Jim Dodge: Stone Junction

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stone-junctionRepasando los próximos lanzamientos de la editorial Alpha Decay, topo con Stone Junction, una reedición a tener muy en cuenta.

Para empezar, pese a la coletilla Una epopeya alquímica, que explica por dónde van los tiros, su título ha dejado de ser Introitus lapidis y ahora luce el que le dieron al nacer. Conserva el excelente prólogo de Thomas Pynchon y el argumento que le hizo ganarse esa etiqueta (tan comercial en el fondo) llamada “de culto”. Si tenemos en cuenta que Jim Dodge, a sus 65 años, sólo ha escrito tres libros, siendo el resto poemarios y ensayos sobre biorregionalismo, es muy probable que Stone Junction no pierda ese status en mucho tiempo.

Pero, ¿por qué de culto?

Primero, porque no es una novela sencilla y, aunque se mencione en toda crítica, empieza con un puñetazo a una monja. Inicio contundente y un desarrollo plagado de magníficos personajes, raros pero maravillosos, aparentes outsiders de la cultura americana, el ciudadano medio. Pero también hay violencia, juego, sexo, drogas recreativas, política y, la parte bizarra: magia. Stone Junction es una amalgama de géneros, una hidra de infinitas cabezas. Novela de carretera, viaje iniciático, fantasía desbordante, drama, comedia… ¿Realismo mágico estadounidense? Pynchon cree en la magia de Dodge y mucha gente les encuentra aspectos en común. Dodge es menos críptico, pero tampoco va corto de simbología.

Y podría decir muchas más cosas sobre esta novela, pero serían intrascendentes. Lo mejor es dejarse absorber por ella, seguir los pasos de Daniel Pearse, su protagonista, y terminarla con una sensación de vacío, mezcla de “no tengo claro qué me estaban contando” o “más que lectura, experiencia”. También valen los términos medios, pero son menos emocionantes.