James Benning: La función de los números

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Por Miguel Gil

¿Cómo, partiendo de imposiciones y limitaciones, adoptadas de forma arbitraria unas veces, otras impuestas por la tecnología cinematográfica, un cineasta puede llegar a crear una obra tan personal? Un plano de James Benning se reconoce al instante, como uno de Hitchcock o uno de Ozu. Sus películas parten de la experiencia personal, a pesar de la (más que nunca) aparente frialdad, y de la voluntad de establecer una estructura determinada previa al rodaje y al montaje. Dentro del corsé, el cineasta de Milwaukee encuentra la libertad expresiva y la solución al problema planteado por él mismo, esto es, hacer la película más bella posible conforme a unas reglas.

Las películas de Benning muestran paisajes ―urbanos, agrarios, naturales― en planos fijos que generalmente tienen la misma duración en cada película. Un minuto en One Way Boogie Woogie (1977) y en su secuela One Way Boogie Woogie/27 Years Later (2005), diez minutos en Ten Skies (2004) y 13 Lakes (2004)…Aunque a veces la duración responde a cuestiones prácticas, como en RR (2007), un filme donde el protagonismo recae en los trenes, cada uno de distinta longitud y en el que por lo tanto resulta imposible reducir la duración de los planos a una constante temporal fijada previamente.

Casting a glance (2007) ―hoy, mi película favorita de la pasada década― es el retrato de la obra más conocida de Robert Smithson, Spiral Jetty. Un trampantojo temporal muy bien calculado: rodado en diferentes intervalos durante dos años, la película esboza toda la “historia” de la famosa espiral de piedra, desde el momento de su creación hasta la fecha de finalización del rodaje. En su última creación, Ruhr (2009), Benning abandona el celuloide y se adentra mediante siete magníficos planos en el video digital. Esta es además su primera película realizada fuera de Estados Unidos.

La cámara (fotográfica, cinematográfica, videográfica) solo puede captar la superficie de los objetos, de las personas, pero eso no quiere decir que las películas signifiquen la superficie de las cosas. James Benning posee el rasgo que distingue al genio: logra que sus obras parezcan sencillas sin serlo.

Texto: Miguel Gil
Enlace: Xcèntric

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