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La humanidad dibujada en hierro: una entrevista a Frank Plant

21 noviembre 2016 - Arte / Entrevistas

Conocí a Frank Plant hará menos de dos semanas en su propio estudio, aprovechando que un amigo común, el fotógrafo Daniel Bartolomé, documentaba su proceso creativo. Puedo definir este primer encuentro como vibrante, pues Frank, más allá de sus obras, es un hombre apasionado con su trabajo, al que no parece faltarle la energía y el entusiasmo. Entiende las complejidades del oficio de artista sin renunciar a divertirse.

Una semana después, los tres: Frank, Daniel y un servidor, volvíamos a reunirnos en el estudio del primero para llevar a cabo esta entrevista, cuyo material ha nutrido este artículo y el cuestionario que Le Cool Barcelona publica con motivo de la inauguración de ‘Oh the Humanity’, su exposición individual en la galería Víctor Lope Contemporáneo.

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Fotografía: Daniel Bartolomé Bermúdez

Aunque lleve dieciséis años en Barcelona y cuente con unas opiniones sólidas sobre la ciudad y el país que la alberga, llegó a la ciudad condal desde Ámsterdam, escenario que vio definir sus dibujos en hierro.

“En Ámsterdam trabajé en teatro y danza como técnico y diseñador escenográfico. Por aquel entonces no tenía taller y arrancar tras la Universidad era un poco difícil”.

Aun así, llegó a importantes conclusiones durante un encargo y descrubrió el potencial de la escultura en dos dimensiones, o dimensión 2.5, como el mismo denomina al formato de sus piezas, donde metal y línea se desarrollan a partir del dinamismo de sus modelos.

“Trabajo con distintos métodos, uno de las habituales es a partir de fotografías. En ocasiones invito a gente a que pose para una posterior vectorización. Tienes el ejemplo de la playa, ‘Oh the humanity’, la obra que comparte título con la muestra. En ella invité como máximo a dos personas, en este caso, a una madre y sus dos hijos. Luego cerré la composición con otros personajes que cambian de posición y tamaño”.

Frank Plant, Oh the Humanity...

Frank complementa estas composiciones con ‘extras’ estéticos que enfatizan el mensaje, como madera Block, fotografías y objetos encontrados. Siempre en busca de contrastes, en especial entre la madera y el hierro, una decisión que depende de la época.

La mención a ‘Oh the Humanity’, el sentido título de su exposición, nos permite hablar de bautismos artísticos y lo complicada que puede llegar a ser la titulación de una obra. “Es un tema complicado. Por ejemplo, quería llamar a una de mis obras ‘La Caixa’, que aquí, y hasta cierto punto en el resto de España, tiene mucho sentido. Más allá, no todo el mundo sabe que es un banco y tendría problemas para entender el mensaje que puedo transmitir a través de ella. Eso me obliga a ser menos local y también más diplomático”.

Diplomacia que se quedó corta en el pasado, como confirman sus risas al hablar del tema u obras como ‘When they come looking for their money’, una recreación de los goyescos fusilamientos del 3 de mayo en clave capitalista, donde los soldados franceses son sustituidos por representantes de las principales bancas del país. Si tenemos en cuenta que la palabra ejecutar vale tanto para una hipoteca como para un prisionero, Frank estuvo muy acertado.

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‘When they come looking for their money’

“Creo que es importante que haya gente creativa que juegue con tales ideas políticas, sociales y económicas, y que todas ellas se cuestionen a partir de la obra. Reconozco que la motivación de muchas de mis creaciones de naturaleza política es la rabia, como ‘TeleFuckYou’, la obra que en una ocasión hice contra Telefónica. En ella, el espectador se ponía uno de los guantes con el logo de la empresa y podía introducir un dedo en el ano de la figura representada en la obra, la cual gritaba al pulsarlo”.

TeleFuckYou

El compromiso social o político de un artista siempre es un tema sensible, de ahí que Daniel interrumpa su labor fotográfica e intervenga en la entrevista, apuntando que Frank ha utilizado la palabra dogma en varias ocasiones, una de ellas para declarar su falta de interés en el propio dogmatismo. “Tengo la impresión de que con tu obra, a veces, no quieres dar tu opinión si no una pequeña pista. Sin personalizar, creo  que es un momento importante para un artista el preguntarse: ¿digo o no lo que pienso?”

Frank responde, “Claro, en obras como la dedicada a Telefónica está bastante claro, odias a esta gente, has de ser un poco dogmático, pero una cosa es hacer una sugerecia y otra hacer una declaración. Has de alternarlas, aunque prefiero la sugerencia porque es el punto de partida hacia la reflexión. En cambio, una declaración no la permite”.

Daniel se interesa por el dogmatismo de Frank tras su réplica de los fusilamientos del 3 de mayo, y también por ‘Us and Them’, una de sus obras favoritas.

“Ese caso es una reflexión sobre la cultura contemporánea. Un barco donde un equipo rema en una dirección y varios de sus miembros reman en la contraria. Es mi opinión sobre la sociedad actual. Estamos en el mismo barco pero nos peleamos constantemente por ir en direcciones opuestas. Es una forma curiosa y creativa de ver la cultura contemporánea”.

Us and Them

Us and Them

Seguimos hablando de obras y de grupos, llegando a los motivos cotidianos que protagonizan el grueso de su producción. En ellos impera la postura y las muchas señales que emitimos, lo que él llama pequeños rincones de poesía diaria. Le invade el entusiasmo, cree en su discurso, y a continuación me habla de “So happy to meet you”, una pieza cuyo concepto es “el momento en que unos tipos se conocen y estrechan manos: el encantado de conocerte. Es un instante, pero descubres comportamientos fascinantes, como el cuerpo de uno de ellos avanzando debido al entusiasmo. Son momentos donde se traspasan energías”.

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Fotografía: Daniel Bartolomé Bermúdez

En sus esculturas encontramos escenas cotidianas, objetos cotidianos y una presencia regular de armas de fuego.

“Con las armas es curioso. Hice una pistola hace años, unos diez, bastante grande, una Beretta nosequé. La hice pensando en que el arma es la progresión de una idea, una que derivó en un palo, luego en una piedra, más tarde en un arco y una lanza, así, hasta llegar a las armas de fuego, desarrolladas para tanto para matar a los animales como a nuestros vecinos. Como objeto ha llegado a ser un símbolo muy potente. Existen muy pocos símbolos y objetos con los que haya trabajado que sean tan potentes y provoquen tanto a la gente como lo hacen las armas. Es curioso que no siempre sea un mensaje negativo, también existe cierta fascinación del público por ellas. Tras la Beretta dejé pasar unos años antes de realizar la obra ‘Something for everyone’, un Kalashnikov de tres metros y medio. Investigué al respecto: el Kalashnikov es una de las armas más producidas de la historia, 55 millones en seis décadas. El título de la obra indica que, para mucha gente, es una herramienta en la lucha por la libertad, un símbolo para aquellos que quieren librarse de la tiranía. El resto, la gran mayoría de la población, lo vemos como un símbolo de violencia. De ahí que no deje a nadie indiferente. Entre los objetos e iconos con más influencia en nuestra historia, el Kalashnikov debería estar a la misma altura que la cruz o cualquier otro símbolo religioso. Hablamos de una herramienta que para bien o para mal se usa para esculpir las sociedades y las culturas contemporáneas”.

'Something for everyone'

‘Something for everyone’

La cultura contemporánea también es una de las claves de ‘Oh the humanity’ que, aparte de eludir a la locución de Herbert Morrison durante el desastre del Hindenburg, también representa a una palabra anglosajona que apasiona a Frank.

“La exposición trata, más que nada, de los foibles de los seres humanos”.

Aprovechamos que Frank está enmarcando unas obras para buscar en nuestros móviles el significado de la palabra foible. Los resultados hablan de debilidades de poca importancia o pequeños defectos de carácter. También aparece la palabra idiosincrasia y una segunda acepción relacionada con los puntos flacos de las espadas, pero algo me dice que con la primera ya es suficiente.

“Hay una parte de mi obra involucrada en la política social. Por ejemplo, en ‘Oh the Humanity’ trato el calentamiento global y el desempleo, como en la obra ‘Los invisibles’, inspirada en todas estas personas que hurgan en la basura. Recuerdo un día en que, mientras tomaba un café, leí en el diario El País que había bajado el paro, no sé cuántos miles de desempleados menos. Fue alzar la vista del periódico y ver a un hombre rebuscando dentro de un contenedor. Rápidamente, le dije a mi acompañante que me pasara el móvil para fotografiarlo. Leer titulares como este, el mensaje que promueven, y después enfrentarse a la realidad de la pobreza es duro. Conecta con el locutor que narró en directo el desastre del Hindenburg, con la gente que murió en el accidente y el posterior uso que se hace de su frase, donde la tendencia es ver algo estúpido o ridículo y exclamar ‘Oh the Humanity’, mira lo grandes que somos”.

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‘Los invisibles’ | Fotografía: Daniel Bartolomé Bermúdez

Se confirma mi sospecha de que la ironía multiplica el alcance de un mensaje. Frank apunta que el humor en su obra es crucial. Le encanta que la gente sonría y, sobre todo, sabe que se pueden abrir puertas con una sonrisa y dejar que el público reflexione sobre ellas. Algo así como disfrazar la crítica de arte a modo de caballo de Troya. O en este caso, unicornio. Pero, ¿por qué un unicornio?

“Hace poco, en mayo, realicé tres unicornios para una exposición celebrada en Turquía. Los titulé ‘If it’s magic’ en homenaje a la canción de Stevie Wonder. Fue una especie de provocación, ya que en el mundo del arte y las galerías, los unicornios están mal vistos. Además, los pinté de rosa, con cuernos y crines blancas. Eran, en cierta manera, cursis, pero a la vez muy elaborados. Entrar en la sala y encontrárselos suponía una contradicción, mi intención fue que la gente dijera, qué coño es esto, ¡pero si es para la habitación de mi hija de diez años! En ese momento pensé en qué era aceptable y qué no, y de ahí vino la idea de construir un unicornio de Troya. Veo al unicornio como una mitología secular, como los leprechauns y otros seres fantásticos: la imaginación no religiosa; también valoro su positivismo, como que se tiren pedos en forma de arco iris. Los unicornios son la máxima expresión de lo bueno. Por otra parte, el caballo de Troya trata del subterfugio y el engaño, enlaza con el arte y el humo que, en ocasiones, hay tras él. Más tarde, me di cuenta de que no solo es un problema del arte, es extrapolable a cualquier aspecto de tu vida, a todas esas cosas que parecen un súper chollo y que luego se vuelven horribles”.

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Fotografía: Daniel Bartolomé Bermúdez

El unicornio de Frank Plant no esconde asaltos a Troya, pero sí marcará una diferencia expositiva. Las logísticas derivadas de su tamaño están entre sus preocupaciones, pero el orgullo creador le puede, está encantado con el resultado. Especulo con la posibilidad de que este sea su nuevo formato predilecto, a lo que Frank responde: “tengo mi lenguaje, pero hacer otra cosa de vez en cuando es un gusto total. Veo muchas posibilidades a estas esculturas, pero no dejan de ser un crecimiento del dibujo en hierro. Otro tema es que tras acabar una obra de estas características, a los tres meses, surjan las dudas y piense en cómo me metí en esto, pero es inevitable, hay que pasar por ello”.

Frank sonríe. Por el momento está encantado con su trabajo, y también con la humanidad. En su defensa, asegura que “creo en la creatividad de los seres humanos y apuesto a que puede salvarnos”. Herbert Morrison no lo hubiera dicho mejor.

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