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El paisaje y la huida: entrevista a Mareo Rodríguez

8 febrero 2017 - Entrevistas

Los seres humanos han establecido durante siglos una intensa conversación con y por el territorio, un concepto que la historia ha definido a partir de imperativos legales y dosis de abstracción geográfica. Las relaciones de dominancia entre el territorio y el habitante, donde nunca queda del todo claro quien ejerce control sobre el otro, son ineludibles al contemplar las obras que Mareo Rodríguez presentó el pasado enero en Galería CAGE, un espacio de reciente inauguración en el Born barcelonés. La Galería CAGE destaca por sus características híbridas, con un amplio espacio destinado al coworking y la sección habilitada a modo de galería de arte. Esta fórmula mixta sostiene a la parte artística de la inevitable cojera económica a la que se arriesga cualquier espacio expositivo, pero a su vez le da alas para que desarrolle un discurso sólido y regular.

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“Scapes”, de Mareo Rodríguez.

“Scapes”, título de la muestra con la que la Galería CAGE inicia su andadura, recupera los temas que han caracterizado a la producción de Mareo Rodríguez desde sus inicios: el terreno y sus orografías, así como las conexiones emocionales e intelectuales que se desarrollan a partir de sus rígidas y, no por ello cambiantes, formas. “Scapes” surge de la palabra landscapes y juega con un interesante doble sentido. “Es un juego de palabras vinculado al paisaje, pero también habla de escapes, de la huida que para mí es el arte. Habla de su significado más allá de las ideologías. Una vía de escape a través de los mundos interiores que construimos. El paisaje es aquí algo más que un territorio, también es un estado emocional, un lugar contemplativo”.

Contemplación que remite al romanticismo de Caspar David Friedrich, donde el paisaje como objeto adquiere connotaciones sublimes y establece intensos diálogos con el observador. En su caso, más que a las preocupaciones románticas, “Scapes” apunta a la estética de Hiroshi Sugimoto, el fotógrafo japonés. “Scapes” es “una serie monocromática, donde el blanco y el negro me permite tratar la dualidad entre luz y oscuridad, así como la lucha que se establece entre ellas. El monocromo es un acercamiento que ya hice anteriormente con el objetivo de eliminar distracciones, que los sentidos no solo fueran a la forma, también a la esencia. El blanco y negro aporta aquí una dimensión atemporal”.

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“Scapes 17”, Mareo Rodríguez

Otra de las influencias en torno a “Scapes” es “El elogio de la sombra” de Junichiro Tanizaki, en donde también “se habla mucho de los silencios y su relación con la sombra. Solemos temerla y tendemos a buscar la luz, pero en esencia, no dejan de ser lo mismo. Una no puede existir sin la otra. Encuentro mucha belleza en la oscuridad, de ahí que mis obras tengan un componente nocturno. Casi todas están pintadas sobre una base negra que, progresivamente, he ido iluminando”.

Aparte de la inspiración proporcionada por Tanizaki y Sugimoto, “Scapes” continua el trabajo iniciado en la serie “Estamos hechos polvo”, presentada el año pasado en el Centre Civic Urgell. “Estamos hechos polvo hablaba del desgaste de la materia y como el plano material, el plano terrenal en el que nos encontramos, caracterizado por su peso, se va liberando poco a poco de esa materialidad hasta volverse etéreo.

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“Scapes I: El camino”, Mareo Rodríguez

La muestra incluye veinte piezas pictóricas y una escultura que ejerce de centro. Todas ellas son obra reciente que “hablan de las frecuencias y del lenguaje telúrico de la tierra, cómo este se reconforma en diferentes topografías, las triangulares en especial, como la figura de la montaña, a modo de ascensión y búsqueda de una luz.

A Pavel Moreno, director de Galería CAGE, le llama especialmente la atención cómo los sentimientos influyen en la apreciación de las obras. Mucha gente habla de ellas como un mar, ¡una tempestad, fuerza… otra gente, en cambio, ve calma, ve una montaña… Esta similitud entre objetos de la naturaleza deja en segundo plano el hecho que lo representado sea mar o montaña.

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Pero sí que es cierto que la montaña juega un papel fundamental en la obra de Mareo Rodríguez. “Vengo de Medellín, que es un valle que siempre tiene la cordillera como telón de fondo. Es un referente visual inconsciente. El subir y bajar de la montaña se relaciona directamente con la ciudad. Esta mirada desde arriba y desde abajo conecta también con mi formación de arquitecto. Empecé con la arquitectura pero luego continué con las curvas topográficas.

Cuesta discernir el recorrido de ambas disciplinas y saber cuál de ellas ejerce sobre la otra una mayor influencia. Mareo Rodríguez lo tiene claro, “las disciplinas están en una conversación constante. Antes de iniciarme en la arquitectura ya pintaba paisajes, ya existía la fascinación por la montaña, y digamos que la arquitectura me permitió explorar la tridimensionalidad, la vertiente escultural. Digamos que mi pintura es más expresionista y mi escultura, geométrica. Hay dos líneas de trabajo que se complementan aun siendo muy diferentes. De la pintura extraigo la manchas, la intensidad en la aplicación de la espátula, la carga emocional; la otra línea es un proceso matemático, de formas más definidas, medidas y exactas.

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“Cosmos III”, Mareo Rodríguez

Un ejemplo de esa faceta escultórica se encuentra en “Emerging topographies”, la escultura que presentó el verano de 2016 en Biella, Italia. “Una topografía de tubos de metal que forman un contorno. La escultura mide 9×9 metros de base y hace tres de alto, en el caso de las piezas más altas. Es un bosque de cilindros metálicos con diferentes alturas que podías atravesar. En ella exploré temas como el reflejo, ya que, según tu perspectiva, proporcionaba una percepción distinta. Digamos que el paisaje trataba de introducirse dentro de la estructura a través del reflejo y así mimetizarse con el contexto”.

Esta conversación constante entre arquitectura y pintura desemboca en el discurso. No existe, por su parte, la intención a que una se imponga sobre la otra. “Son dos lenguajes diferentes. Utilizan distintos recursos para que pueda expresar mi interés por el territorio. Son dos formas de exponerlo, dos métodos de exploración. No me caso con una técnica concreta, mi compromiso es con el discurso y cómo alimentarlo.”

 

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