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Maníaco/Mangante/Acabado

Nick Cave_la muerte de bunny munroPor Raúl Sánchez Molina

Que el libro se titule ‘La muerte de Bunny Munro’ deja ya bien claro y desde el comienzo que el desenlace del principal personaje que guía todas y cada una de las páginas de la segunda novela de Nick Cave no importa un carajo.

No se trata de un libro de suspense ni de sorpresas ni de misterio. Bastan unos cuantos párrafos para no tener duda de que Bunny Munro es un auténtico miserable sin prácticamente principios que acabará muerto. Y en todas esas páginas, de la cuidada y elegante edición española a cargo de Papel de liar/Canongate con la magnífica foto en cubierta ‘El origen del mundo’ de Gustave Courbet, Bunny Munro asiste incondicional a su particular y dantesco descenso a los infiernos, donde por otra parte parece haber vivido siempre, que su muerte convierte en viaje de redención con el último suspiro.

La mujer de Bunny acaba con su vida tras años de infidelidad y desprecio que le condujeron a la pérdida del sentido. Bunny se lanza a la carretera a bordo de su Fiat Punto amarillo, recorriendo la costa este inglesa, persiguiendo desesperadamente vaginas (que no mujeres) que conquistar/penetrar, valiéndose de su oficio de  vendedor de productos de belleza de puerta en puerta, aunque ninguna (vagina) será igual que la de su adorada Avril Lavigne. Le acompaña su hijo, Bunny Junior, de 9 años, con una enfermedad en los ojos que le puede dejar ciego pero que poco inquieta a su padre como para comprar sus medicinas. También le acompañan las visiones de su mujer recientemente muerta, las noticias de un asesino en serie disfrazado de Satanás que parece aproximarse hacia él, una misteriosa hormigonera granate de extraño sentido metafórico, y sobre todo, desgracia y lascivia en constante aumento.

Nick Cave, en quien el tema de la novela no sorprende, y menos aún que el protagonista no vaya peinado sino con un grasiento tupé, nos deja un relato donde la miseria moral del personaje se alimenta de humor negro, comedia macabra, lenguaje agresivo, y un constante ir y venir entre la repulsión, la angustia y el deseo de absolución que provoca Bunny Munro.

Recientemente Nick Cave declaraba en una entrevista que si por algo nota el paso de los años es, entre otras razones, porque su conducta se va volviendo más gamberra, cruda y agresiva. Y así es ‘La muerte de Bunny Munro’. Al igual que su música, que poco a poco parece ir dejando de lado su vertiente más lírica y arriesgada (al menos de la mano de los Bad Seeds), esta novela es cruda y agresiva: no es una obra maestra, no es una lectura obligatoria, es simplemente una patada al buen gusto literario.

Merece la pena citar las excusas y respetos al final del libro para Avril Lavigne y Kylie Minogue, a quienes dedica lo mejor de sus sentimientos en ciertos pasajes del relato.

(El título de este artículo hace referencia al nombre de los tres capítulos del libro, entre otras cosas)

Por Raúl Sánchez Molina

Influido por igual por la Internacional Situacionista, un buen jamón, Jean Luc-Godard, las playas del Cabo de Gata y Marcel Proust. Estudió arquitectura en Granada, y desde el 2006 realizó un éxodo voluntario a Barcelona, cerca del mar, desde donde dirige la Agencia de Construcción de Ideas.

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