Humano, demasiado humano

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Por Bill Jiménez

Por Bill Jiménez

Los héroes dentro del arte (aplicable también a cualquier otra disciplina) siempre han sido aquellos artistas decididamente enfrentados a las corrientes de su época. Y mientras la historia premia con la leyenda a los genios renovadores, otros, de una forma discreta pero imparable, sembraron las semillas del auténtico arte contemporáneo español del pasado siglo. Caixa Fòrum Barcelona presenta desde el pasado 16 de septiembre la muestra Humano, demasiado humano: arte español de los años 50 y 60, una serie de obras surgida de su propio fondo que, como el libro de Friedrich Nietzsche en el que se basa, narra los esfuerzos artísticos de una generación de grandes artistas por renovar los lenguajes románticos imperantes de su época, aunque para ello pervirtieran a los “clásicos”  o importaran discursos pictóricos aprehendidos más allá del charco.

La ironía, escatología y el compromiso social son algunos de los temas recurrentes de la exposición, abierta por Antonio Saura en un abstracto desnudo en blanco y negro que rinde tributo a la santidad, antítesis religiosa de la necesidad de cambio y un discurso imposible en la España de hace medio siglo. No resulta extraño que muchas de las obras presentadas fueran concebidas en el exilio de sus respectivos autores, que hicieron de la trasgresión la herramienta que, más allá de la forma y la técnica, les ayudaría a hacerse oír y ganarse una reputación internacional. El propio Saura apuesta  por la desacralización de las vacas sagradas de la pintura española en Edith y, por la misma época, el Equipo Crónica con Akelarre. La suyas son revisiones de Goya y Velázquez, o como en el caso de Picasso con sus Meninas, una sumisión a su propio juego estilístico, retorciendo el original hasta tal punto que éste se transforma en una obra nueva.

Destacable también la aportación de Dalí y sus ilustraciones, dominadas por la visceralidad y la omnipresente presencia de la muerte en variadas y explícitas formas (calaveras, insectos). Y, como nota curiosa, encontrar un descarte artístico para la película Moontide, apartado en el último momento por la 20th Century Fox tras fulminar a Fritz Lang de la dirección del filme.

Otra de las eminencias que dominan los muros interiores de la exposición es Antoni Tàpies, representado por una pequeña muestra de su Historia natural, la serie datada de 1950-51 en la que, como en otras producciones del barcelonés, demuestra su enorme conciencia social y la infinidad de mensajes subrepticios que gusta esconder en su producción.

Y esto sólo es un retazo de la variedad de propuestas que sostienen Humano, demasiado humano. En el apartado menos pictórico, destacar las esculturas de Jorge de Oteiza y los oscuros relieves de Antoni Clavé, influenciado por la escultura funeraria no occidental. Y apoyando al conjunto, una sección literaria y audiovisual, con proyecciones de José Antonio Nieves Conde, Jaime Camino y Frédéric Rossif, entre otros, y siempre con el denso mensaje de Nietzsche como telón de fondo y otras referencias de marcada fuerza filosófica y compromiso artístico como Massimo Cacciari y Georges Didi-Huberman.

Y de estas reflexiones, llama especialmente la atención una sentencia del propio Nietzsche: “Tenemos el arte para no perecer frente a la verdad”.
Una línea con más de un siglo de vigencia y acierto que conduce a terribles conclusiones sobre la deshumanización que experimenta la sociedad actual y la necesidad de buscar referentes en un pasado no tan lejano.

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