Cuando te documentas de un tema concreto, corres el riesgo de leer más de la cuenta y embarcarte en una búsqueda de conocimiento innecesaria, algo muy habitual en este medio intangible que es Internet. La verdad es que yo sólo quería hablar de un videojuego, pero no me pude resistir al trasfondo que lo acompaña, el mismo que me condujo a la vida y milagros de un físico y matemático inglés llamado Freeman Dyson. Pues este señor octogenario, en su momento propuso algunas interesantes teorías para la comunidad astronómica, entre ellas un concepto que la historia bautizaría como el Árbol de Dyson. No entraré en detalles, pero en pocas y rápidas palabras plantea la hipotética existencia de una planta genéticamente alterada que pudiera crecer en un cometa y así sembrar el universo de atmósferas saludables para la humanidad.

¿Fascinante, verdad?

Pues eso pensaron Alex May, Rudolf Kremers y Brian Grainger, el trío de desarrolladores independientes encargados del proyecto que, en un principio, iba a llamarse Dyson y que, tras algunos cambios de última hora, pasó a denominarse Eufloria.
Como os podéis imaginar, la idea de Eufloria es simular en tiempo real el crecimiento de una de esas plantas, consiguiendo que se expanda, se defienda de otros organismos invasores y, según nuestra estrategia, gane terreno a base de conquistas.
La idea es excelente y el entorno inmejorable, y como va siendo habitual en esta clase de juegos, lo que impera es su atmósfera y física. O sea, buena música ambiental y una gravedad hiperrealista, la enésima muestra de que hay gente empeñada en hacer de los videojuegos un ejercicio intelectual más que lúdico.

Y si os cuesta creerlo, el siguiente video tendría que convenceros.

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