Génesis de Crumb: Y se hizo la luz

No son pocas las veces que mi tía-abuela, católica apostólica romana hasta la médula y más allá, me ha sugerido (por no decir ordenado) que debería leerme el sagrado libro de la Biblia. Me la ha presentado más de una vez en su casa en una edición maravillosa de más de tres kilogramos y, a mi modo de ver, demasiadas páginas con bordes dorados. Se supone que leerse un libro (un librazo) de estas características les puede parecer a muchos un gran desafío, por no decir un solemne aburrimiento. Éstos se preguntarán qué puede tener de gratificante semejante experiencia divina mientras que otros, como mi tía, se cuestionan cómo es posible que se les pase por sus tontas cabezas semejante pensamiento a los primeros. Como ella, son muchas las personas que encuentran en este libro la inspiración y las respuestas que necesitan y la base de muchos de sus comportamientos. Pues bien, esta vez sí me he reconciliado con mi querida tía en este aspecto, aunque haya sido a mi manera, y me he comprado el Genesis. Bueno, el ilustrado por Rober Crumb, uno de los dibujantes más mimados (y con razón) de la escena del cómic etiquetada como underground.

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En el Genesis se explica la creación del universo y del ser humano a imagen y semejanza de Dios, el Gran Creador ataviado, en la novela de Crumb, con la típica túnica blanca, poseedor de una mirada profunda y terrorífica (la del inquisidor, castigador y juez) y una barba enteramente canosa que ya le gustaría tener a Panoramix; además se muestran los inicios de nuestra plaga y el principio de la historia del pueblo judío. Por sus obras los conoceréis, y a Robert Crumb (Philadelphia, 1943) se le conoce sobre todo, por fantásticos proyectos como Mis problemas con las mujeres y las archiconocidas historias de American Splendor (en las que colaboró mano a mano con el guionista Harvey Kurtzman) publicadas en España por Ediciones La Cúpula. Dedicado ávidamente a dibujar desde los años 60, a día de hoy nos sorprende con esta adaptación del primer libro de la Biblia, siendo lo más fiel posible a la historia, salvo pequeñas interpretaciones personales en algún que otro personaje que le dan ese toque personal que a algunos tanto nos gusta. Cabe decir que su adaptación, dividida en los también 50 capítulos del original es fiel y a la vez muy explícita en cuanto al dibujo (seguro que demasiado para algunos sectores de la población), pero si no fuera tan explícita no sería tan Crumb.

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Te dé o no la inspiración y respuestas necesarias para vivir el día a día con entusiasmo y esperanza, porque alguien vela por los mortales, gracias a esta edición uno puede adentrarse fácilmente en los fascinantes relatos bíblicos y las estrambóticas vivencias de sus participantes, a los que Crumb dota de duras facciones y definidos volúmenes, cosa típica en sus ilustraciones. Relatos que, todo hay que decirlo, no tienen nada que desmerecer, repletos de errores humanos, difíciles decisiones y relaciones complicadas. Vamos, como el pan de cada día.

Texto: Patricia Raventós

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