Van Gogh y los Gigapíxeles

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Por Bill Jiménez
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¿Qué hay tras el Google Art Project? ¿Un intento altruista de revitalizar la imagen social del museo o un velado mensaje hacia su gestión e interacción con las nuevas tecnologías? Sea cual sea la respuesta, la cuestión es que el pasado 1 de febrero se estrenaba la que es su web oficial, un ambicioso recorrido por alguno de los museos más emblemáticos del mundo, como el MoMA, la galería Uffizi o el Tate Britain. El motor, el mismo que sostiene una de las joyas de la familia Google: Google Street View. El resultado, naturalmente, espectacular, tanto que en el caso que nos ocupa resulta hasta excesivo, convirtiéndose en, más que un experimento filantrópico, un delirio tecnológico. Por otra parte, este Art Project es algo más que un “puertas abiertas” en tres dimensiones, cada museo presenta una selección de obras en alta resolución, en total unas mil obras que pueden ser exploradas libremente y, en diecisiete casos concretos, hasta extremos sorprendentes, ya que esta elite de lienzos ha sido fotografiada con una cámara de 7 gigapíxeles, o lo vendrían a ser 7 billones de píxeles, que suena más indecente. La parte curiosa es que, salvo por estos 17 magníficos (entre los que se encuentran La noche estrellada de Vincent van Gogh o El nacimiento de Venus de Botticelli como principales reclamos), todas las demás fotografías no aportan nada nuevo, pues desde que los museos tomaron contacto con Internet, las imágenes en alta resolución de sus obras están a la orden del día. La única parte llamativa, aunque recuerde a una playlist musical, es la posibilidad de crear “colecciones”, una selección personal de obras y vistas que posteriormente pueden compartirse con familiares y amigos. Cualquiera puede ser un comisario virtual y tener en su exposición a los mejores.

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Por el momento las reacciones al Art Project son positivas. Algunos creen que aumentará la afluencia de público en los museos. Lo que se ha visto en Internet se querrá disfrutar en persona. Pero también hay voces que se han sentido ofendidas con la propaganda de Google, vendiendo su creación como si fuera lo mejor que le ha ocurrido a la museística en lo que va de milenio. Por suerte, tras la tormenta de marketing volvió la calma y, desde la propia dirección del proyecto se ha dicho “que nada superará a la experiencia en primera persona”, lo cual es un consuelo pero no resulta más tranquilizador, porque, aparte de engordar su ego tecnológico, ¿qué saca Google de este proyecto? Y, no menos importante, ¿qué beneficio (económico) obtendrán los museos?

Algo me dice que ni con una cámara de 7 gigapíxeles lo descubriremos.

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