Gafapastas Polarizadas: Esteroscopía, solipsismo y paquetes de datos

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Por Ivan R. Saldias

El pasado 23 de febrero Sony Professional organizó unas jornadas (tituladas The Power of Images) de presentación/venta de su nuevo hardware profesional: desde cámaras con GPS integrado en los metadatos de grabación, para rodar documentales en África sin perderte, a un aparato cuyo Ratio de color multiplica por 10 el de cualquier Panavisión de 35mm que use Scorsese y cuyo sensor CCD es del tamaño de un mejillón.

Entre los nuevos equipos, gadgets, inventos y demás, los asistentes observamos como los avatares de la vida han hecho que la industria, que trabaja para la industria de los sueños, rinda pleitesía al todopoderoso y narcisista Cameron.

En la foto: James Cameron y la cámara CineAlta F23 de Sony

Y es que de cara a las próximas navidades (y mirad si la cosa va en serio) empezarán a lanzar las primeras pantallas domésticas con reproducción esteroscópica dentro de la celebérrima línea de televisores Bravia (esa del anuncio de las bombas de pintura explotando sobre edificios de Edimburgo). Por lo que Sony aprovechó y nos ofreció una corta charla a cargo de Miquel Planchart, reputado esterógrafo (Ars Stereoscópika).

Tras esto asaltan dos preguntas: ¿Qué es exactamente el 3D? Y, ¿por qué ahora?

El 3D consiste en la visualización simultanea de 2 imágenes planas desfasadas entre sí por aproximadamente (difiere entre niños y adultos) 65mm, lo que se llama IOD (Distancia Inter-Ocular). Cuando vemos una película en 3D lo que hacen es lanzar sendas imágenes completas a cada uno de nuestros ojos que mediante la polarización de unas gafas que llevamos puestas rechazan alternadamente la imagen dirigida al ojo incorrecto.

Es el mismo efecto que cuando vamos al oculista a graduarnos la vista y tenemos una ventanita para cada ojo, sólo que repetido a la velocidad adecuada genera este «efecto 3D». Un efecto nada nuevo, pues el primer artilugio que lo usaba data de 1840 y consistía en unos binoculares y un par de fotos (gracias Sr. Planchart).

¿Y cómo irá la cosa a nivel doméstico? Pues por el módico precio de unos 2.500€ tendremos una Bravia con un micro filtro polarizador delante que dividirá las imágenes y las reproducirá. Luego nos tendremos que comprar unas gafas de la empresa Real-D (a unos 100€ la pieza y ¡no valdrán para ir al cine!) de unas 200-300hs de vida útil  para disfrutar de los éxitos comerciales del momento y de los videojuegos inspirados en ellos; todo, a priori, impirateable (¡Ja!).

¿Y por qué ahora? La respuesta la encontraremos fuera de los ámbitos de creación y fuera del mercado doméstico. A los realizadores, productores y demás no les interesa tanto el formato como a los distribuidores. El re-relanzamiento del formato 3D (hubo intentos en los 50 y en los 80) es, en realidad, una forma de presionar a los exhibidores para que digitalicen las salas y que a unos 3 o 4 años vista se supriman las copias en 35mm, sustituyéndose por los económicos DCP (Digital Cinema Package), paquetes de datos: largas líneas de ceros y unos que se reproducirán, curiosamente, en proyectores 4K marca Sony (los únicos con una tasa de transferencia suficiente para reproducir cine en 3D con soltura).

Toda una estratagema de marketing hiperbólica y petulante. ¡Como anillo al dedo, Mr. Cameron!

Nota: Para los interesados les remito al divulgativo artículo sobre 3D que este mes publica Cahiers du Cinema España.

Texto: Ivan R. Saldias

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