Lo tengo, no lo tengo

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Por Bill Jiménez

Por Bill Jiménez

Para el público general, el ciclo creativo de un artista termina en el momento en que su última muestra cierras las puertas. Por suerte, los hábitos del consumidor de arte han mejorado con el paso de los años y comenzamos a tener muy en cuenta al que, hasta hace poco, parecía el hijo pequeño e ignorado de la familia: el catálogo.

En la actualidad, estas pequeñas publicaciones se han convertido en un nuevo must dentro del arte, piezas de coleccionista que cuidan su diseño y contenido y se transforman en pequeños reductos de sabiduría para todos aquellos que desean profundizar en la obra de un artista. Porque, aunque tire piedras sobre mi propio tejado, el análisis crítico del arte lleva muchos años catatónico, al menos en este país, abrumado por las sobredosis de información que revistas, webs y blogs ofrecen con toda la buena intención del mundo, pero que, a la hora de la verdad, sólo sirven para engrandecer egos.

Y regresando a los catálogos y al coleccionismo, me permito retroceder en el tiempo unos tres meses para hablaros de Lo tengo, no lo tengo, una exposición comisariada por el colectivo Leland Palmer (formado por Alicia Escobio, Lola Lasurt i Laura Benítez) en la que, aparte de contar con las colaboraciones de ilustres artistas independientes como Daniel Jacoby, Antoni Hervàs, Oriol Vilanova o Dani Montlleó (entre muchos otros), se presentó como un alegato al coleccionismo, a la magia de convertir un objeto mundano en un icono de culto, iniciando así la maquinaria social del intercambio, anterior a cualquier sistema económico, bueno o malo.

Tras su éxito en el Espai Zer01 de Olot (un recinto que por méritos propios se ha convertido en un reducto del arte contemporáneo gerundense) a nuestra manos llega su catálogo, diseñado por Albert Aromir. Original y, hasta cierto punto, interactivo, en sus páginas sigue presente el espíritu coleccionista de la exposición, sumándole al conjunto ese componente do it yourself que tan bien sienta a los niños que llevamos dentro. El resultado es una publicación fresca y alejada de la solemnidad que suele caracterizar a estas producciones, un motivo más que suficiente para hacerle un hueco en nuestras estanterías.

Enlaces: Espai Zer01 | Colectivo Leland Palmer | Lo tengo no lo tengo

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