El héroe de las mil caras

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Por Bill Jiménez

El único desliz (por llamarlo de alguna forma) cometido por el Fondo de Cultura Económica, editores de ‘El héroe de las mil caras’, ha sido ubicar esta obra dentro de su colección de «Psicología, Psiquiatría y Psicoanálisis». Motivos no les faltan, porque una de las columnas del libro y de los estudios de su autor, Joseph Campbell, son los trabajos de Carl G. Jung, y en concreto, sus famosos arquetipos. No en vano, el protagonista de la narración es uno de ellos, quizá el más popular y evidente de todos: el héroe. Pero hablo de posibles errores porque el libro es algo más que una relación de mitos y paralelismos psiquiátricos. ‘El héroe de las mil caras’ es, además, un ejercicio antropológico y de mitología comparada, ese terreno farragoso que muchos tildan de fantasía y que, en el fondo, no es más que un jardín lleno de símbolos milenarios. Así, a través de las aproximadas 370 páginas de la obra, Joseph Campbell desgrana el mito del héroe y analiza su origen, su papel en la historia de las mitologías y el viaje que éste inicia en nombre de la prosperidad que mantiene a su universo en funcionamiento.

Un viaje fabuloso que en el libro queda dividido en dos bloques, con una primera parte centrada en la aventura del héroe, ese proceso que incluye una partida, una posterior iniciación llena de obstáculos y su retorno a un mundo que, por lo general, transformará con sus nuevos conocimientos. Y aún así, el suyo no es un viaje individual, pues tras los Odiseos, Krishnas y otros héroes se esconde la mismísima humanidad, un colectivo repleto de miedos que con el paso del tiempo quizá hayan cambiado de forma pero que, ciñéndonos a su esencia, son tan vigentes como hace cinco mil años.

En la segunda parte del libro, Campbell habla del héroe en sí, de su relación con el cosmos y su entorno. El héroe tiene padre, madre y una relación con el universo que condiciona su desarrollo. De ahí surge un rol definitivo que puede encumbrar por igual al santo y al monstruo. En este punto es donde se suceden las analogías más acentuadas, las que sorprenden por su parecido con los obstáculos y dramas que mueven a las sociedades modernas. Campbell demuestra que Jung y los clásicos griegos no viven tan lejos. Pero el aspecto más meritorio de la narración de Campbell es su facilidad para ordenar y desarrollar referencias sin caer en el tedio o convertir su trabajo en una lectura difícil. El héroe de las mil caras es un ensayo asequible dentro de un género caracterizado por los excesos bibliográficos; y sin proponérselo, se convierte en la mejor pieza de un sabio de las religiones (aparte de historiador y filósofo), únicamente superada por Las máscaras de Dios, su magna obra, cuatro volúmenes hasta cierto punto comparables con la desmesurada ‘La rama dorada’ de Sir James G. Frazer, el peso pesado por excelencia de antropología. En cualquier caso, El héroe de las mil caras, pese a publicarse por primera vez en 1947, sigue siendo un referente actual y válido a la hora de comprender por igual los mecanismos de la religión y el arte de contar historias, necesidades sociales que han guiado a nuestra raza hasta el presente.

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