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Donde está el canino antes había un diente de leche

Por Patricia Salvatierra

Hace unos días salió a la venta el dvd de Kynodontas (Canino), la segunda película de Giorgos Lanthimos. Kynodontas es excelente e interesante, una combinación de géneros perfectamente harmoniados donde se encuentran ciencia ficción, terror o suspense, entre otros. Aunque en cierto modo es experimental y absurda, también es sorprendentemente clara, ingeniosa, satírica y perspicaz. Los planos estáticos y descolocados, lo claro y diáfano, la falsa harmonía del ambiente, el sexo animal, la sangre, la violencia, el genial juego y el diálogo filosófico con el lenguaje y el universo que se muestra en la cinta son algunos de los factores que hacen de Kynodontas una de las películas más perturbadoras del pasado año.  Lanthimos nos muestra el horror y lo oscuro disfrazado de luminosidad con una estética diáfana.  Por todo ello, no es raro que haya recibido galardones en prestigiosos festivales como Cannes, Sitges, Sarajevo o Syfy.

Al visionar Kynodontas es inevitable acordarse de un clásico del cine mexicano de los 70, El castillo de la pureza, con las magníficas actuaciones de Diana Bracho (The faces of the Moon; Y tú mamá también) y Claudio Brook (Cronos; Esperanza). La historia, basada en hechos reales, fue rechazada por  Buñuel y fue finalmente dirigida por su seguidor Arturo Ripstein.

Ambas se sitúan en una casa amurallada con una familia formada por padre, madre, hijo mayor y hermanas mediana y pequeña. Los hijos no han visto nada más allá de los muros de su casa. Las dos poseen un padre absorvente, dictatorial y loco que crea una utopía para su familia alejándoles del exterior. Se trata de universos basados en la mentira, con costumbres adoptadas por inercia que son creadas con unas reglas y ética falsas y con unas convicciones erróneas que denotan relaciones de poder. Gabriel Lima (El castillo de la pureza) instruye a sus hijos como soldados mientras que el otro padre lo hace como perros. En ambas, se forman microcosmos de los que, más tarde o más temprano, alguien querrá huír y, curiosamente, serán las hermanas menores.

En ambas casas los padres son los únicos que acceden al exterior. Muy pocas personas de fuera pueden entrar en sus respectivos universos. En la mexicana entra el inspector de sanidad que certifica el raticida que venden, y en la griega Cristina, la compañera de trabajo que se prostituye.

En ambas el sexo es un elemento clave que resquebraja esa realidad como, por ejemplo, en el despertar sexual de los hijos. La sexualidad se muestra en varios estados, incluso se plantea el tema del incesto entre hermanos. En Kynodontas va más allá y se aborda la cuestión de la homosexualidad. En ambas se muestra la prostitución desde diversos puntos de vista y finalidades. En el tema sexual encontramos escenas similares como cuando coinciden en la bañera el hermano y la hermana mayor.
Las diferencias principales radican en varios puntos. Los hijos de Kynodontas no leen, no conocen nada del exterior excepto lo que les cuenta su padre. Creen que los peces se pescan en la piscina, los aviones son juguetes, la sal se llama teléfono y un zombi es una flor. Así, Lanthimos juega con el lenguaje y lo utiliza como herramienta para dominar y moldear las mentes y los ambientes. En Kynodontas los personajes no tienen nombre mientras que en El castillo los hijos de Gabriel Lima se llaman Porvenir (hijo mayor), Utopía (hija mayor) y Voluntad (hija menor). Todos los nombres son muy rebeladores ya que, por ejemplo, Voluntad es la única que hace algo por salir de la casa. En Kynodontas el único personaje con nombre es Cristina, la mujer que pervierte el universo familiar.

Los progenitores masculinos también presentan algunas diferencias a pesar de tener los mismos objetivos. Gabriel Lima es un ser más visceral, bipolar, un tarado más cercano mientras que el otro se muestra más frío, más racional, más oscuro. Lima sí que les proporciona conocimientos del exterior a sus hijos como la sabiduría de Goethe (“El hombre de recia voluntad moldea el mundo a su gusto”) o Nostradamus (tergiversándolo a su antojo al estilo de Hitler con Nitzsche). Pero ambos desprenden misoginia por todos los poros y mienten al mundo exterior sobre su inexistente familia.

El personaje de la madre en Kynodontas apoya completamente al padre mientras que en El castillo la madre es rebelde y cree que su marido ya no es el que era. Además de proteger a sus hijos y de ayudarlos en la lucha final, antes ya había planeado una reunión clandestina con ellos. Por eso y más, Lima la maltratará.

Si Kynodontas nos muestra un final abierto, El castillo cierra sus puertas a cal y canto. Aún así, las dos poseen moralejas muy similares y cercanas. Aunque  la estética de Kynodontas es más clara y diáfana y la de El castillo de la pureza lúgubre y oscura, ambas son terroríficas, perturbadoras y apocalípticas. Dos peliculones que vale la pena visionar, aunque personalmente me decante por la crudeza de Kynodontas.

Por Patricia Salvatierra

Filóloga y editora, cursó un máster en Estudios de Asia Oriental. Ha trabajado en diferentes editoriales y en festivales de cine como coordinadora de comunicación (REC) y el Diario del Festival Internacional de Sitges. Actualmente realiza los apartados de TV y cine de diferentes medios de prensa escrita y digital y colabora en el TVManía de La Vanguardia.

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