El fin de la era ‘Lost’

Por Laia Ordóñez

Atención: ¡Spoilers!

Se acabó lo que se daba. Lost emitió su último capítulo la madrugada de ayer a las 6:30h (hora española) en Cuatro, y a los pocos minutos de terminar ya podían leerse los primeros comentarios en foros, blogs, tweets y demás. La primera impresión es que la finale no ha gustado, o por lo menos no se ha acabado de entender. ¿Qué ha sucedido en el final de Lost? ¿Estaban todos muertos desde el principio? ¿Se ha confirmado la (temida) teoría del purgatorio que corría ya desde la primera temporada por internet? En absoluto. He aquí algunas de las claves para comprender y valorar el final de la ya mítica serie de la ABC.

La realidad de la isla y la realidad paralela

La controvertida teoría del purgatorio defendía la idea de que todos los ocupantes del vuelo Oceanic 815 morían en el primer accidente y entraban en un limbo representado por la Isla. Pero la finale nos ha dejado claro que los hechos son distintos: los personajes sobreviven al primer accidente, logran salir de la Isla y regresan a ella en el vuelo de Ajira. Han estado vivos todo este tiempo, y todo lo que han vivido ha sido real.

Lo que no corresponde a su vida física es lo que ha sucedido en la realidad alternativa que se ha desarrollado en paralelo a la acción en la Isla durante la sexta temporada. Esta realidad parece ser un purgatorio, limbo o no-lugar al que los personajes van cuando mueren, y en el que viven una existencia que les permite corregir o evitar los errores que cometieron cuando estaban vivos. En este no-lugar, los personajes tienen la posibilidad de redimirse y evitar repetir los malsanos patrones de comportamiento que les perdieron en su vida real.

Perdidos y reencontrados

Ya en la primera temporada, Damon Lindelof apuntó que los personajes de Lost no sólo estaban perdidos en una isla, sino también perdidos en sus vidas personales. Jacob lo corrobora haciéndoles saber que fueron escogidos porque no tenían vínculos sustanciales fuera de la Isla. Siempre han sido, en definitiva, un puñado de personajes a la deriva intentando hacer de sus hazañas una cruzada que diera sentido a sus existencias, una razón de ser.

¿Pero cuál es esa razón de ser? La razón de ser es la salvación proporcionada por los lazos de dependencia que, gracias a la experiencia en la Isla, han establecido entre ellos. Ya no están perdidos, porque se tienen los unos a los otros. Pero más allá de eso, el purgatorio les ha permitido tomar conciencia de aquello que nunca han sabido de sí mismos: su estado real.

En sus vidas, todos los personajes ignoran que están perdidos y, al ignorarlo, se pierden cada vez más. Se encuentran una y otra vez en esa metáfora de la perdición que es la Isla, y comparten aventuras a la búsqueda de un sentido que, en realidad, está en el hecho mismo de haberse encontrado. No comprenden que todos se hallan en un estado común y que en realidad son lo mismo.

Pero entonces, ¿qué pasa con la Isla? Probablemente, la Isla no sea tan importante. O sí, pero sólo como escenario de conquista de la fe (en los demás y en sí mismos) que viven los personajes. ¿Importa que no sepamos qué es la Isla ni dónde está? Seguramente no. Lo que importa es que un grupo de personajes descreídos y sin autoconciencia acaban creyendo en el valor y el sentido de sus propias existencias, en tanto que individuos y en tanto que colectividad.

Es posible que la Isla no sea más que el símbolo de una verdad trascendente que debe ser desentrañada y que los personajes sólo comprenden cuando se reencuentran en el limbo. Porque es sólo en ese no-lugar, en ese reencuentro, donde dejan de estar perdidos: por un lado, comprenden que se tienen los unos a los otros; por otro, por fin toman conciencia de su verdadero estado, común, compartido: no ya la perdición, sino la muerte.

Los cabos sueltos

Eso no quita que muchos fans se hayan sentido decepcionados por el hecho de que muchas tramas hayan quedado abiertas o hayan tenido un final abrupto. Y con todo el derecho. Durante años, se nos han presentado como cruciales un gran número de acontecimientos que al final han resultado ser insustanciales, y es comprensible que como espectadores nos sintamos timados.

Pero es la lógica del show business. Crear tramas innecesarias ha permitido a la ABC mantenernos enganchados durante años y rentabilizar la serie a través del merchandising, los videojuegos y otros productos licenciados. Del mismo modo, un final con cabos sueltos permite atarlos en otros soportes, como por ejemplo en los Extras de los DVD. No olvidemos que Lost ha sido concebida como una máquina de hacer dinero: de algún modo hay que seguir dándole coba al business.

La polémica del final

Puede gustar más o menos que los guionistas hayan decidido dejar incógnitas por resolver, y puede juzgarse esa decisión como fruto de la premeditación o de la necesidad: eso nunca lo sabremos. Pero el desenlace que tenemos es el que hay. Y este final convierte a Lost, de manera quizá inesperada, en la historia de una dilatada epifanía que desemboca en un canto a la fe y a las relaciones humanas como respuesta ulterior al sinsentido de la vida. Habrá quien no esté de acuerdo, pero creo que esa sola reflexión es suficiente para dignificar el infierno que han atravesado los personajes (y nosotros con ellos) durante seis temporadas.