Eduard Cortés y las redes de Ingrid

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Por Bill Jiménez

Nos pueden decir muchas veces eso de que «la realidad supera a la ficción», pero hasta que no topas con una vida de película no te lo acabas de creer. Esta conclusión podría ser la base de Ingrid, el último proyecto de Eduard Cortés, un film basado en sus experiencias cibernéticas con una misteriosa fotologuera de fascinante (o según se mire, inquietante) vida, una de esas criaturas que tienen más de fuerza de la naturaleza que de ser humano políticamente correcto. Y aunque el resultado también se apoya en especulaciones, gran parte de lo que aparece en el guión es cierto, aumentando el interés por una producción que tiene, entre sus puntos más interesantes, una importante vinculación con las «ahora adoradas, ahora malditas» redes sociales.

El apartado técnico de Ingrid viene a ser un all-star de todos esos artistas que han sabido explotar las virtudes del ciberespacio, gente que muestra sus obras en sitios como Fotolog, MySpace, Flickr y devianART, y que, día a día, aumenta su batería de fans como cualquier otro creador mainstream. Cortés se ha rodeado de nombres tan emblemáticos como Micka Luna, Lyona y Manos de Topo (entre muchos otros) para confeccionar un producto que dialoga con el arte en su mismo lenguaje, con todos los riesgos que esa comunicación conlleva cuando te diriges a audiencias generalistas. Pero quizá esa sea la parte más grata del proyecto, salirse de los cánones aun a riesgo de parecer en exceso «moderno».

Como suele ocurrir en estos casos, son los resultados los que en el fondo hablan, aunque jamás desmerecerán el trabajo de un director como Eduard Cortés, que, aparte de correcto, imprime en sus obras un punto de riesgo digno de elogio. En cualquier caso, Ingrid marca un antes y un después en la forma de vender cine en este país, porque Internet es comunicación y el público sabio, y al igual que escucha, también quiere ser oído.
La virtualidad es secundaria.

Enlace: Web oficial

2 Replies to “Eduard Cortés y las redes de Ingrid”

  1. Ví esta peli en Sitges para acompañar a un amigo que tenía un compromiso y, la verdad, me pareció mala, bastante mala…

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