La edad de la oscura razón

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Por Redacción

La nueva exposición de Irene Bou en la Galería Artevistas (la tercera en este espacio) supone un alegato a la introspección, a ese diálogo interior que todo artista en su madurez creativa ha tenido en algún momento y que, aparte de inspiración, le ha permitido reafirmar su discurso pictórico. Y en el caso de Irene, desarrollar, además, un imaginario que contrapone la oscuridad de formas con la luz del contenido. Los coloristas demonios que protagonizan sus obras no son más que criaturas anónimas en las que delega sus sentimientos o el proceso de reconciliación con ellos, esos «fantasmas» con los que compartimos nuestra vida y que no son más que rebeliones subconscientes de carencias pasadas. Irene conoce la fórmula para exorcizarlos y convertirlos en un arte que rehúye de la sofisticación, contando a su vez con un sutil componente primitivo. Esta mitología personal, con sus respectivos dioses y monstruos, se apoya en su técnica, por lo general mixta (acrílicos, pastel y materiales adhesivos), y goza de su mayor esplendor en el gran formato, donde, hasta en los detalles más nimios se aprecia la violencia emocional que motiva a la artista venezolana. Pero Irene Bou se mueve con idéntica versatilidad por otras superficies, y gracias a títulos como Volviendo a mi personaje y Olvidar lo aprehendido descubrimos de forma más explícita el componente gestáltico y cuasi terapéutico de su producción.

Enlaces: Irene Bou | Galería Artevistas
Imágenes cortesía de la galería Artevistas.
‘La edad de la oscura razón’ , hasta el 24 de octubre.

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