Emoji Dick: El libro escrito con emoticonos

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Por Bill Jiménez

Los elementos de esta reseña son tan variados como dispares. Por un lado tenemos a Moby Dick, el clásico de Herman Melville, uno de esos libros universales que no necesitan presentación. Por el otro un fenómeno importado de tierras niponas llamado Emoji, una de esas locuras sociales que tan bien funcionan en Oriente y que, en los últimos años ha supuesto una revolución (o involución, según se mire) comunicativa. Los emojis son, en esencia, emoticonos. Sí, como los que puedes incluir en un mail o chat, aunque orientados a la mensajería móvil. En Japón causan furor y han obligado a algunas compañías a adaptar su oferta a una demanda que crece exponencialmente al catálogo de estos diminutos gráficos.
El tercer elemento en discordia es una discutida red colaborativa, el Amazon Mechanical Turk, donde cualquiera puede poner a prueba a los demás por una compensación económica, en la mayoría de casos, irrisoria. Normalmente son pequeños trabajos, desde testear videojuegos a completar pequeñas encuestas, tareas por las que te puedes sacar unos céntimos (literales). Los detractores se quejan de que no hay forma humana de hacer dinero; los partidarios abogan por el cooperativismo y la hermandad de los usuarios.

Y una vez presentados los ingredientes, ha llegado el momento de explicar la receta:

Cogemos la novela de Melville y pedimos en Mechanical Turk que se traduzcan las, aproximadamente, 10 mil frases que la componen al lenguaje emoji. Por cada traducción se pagan 5 céntimos y llegan a colaborar unas 800 personas en el proyecto. Pero, como de una misma frase pueden surgir varias interpretaciones, se vuelve a pedir a la comunidad que vote las mejores por 2 céntimos el voto. Tremenda democracia supone 3,795,980 segundos de trabajo, siendo el resultado un libro que, para rizar el rizo, se imprime gracias a las donaciones de 83 personas a través de la plataforma Kickstarter. Afortunadamente, traductores y donantes tienen un ejemplar con su nombre y una frase de su elección impresa en la contraportada, una suerte de posteridad sin lucro muy común en estos tiempos.

El resultado deja sin palabras, la imagen se ha impuesto sobre ellas, y la novela que destacó por su variado simbolismo se convierte en un documento a la altura de un jeroglífico egipcio. ¿Locura o arte? Lo único claro es que la clásica unión que hace la fuerza ha encontrado una reválida en Internet. ¿Llegará el día en que hablemos de una utopía virtual?

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