Daniela Ortiz, Black Round Table

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Por María Arranz
daniela ortiz black round table

Por María Arranz

La comparación a través del contraste es una estrategia que suele funcionar bien, quizá porque las dicotomías, al ser extremas, siempre resultan ilustrativas en una forma un tanto descarnada, creando esos claroscuros que evidencian las líneas de ruptura entre los opuestos. La artista Daniela Ortiz (Perú, 1985) se vale de la confrontación como herramienta en Black Round Table, una pieza de vídeo que se expone ahora en el Nivell Zero de la Fundació Suñol y que trata de reflejar los contrastes entre los grandes iconos de la arquitectura moderna y la vanguardia soviética y las imágenes de precariedad de barriadas y chabolas.

daniela ortiz black round table

La arquitectura moderna como utopía, como fracaso, como la muestra de que los juegos de luces, volúmenes y líneas de los arquitectos no eran, al fin y al cabo, nada más que eso: juegos. Los cinco puntos de Le Corbusier, la elegante sencillez en vidrio y acero de Mies Van der Rohe, el suprematismo de El Lissitzky o el constructivismo de Ródchenko sirven de marco para narrar cómo el urbanismo y la arquitectura que se hacen de cara a la galería no están en absoluto preocupados por mejorar la calidad de vida de las personas que habitan las ciudades. ¿Realmente la arquitectura moderna tuvo en algún momento la intención de poner la tecnología y los avances al servicio de las personas que habitaban sus creaciones? ¿En qué parte la idea se separó de la realidad para convertirse en una (de tantas) utopías modernas?

Frente a los grandes nombres de los arquitectos y sus obras, y extrapolando el contexto a la ciudad-galería y objeto de consumo que es Barcelona, Black Round Table muestra el trabajo de Gazama, un inmigrante senegalés que vive en la calle y que, desde su taller instalado en un portal de la calle Caputxes, construye muebles con sus propias manos, forjando así una utopía propia. Un cruce de historias que en apariencia puede resultar extraño pero que acaba logrando un punto de encuentro precisamente en el choque y la comparación. Le Corbusier creía que era posible cambiar el mundo a través de la arquitectura, Gazama trata de cambiar el suyo propio con sus manos. Un tejido de narrativas dispares que convergen en un mismo relato.

La exposición «Black Round Table» estará hasta el 1 de noviembre en el espacio Nivell Zero de la Fundació Suñol.

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