Como perros corriendo en círculos: el Canódromo de las artes

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Por Bill Jiménez

A comienzos de mes se hacía público el destino del Canódromo de la Meridiana, un espacio rodeado de incertidumbres y movimientos políticos y económicos de fondo.

Finalmente, tras una serie de especulaciones que siempre apuntaban a reconvertirlo en un espacio de creación artística, hemos sabido que, gracias a una inversión que se aproxima al millón y medio de euros, el viejo coliseo de galgos y liebres eléctricas será un espacio de investigación más orientado a las empresas del sector artístico y cultural que a los propios creadores en sí.

Es una buena noticia, no hay duda, aunque flote de fondo esa práctica tan barcelonesa de rentabilizar este tipo de propuestas antes de poner ideas sobre la mesa. Adiós a la esencia que parecía sostener el proyecto.

Respecto al canódromo, escenario por el que siento gran apego por formar parte de mi infancia, decir que fue construido en los años sesenta y que, tras esta renovación, contará con unos 1.300 m2 que conectarán, física y espiritualmente, con otros dos escenarios de naturaleza similar como son el Disseny Hub Barcelona y la Fábrica de Creació Fabra i Coats.

La noticia vendría acompañada de salvas y palomas blancas si no encontraramos entre las explicaciones de los representantes de la alcaldía en un interés adicional en dinamizar el distrito. Suena a caballo de Troya urbanístico, como confirman las instalaciones que, supuestamente, acompañarán al proyecto, unos centros educativos, deportivos y de ocio en un barrio que ha permanecido ajeno durante décadas a ese afán por parte del Ayuntamiento de sacarle brillo a la ciudad por encima de sus posibilidades. La proyección internacional de la que tanto gusta hablar en algunos sectores institucionales o institucionalizados.

En cualquier caso, estamos ante una de esas situaciones en las que ‘menos es nada’. Saber que las ideas de un grupo de jóvenes tendrán un nuevo hueco en la ciudad siempre es reconfortante. No tranquiliza tanto que el inicio de las obras se hayan proyectado para el próximo mandato. Podría ocurrir que, un futuro próximo, a algún concejal se le pase por la cabeza la idea de dotar al Canódromo de su función original o, quien sabe, venderlo a Mercadona. Pero bueno, yo solo entiendo de arte.

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