Kendell Geers. Hellraiser

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Por Bill Jiménez
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Uno puede esperar muchas cosas de una exposición titulada “Hellraiser”. Entre ellas, la misma clase de violencia que popularizara Clive Barker en su novela homónima. Pero no, la primera exposición de artista sudafricano Kendell Geers en la Galería ADN nada tiene que ver con hombres de rostro alfileteado y miedos profundos, su violencia es de otro tipo, más social y cotidiana, vinculada a la moral, las ideas y la carne.

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Y aunque a simple vista parezca una muestra salpicada por fáciles reclamos sexuales, el conjunto no es más que un acercamiento a los extremos que la sociedad recomienda evitar pero que subrepticiamente ha perpetuado durante cientos de años. Así, la imagen femenina se erige estandarte de sus obsesiones, del “terrorealismo” con el que el propio Geers identifica su trabajo, una suerte de realidad desprovista de pudor en el que una mujer en actitud pornográfica no es más que una manifestación del poder de esencia débil ejercido por la masculinidad clásica.

Hellraiser” es una exposición honesta, sin subterfugios, con unas obras que se valen del espacio para arrojar sus consignas, que van más allá de la provocadora fémina de la entrada o las diez fotografías apropiadas de revistas eróticas que conforman una serie en la sección interior de la galería. En la muestra también encontraremos obras que recorren la relación del mundo religioso con la sexualidad, ya sea a través de piezas de marcada influencia africana, a primitivos Príapos de notables miembros viriles. Son también llamativas las figuras de santos cristianos moldeadas a partir de papel de aluminio, una alusión hermética de efectiva ejecución.

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El término “Fuck” es una de las consignas dominantes en la exhibición, donde se pone a prueba su capacidad evocadora y delata la negatividad con la que solemos tratarla. Y pese a su fuerza, Geers demuestra inocencia en su uso, convirtiéndose en un elemento innecesariamente recurrente. Los ladrillos en suspensión que, nos dicen en la nota de prensa, suponen una amenaza latente, también rozan lo prescindible, acaparando una atención desproporcionada y dañina para otras piezas. Por suerte, o más bien acierto de Pierre-Olivier Rollin, comisario de “Hellraiser”, su ubicación no les convierte en un punto negativo, sino más bien en una pausa estética que habla de los múltiples registros de Kendell Geers. En resumen, un artista que ha sabido usar su obra y su propia persona como denuncia, una historia parecida a la de los muchos blancos nacidos y criados en la Sudáfrica del Apartheid, simpatizantes de la población y la cultura negra.

Enlaces de interés:
Entrevista a Kendell Geers en Whitehot Gallery

kendell-geers-en-adn-galeríaFotografías de Roberto Ruiz para ADN Galería

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