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BAFF 2010: La mirada complementaria (II)

Por Elisenda N. Frisach

Por otro lado, la representación más minoritaria de otros países proyectó una mirada amplia hacia las complejidades culturales del mundo asiático, yendo desde naciones como Indonesia (The dreamer), hasta la India (Lucky by chance, Road, movie), pasando por la fusión de Oriente y Occidente prototípica de la realidad de Hong Kong (Beijing is coming, Vengeance).

Malasia tuvo una nutrida muestra de su cinematografía, al contar con la pieza colectiva 15 Maylasia, la coproducción con Singapur Flooding in the time of drought y At the end of the daybreak, del emergente Ho Yuhang, una suerte de reformulación del cuento de la caperucita roja en la cual el “lobo” es la verdadera víctima del relato, aprisionado por sus circunstancias vitales y económicas, mientras que la “niña devorada” es descrita como un reflejo adolescente de su egoísta clase social. Merecida Mención Especial del Jurado, ahonda en la hipocresía de las normas de su país, en el brutal clasismo imperante, en la falsedad de las apariencias, en la incomunicación generacional, y posee un tramo final sobrecogedor, tan inesperado como inquietante y poético, filmado con exquisitez y maestría. De esta nación destaca también Karaoke, de Chris Chong, filme que recoge, con una mirada simultáneamente melancólica e irónica, la imposibilidad del regreso al hogar, merced a la historia de un joven que vuelve a su pueblo natal tras cursar la carrera en Kuala Lumpur, con el fin de asistir a su madre en el karakoe que ésta regenta, para comprobar que, ni su progenitora desea su ayuda, ni el mundo que conociera existe ya. Memorables devienen a este respecto la secuencia de apertura, sugiriendo la tristeza rutinaria de los clientes del local a través de una concatenación de planos detalle y de voces en off de procedencia incierta, así como las escenas que, en correspondencia con la visión outsider del protagonista, muestran la jungla como un mundo sobrenatural y fantasmagórico, devorado por la ominosa fábrica de aceite de palmera.

De Sri Lanka nos llegó Between two worlds, de Vimukthi Jayasundara, galardonada con el premio NETPAC, un experimento irregular y críptico, a ratos sutil y bello (véase el simbolismo de la leche materna o el magnífico final) y otros de una obviedad poco afortunada (verbigracia, el continuo –y cansino– juego de la falsa puesta en escena de los instintos violentos del protagonista), una creación en la que se concreta la idea del hado y del eterno retorno budistas, por medio de la historia de un confuso y tímido joven, producto de su tiempo –marcado, pues, por la larga guerra civil vivida en el país cingalés–, cuyas vicisitudes terminarán por encarnar una antigua leyenda de tintes iniciáticos, proféticos y redentores.

Tailandia, por su parte, se vio representada por Mundane history, una de las mejores películas del certamen; hermosa y emotiva, indaga sobre el sentido de la vida por medio de la relación que se establece entre el joven Ake, víctima de un accidente que le ha dejado postrado en una silla de ruedas, y su enfermero Pun. El destino kármico y el milagro de la existencia emergen de forma intensa y luminosa, casi mágica, en medio del dolor, la soledad o la incomunicación generacional. Sus imágenes, concisas, detallistas, se ven enriquecidas por un uso muy inteligente de la música y de recursos visuales nada gratuitos, como filmaciones caseras o recreaciones por ordenador. La directora, Anocha Suwichakornpong, hace gala de un talento desbordante gracias a su original forma de narrar, al unir las secuencias bajo un desorden temporal muy leve y perfectamente inteligible, que refuerza el sentido temático de la obra, culminado en su sensible y excelente final.

China aportó Weaving girl, en la que Yu Nan y Wang Quan’an, actriz y director, respectivamente, de La boda de Tuya, repiten colaboración para narrar, en el mismo modo minimalista y austero de la obra que les propició el Oso de Oro en Berlín, la tragedia de Li Li, una mujer de extracción humilde a la cual se le diagnostica leucemia. La protagonista intentará, a partir de ese momento, recomponer los pedazos de una vida marcada por la fatalidad, la nostalgia, las estrecheces económicas, la soledad y la pérdida. Filmada con una sutilidad tan lúcida como conmovedora, su realismo crítico y el amargo contraste entre lo que se muestra y lo que se oculta recuerdan a los dramas de los Dardenne; de nuevo, el amor es la gran fuerza motora de la vida pero, también, fuente inagotable de dolor e incomprensión.

Y, en cuanto a Taiwán, ofreció su voz con la exitosa comedia romántica Au revoir Taipei, previsible ganadora del Durián de Oro a la Mejor Película, y Face, de Tsai Ming-liang, el multipremiado realizador de The Hole o El sabor de la sandía, que ofrece una nueva muestra de su estilo esteticista, caótico y musical, esta vez con tintes autobiográficos, al narrar el rodaje, por parte de un director de origen asiático que no habla ni pizca de francés, de una cinta gala, trama que se combina con los problema personales del protagonista y que cuenta con los populares, cuando no míticos, rostros de Jean Moreau, Jean Pierre-Léaud, Fanny Ardant, Mathieu Amalric o Laetitia Casta. Dado que son mayoría quienes consideran a este realizador como un genio, debo estar equivocada al ver sus obras –de la cual Face no es una excepción– como hábiles ejercicios de preciosismo frívolo y pretencioso.

Finalmente, me gustaría acabar este recorrido general por la oferta del festival con dos rarezas: el biopic sobre la actriz Nancy Kwan, To whom It may concern: Ka Shen’s Journey, la única producción de origen no asiático, pero cuya temática, obviamente, encajaba en los parámetros de un certamen dedicado a la cultura fílmica de dicho continente, y Eatrip, de la crítica gastronómica Yori Nomura, una engañosa pieza documental que, más que reflexionar sobre el placer de la comida o las relaciones que el ser humano establece con –y a través de– el acto de nutrirse, traza una muy sesgada visión, mezcla de preceptos budistas, taoístas y sintoístas y de un elitismo new age, sobre la integración del ser humano en la naturaleza y la necesidad de volver a las fuentes primigenias de los alimentos para alcanzar la comunión con el mundo y la plenitud vital, un mensaje cuyo componente positivo no palia las carencias de un discurso visual y temáticamente muy limitado.

La edición del año 2010 del BAFF fue una nueva prueba del espíritu romántico de sus organizadores, de su amor por el séptimo arte, de su empeño en facilitar el acceso al público a esas montañas de celuloide que el sistema de distribución español nos veda, por motivos de comercialidad, ignorancia, censura o, simplemente, por la imposibilidad de luchar contra la titánica competencia de la industria norteamericana. Sólo que el Festival de Cine Asiático de Barcelona adorna su cinefilia con un valor añadido: el recuerdo, siempre necesario en este mundo globalizado, de que el etnocentrismo occidental nos limita e idiotiza, nos soslaya la perspectiva diferente, enriquecedora, complementaria, del continente más extenso y poblado del planeta y, por tanto, de buena parte de la humanidad; una mirada sin la cual deviene inviable asumir una comprensión auténtica y profunda del planeta que habitamos. Así que gracias, muchas gracias, por este festival cinematográfico, pequeño pero dinámico, apasionante, que nos abre la mente a otras realidades, artísticas y también culturales, sociales y espirituales: humanas. Aguardamos con ansías el reencuentro de la próxima primavera.

Categorías: Artículos, Cine, Eventos

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  1. Información Bitacoras.com…

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