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Entrevista a El Colmillo de Morsa

Adaptar un estilo tan definido como el escandinavo al gusto del público mediterráneo puede ser una tarea tan osada como difícil. Jordi Espino y Elisabet Vallecillo, los diseñadores tras El Colmillo de Morsa, lo han intentado con excelente resultado, pero sus diseños, aparte de una suma de influencias, cuentan con más elementos definitorios. De la moda nórdica «nos atrae la sencillez acompañada de una ejecución impoluta, los patrones y el colorido, pero intentamos no seguir al pie de la letra esas “reglas nórdicas”. Intentamos cargarlo un poco más, pero sin ahogar la prenda. Mantenemos sobre todo unos colores y unos tejidos más del norte que del sur y el patrón lo hacemos más adaptado al público del mare nostrum».

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¿El Colmillo de Morsa? Para los que se pregunten el porqué de este nombre, decirles que «fue un poco casual. En un  brainstorming, leyendo un libro de bisutería, vimos cómo los antiguos habitantes del norte hacían bastante joyería con los colmillos de las morsas. Esos collares se nos quedaron grabados en la retina y de tanto repetir colmillo, collar, morsa…, decidimos llamarnos ‘el colmillo de morsa’. El nombre nos gustó porque era como algo feo y bello a la vez. Es una filosofía de marca: la belleza puede ser de muchas maneras».

Y la búsqueda de esa belleza les ha llevado a unas formas sobrias, apoyadas por colores neutros, de llamativas simetrías y «un punto étnico, de trabajo manual en algunas prendas que siempre intentamos mantener. Además, casi todo lo confeccionamos y trabajamos nosotros; somos bastante artesanales y quieras o no, eso le da una esencia diferente a la prenda». Respecto a esa artesanía, su posición en la polémica entre el diseño de las grandes marcas y los productos duraderos está muy clara: «Lo ideal sería que fueran cogidos de la mano. Las grandes marcas que ponen precios astronómicos tienen que tener un plus, y un factor es el artesanal. Si te fijas, las marcas pronto moda “pagan” el precio de trabajar a gran escala; las grandes producciones trabajan con materiales más económicos y no suelen permitir el plus de lo artesanal porque encarecería demasiado el producto. Creemos que hoy en día el público ya está cansado de productos que únicamente cuentan con el frívolo y efímero valor simbólico de una tendencia pasajera».

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Como buen equipo creativo, Jordi y Elisabet tienen un procedimiento que complementa sus ideas. «Aunque cada uno domina más una cosa que la otra, siempre acaba siendo un trabajo de dos. El inicio es un poco dispar; cada uno se impregna de las influencias e inquietudes que le rodean y luego lo ponemos todo en común, con confianza mutua y sabiendo decir esto sí o esto no». El resultado: unas piezas que contentan por igual al público masculino como femenino. «Nos gusta diseñar para los dos, intentamos adaptar los mismos patrones, tampoco nos identificamos con la feminidad tópica, así que trabajamos bajo una concepción polivalente que une ambos sexos».

En cuanto al futuro, El Colmillo de Morsa se presenta abierto al cambio: «Ahora nos ha dado por cambiar el rollo, dar más vida a nuestros diseños. Estamos experimentando con colores vivos, como violetas, verdes… Respecto a los materiales, siempre nos decantamos por los naturales». Unos planes de futuro que esperaremos con impaciencia y con la expectación que genera la calidad.

Por Bill Jiménez

Escritor y periodista digital, aficionado al arte y a las narrativas surgidas del ciberespacio, con las que ha experimentado en los últimos años a través de blogs, fanzines, webcómics y manipulaciones fotográficas.

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