Local Boy, por Javier Soto

javier soto

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Hace diez días llegaba a las instalaciones de la Galería Lola Orato una muestra esencialmente pictórica pero de difícil clasificación conceptual. La protagoniza Javier Soto con “Local Boy”, un conjunto de obras de notable fuerza y una aún más contundente simbología.

Un imaginario donde los animales cobran protagonismo, en especial la fauna marina, que adopta formas imposibles a través de mutaciones y distintos grados de antropomorfización. Tiburones, calamares y otras criaturas acuáticas en actitudes hostiles y de evidente descontento, una queja entre patrones y colores contundentes que, en su totalidad, construyen una historia a medio camino entre la fábula y el relato mitológico.

Una monstruosidad evocadora que bebe de la pintura tradicional, del simbolismo más colorista y el cartel. Saltos entre producciones pictóricas que permanecerán en la sala, aprovechando sus posibilidades, hasta el 30 de noviembre, y que, como curiosidad, cuenta con piezas de la serie “Palme is dead”, ejecutadas, aparte de con acuarelas, arena, pintura acrílica y collage, en algunos casos, con sangre de cerdo, cerrando así una propuesta que confía en lo bizarro para desarrollarse.

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