otra hijo de vecino que siente predilección por una marca concreta de cereales o por los frappuccinos de Starbucks.

Al margen de la personalidad de su protagonista, el libro confirma muchos tópicos que imaginamos cuando nos hablan de exposiciones, crítica y subastas de arte. Lo confirma, naturalmente, desde el punto de vista de Charles Saatchi, que no repara en dar los nombres y apellidos de la gente que respeta o detesta. Pero la esencia, esa sensación de que la especulación artística es una forma de vida y que los movimientos de hombres como Saatchi pueden suponer la gloria y miseria de un creador, no abandona las 175 páginas de un libro que no hace más que engordar la mezcla de adoración y odio que la industria (sí, industria) del arte tiene por él. A la pregunta «¿se ha aprovechado alguna vez de alguien en el mundo del arte?», Saatchi responde sin remordimiento alguno: «Si le preguntara al Dalai Lama, a la madre Teresa o a Mahatma Gandhi si se aprovecharon alguna vez de alguien, le mentirían si le dijeran que no. Así que póngame ahí arriba, junto a ellos. Gracias».