Por Patricia Salvatierra

Los festivales de Sevilla y Turín son dos de los más recientes eventos que han acogido en su programación La Sapienza, última película de Eugène Green. Es una buena elección, ya que se trata de una propuesta maravillosa, deliciosa y nutritiva. Una película que desde los créditos rezuma arte y acaricia los edificios.

Desde una azotea llena de esculturas se observa la vieja Roma, con la cúpula de la Basílica de San Pedro a lo lejos, enmarcada por la música de Claudio Monteverdi. Dos citas dan la bienvenida al espectador, dándole las claves para entender lo que va a ver. La primera forma parte de El libro de la sabiduría y dice: “La sabiduría es más activa que cualquier acción porque es un reflejo de la luz eterna”. La segunda, de François Rabelais, reza: “La sabiduría no entra en una mente maliciosa y la ciencia sin conciencia destruye el alma”.

Alexandre Schmitdt es un arquitecto francés poseedor de una brillante carrera que, al inicio del filme, vemos rechazando un premio y definiéndose como materialista. Él quiere ser arquitecto para construir fábricas pues, según él, son las catedrales del hombre moderno. Junto a él está su mujer, Aliénor, socióloga especializada en contextos sociales difíciles. Su relación ha llegado a un punto anodino por la pérdida en el pasado de una hija. Se trata de un matrimonio en horas bajas, al que los actores Fabrizio Rongione y Christelle Prot dan, como es habitual en el cine de Green, un aire bressoniano.

Alexandre no se siente bien con su trabajo, ya que sus clientes pretenden hacerle modificar su último proyecto, consistente en crear una ciudad orgánicamente, a través de la asociación rural de los elementos. Fruto de este desacuerdo, decide retomar un proyecto antiguo, abandonado por demasiado tiempo: escribir un texto sobre el arquitecto suizo-italiano Francesco Borromini, considerado uno de los máximos exponentes del barroco romano. Discípulo y asistente de Berini y posteriormente enemigo de por vida, acabó quitándose la vida al arrojarse sobre su propia espada.

Por su parte, Aliénor tampoco está contenta con sus perspectivas de trabajo, por lo que decide acompañar a su marido en la búsqueda de información para su proyecto.

Para enriquecer su texto, Alexandre debe viajar por diferentes puntos de Italia. En primer lugar acuden a Bissona, lugar de nacimiento de Borromini, quien según el protagonista no podía ver el fantasma del mundo moderno. A continuación se dirigen a Stresa, donde se encuentran con una pareja de jóvenes hermanos, Lavinia y Goffredo. De repente, la joven sufre un mareo y el matrimonio acude a socorrerles. Aliénor decide quedarse en Stresa para acompañar a Lavinia en su recuperación, mientras su marido se dispone a proseguir su investigación. Le acompañará, a regañadientes, Goffredo, un estudiante brillante que quiere empezar la carrera de arquitectura.

Después de Lugano se dirigen a Turín. Allí visitan la iglesia de San Lorenzo, erigida por el arquitecto Guarino Guarini. Borromini fue una importante influencia para el arquitecto piemontés y sus sucesores. Guarini diseñó muchos edificios públicos y privados en Turín,como la Iglesia real de San Lorenzo (1666-1680) o la mayor parte de la capilla de laSantissima Sindone(1688).

La preciosa iglesia de San Lorezo está formada por una planta central octogonal, desligándose de la cruz latina, encerrado en una estructura cuadrada.

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San Lorenzo

En los ángulos de la iglesia descansan unas capillas laterales curvadas e independientes encima de las cuales se encuentra una cuenca, un orificio por el que se cuela el sol cada día a las nueve de la mañana.

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Huecos misteriosos en San Lorenzo.

La iglesia está iluminada por ocho ventanales elípticos y atravesada por un sistema de nervaduras que forman una estrella de ocho puntas. Sobre todo ello se encuentra una cornisa compuesta de ocho superficies curvas que se conectan para abrazar un mínimo punto central. Según la numerología, el 8 simboliza la vida eterna y la luz suele ser el síntoma de la presencia de Dios.

La iglesia se presenta sin fachada. Sólo se puede intuir el edificio religioso por su cúpula. A lo largo de los siglos, esto ha sido objeto de debate. Según una hipótesis, construir la fachada del templo habría roto la simetría de la plaza en la que está el Palacio Real. Según otra, los muros no hubiesen aguantado una fachada barroca.

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San Lorenzo (exterior)

Tras mostrar esta bellísima iglesia deciden acudir a la cúpula de la capilla de la Santissima Sindone en el ábside de la catedral de Turín. Guarini se inspiró en La Sapienza de Borromini para construirla, utilizando los mismos patrones geométricos y la recurrencia de la figura del 8. Allí, además, reflexionan sobre la Síndone, sus misterios y sobre el incendio que hubo en aquel lugar la noche del 11 de abril de 1997.

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Cúpula Síndone

El hombre y el joven van estrechando su relación a pesar de entender la vida y el arte desde polos opuestos. Mientras uno dice que la arquitectura no tiene nada que ver con la pasión, el otro defiende que todo debe hacerse con pasión, pues si no la hay, no se está vivo. A orillas del Po reflexionan sobre el por qué de ser arquitecto, sobre el crear espacios. La conclusión es que estos espacios vacíos deben llenarse de luz y de gente para dotarlos de sentido.

En Roma visitan San Carlino alle Quattro Fontane, el primer encargo de Borromini. Todas las formas se basan sobre la misma elipse. Una elipse es un círculo, la forma perfecta, cerrada e inmóvil, que a su vez ofrece dinamismo. Aquí, una cúpula sobresale e impide que el hombre vea directamente el cielo, aunque intuya la luz. Un espacio en constante flujo, “la verdad de lo que está escondido”.

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San Carlos de las Cuatro Fuentes

Después, acuden a Sant’Ivo alla Sapienza, una iglesia considerada una obra maestra de la arquitectura barroca, erigida entre 1642 y 1660 por Borromini. Para realizar estas labores, el joven fue recomendado por Gian Lorenzo Bernini. La cúpula y la torre coclear de La Sapienza son singulares porque reflejan la idiosincrasia de los motivos arquitectónicos que distinguieron a Borrominide sus contemporáneos. Construida sobre una planta centralizada, se alternan cornisas cóncavas y convexas, que parecen abrir el espacio, acabadas en una cúpula estrella de seis puntas. Desde el centro del piso, las cornisas forman dos triángulos equiláteros que a su vez se unen en un hexágono. Tres de estas puntas tienen forma de trébol, mientras que las otras terminan en concavidades. Se trata de edificios de bases rectas que recuperan su movimiento en las alturas, cuando llegan a la luz.

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Sant’Ivo

El protagonista dice en un momento que Borromini va más allá del conocimiento y la belleza. Alexandre siempre había querido emular a Borromini, pero nunca había podido conectar lo suficiente con él. ¿Qué hay más allá del conocimiento y la belleza?

Borromini es el místico barroco, el que experimenta una experiencia personal. Un hombre que se suicidó para encontrar la luz. Bernini, su mentor, es el barroco racional, respetuoso con el poder, las jerarquías y las normas. Alexandre se confiesa Bernini en un momento del filme, pero poco a poco el aprendizaje junto a Goffredo le está convirtiendo en Borromini. Como Borromini y Guarini, Alexandre y Goffredo son un maestro y un discípulo, un Borromini que también aprende de su Guarini.

El pasado y el presente se analizan y se comparan constantemente. El pasado es visto como un lastre o como algo que alimenta y que es parte de un todo superpuesto. Aliénor revive parte de Lavinia, Alexandre hace lo mismo con Goffredo. Los temores de qué puede suceder a Lavinia, las enfermedades emocionales y los insomnios, son algunas de las inquietudes que se nos presentan a lo largo de la vida.

Con su viaje, Alexandre y Aliénor pretenden no sólo realizar un proyecto que lleva suspendido mucho tiempo sino, sobre todo, superar esa insatisfacción que pesa en su cotidianidad, para hallar la luz, para rescatarse. En Stresa los caminos de los protagonistas se separan para volver a reunirse en un renacimiento final absolutamente necesario.

A través de este paseo por el barroco, Eugène Green intenta transmitir la necesidad de encontrar en el pasado respuestas a la vida presente. Aunque es un filme tremendamente culto, su intención es realzar las emociones y sentimientos de los personajes. Una historia de amor que se desarrolla en paralelo a la arquitectura. Una película que a pesar de tratar sobre el Barroco, es la historia de un renacimiento.

Tres factores van repitiéndose a lo largo de la película: la sabiduría, como conocimiento del arte y de la vida y como aprendizaje cultural y emocional; la luz, tanto física, emocional como espiritual; y la belleza, la de los edificios y la de la vida. Elementos que se entrelazan y se resumen en la máxima “la fuente de la belleza es el amor, la del conocimiento es la luz, y en la fuente encontramos la sabiduría”. De igual manera que Borromini y Guarini intentaron dirigirnos hacia la luz con sus creaciones, Eugène Green ilumina al espectador y a los personajes con sabiduría cultural y emocional.