Pura Técnica, Puro Descaro

filmoteca de catalunya

Por Raúl Sánchez Molina

Pura técnica, casi sin acabados’. En el Raval, entre lo mejor y lo peor de la ciudad, podría ser ésta la premisa más contextualista para el nuevo edificio de la Filmoteca de Catalunya.

Puro descaro, casi sin ocultar, une el edificio a la pobreza contrastada con la opulencia del barrio, los decadentes bares de prostitución y los restaurantes exquisitos, las atiborradas tiendas de baratijas y las boutiques de súper-diseño, los laberínticos callejones y las soleadas y anchas nuevas aperturas.

Es en ese hacer y deshacer, en ese aprovechar lo viejo para traer lo nuevo, en esa continua destrucción y creación, donde se inscribe el actual momento de construcción del nuevo edificio de la Filmoteca. Quizá sea éste uno de los momentos más interesantes que vaya a experimentar este edificio; su construcción lleva implícita la destrucción, y los rastros de una y otra son una clara metáfora del Raval.

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El edificio, aún en fases posteriores a la construcción, se pretende rudo, natural e inacabado, según palabras de Josep Lluis Mateo, y así es tal cual se muestra ahora: la estructura aparece cruda y directa, cables de forjados postesados se asoman en las esquinas como las prostitutas justo enfrente, vigas de acero sin recubrimientos y pantallas de hormigón visto con ásperas texturas incitan al tacto más allá de las vallas de protección.

El edificio se sitúa en la estética de los productos afectivos contemporáneos. Objetualmente la aproximación al lugar es impositiva y hedonista, donde la perfecta definición y alineación de sus dos fachadas largas contrasta con la fragmentación y el escalonamiento de los dos frentes cortos, que hacen descaradamente el papel de cabezas del objeto.

No existe una sucesión de planos que definan el edificio, no es posible un fotomontaje del mismo, el edificio requiere la cámara en localización fija con plano fijo en un larga secuencia inmutable, un tour de force, puede que sea así como la construcción se aproxima a una cierta forma de hacer cine que no necesita del diálogo, sino tan sólo de la imagen. Este edificio se mira en Antonioni.

Los dos cines se situarán a seis metros bajo tierra en un efecto deliberado de descenso a los infiernos, bajo la plaza que se abrirá entra la Filmoteca y la calle Robadors; las zonas públicas estarán sobre rasante, la biblioteca se abrirá al exterior flanqueada por dos grandes paños acristalados, protegidos por mallas metálicas, comunicando la nueva plaza con la calle d’Espalter; la cafetería será accesible a cota de calle, pero en realidad todo esto da igual, porque el edificio, en su imponente presencia, no dialoga desde dentro,  sólo muestra su imagen.

Y también existe la promesa de prestar sus muros desnudos de hormigón exteriores para otras imágenes, para proyectar películas, esta vez imágenes en movimiento.

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Enlace: Mateo Arquitectura

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