George Condo

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Por Redacción

George Condo ha vuelto a la popularidad más mainstream gracias a sus colaboraciones en el nuevo disco de Kanye West. Tanto la portada del LP como su single “Power” han gozado del dantesco y polémico estilo del de New Hampshire, aunque, si bien esta publicidad es idónea para reactivar comercialmente sus obras, también es cierto que a Condo nunca le ha faltado prestigio. Haciendo un poco de memoria histórica (los ochentas parecen cada día más lejos), descubrimos a Condo entre una generación de artistas jóvenes, como el malogrado Basquiat, o icónicos maestros como William S. Burroughs, en la cúspide de una escena neoyorkina que, a medida que se acercaban los noventa, comenzaba a sentir cierto desgaste en cuanto a talento.

Condo, trabajador y al margen de toda tendencia, siempre tuvo un pie en su patria y otro en Europa, a la que idolatró en su juventud, aprendiendo de grandes maestros como Cezanne, cuyos retratos comparten esa visión del individuo que va más allá de la belleza clásica. La especialidad de Condo es hurgar en las virtudes y miserias humanas y darles formas aberrantes. En su producción no existe nada convencional: las formas no son ideales y la abstracción tampoco es lo suficientemente abstracta como para satisfacer a los amantes de las etiquetas. El propio Condo dice de su obra que viene a ser cubismo psicológico, aunque tiene más de lo segundo. En sus cuadros hay conflictos emocionales, sufrimiento y vulnerabilidad, en ocasiones recurriendo a la figura femenina y, en otras muchas, a criaturas deformes o, simplemente, feas. Su universo es una mezcla de la crudeza irracional de El Bosco y los dibujos animados de Tex Avery, una combinación de elementos que puede resultar tétrica a simple vista pero que, muy en el fondo, adopta la forma de nuestros más oscuros pensamientos.

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