H.G. Wells: Experimento en autobiografía

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Por Bill Jiménez

No voy a perder el tiempo hablando de las novelas de H.G. Wells, la mayoría ejercicios de anticipación sociológica que, pasado un siglo, siguen tan vigentes como en el día de su publicación. Hoy me apetece hablar de su vida y de la autobiografía que Berenice publicó el pasado 2009 de este precursor de la ciencia ficción, un contundente volumen de 768 páginas titulado Experimento en autobiografía.

Y en este experimento encontramos a un Wells agotado emocionalmente, escéptico pero no por ello impreciso con su pasado, una niñez condicionada por las precariedades económicas y, posteriormente, por el accidente que lo dejaría largo tiempo en cama, desencadenando una incontenible afición por la lectura y el deseo de ser escritor. De ahí pasamos a su educación, a su vida como adulto, a sus dos matrimonios y a otros tantos aspectos que no duda en describir con detalle, como la vida de un periodista en el Londres de principios del siglo XX, tan lleno de ideas y renovación.

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Wells no se deja nada en el tintero y tampoco hay tema que para él sea secundario. Empezando por la política y su relación con la Sociedad Fabiana, una suerte de socialismo tan utópico como pragmático; o su ascenso a las altas esferas sociales e intelectuales británicas, obtenido gracias al éxito de sus libros.

Y como hombre de fuertes convicciones, en la biografía también hay espacio para la crítica, en especial hacia sus compañeros de oficio, grandes de las letras como Henry James, Joseph Conrad o Bernard Shaw. Su opinión araña como un cuchillo, pero no se hunde en sensibilidades ajenas.

Doce años después de la publicación de estas memorias, Herbert George Wells moriría, dejando a la sociedad que tanto le preocupaba más de doscientos textos entre novelas y ensayos, un legado visionario que iba más allá del mero entretenimiento al que ha sido relegado por nuestra industria del ocio. Hablar del futuro y supervivencia de la humanidad se ha convertido en tema de documental más que una preocupación real y más cercana de lo que creemos. En 1938, Orson Wells sacudió a un país con su locución de La Guerra de los Mundos; ahora, probablemente, la mayoría cambiaríamos de canal.

Enlace: Berenice

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