El modernismo y la Europa del Este

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Por Bill Jiménez

Uno de los platos fuertes del festival Europes (a nivel artístico y gratuito) es la exposición Modernización, ubicada la Nau Ivanow, una vieja fábrica en el corazón del barrio de La Sagrera reciclada hace ya trece años en espacio artístico. Y puede decirse que no existe mejor entorno que el industrial para una exposición fotográfica que habla de transformaciones urbanas, reales y pretéritas, en la Europa oriental.

Modernización se divide en tres ámbitos o partes diferenciadas. La primera, llamada Tabula Rasa, habla de la destrucción posterior a la Segunda Guerra Mundial y la oportunidad que se les brindó a los arquitectos de la época para comenzar de cero y establecer los modelos que han sobrevivido al cambio de milenio. En la segunda parte del recorrido, denominada Bloque a bloque, habla de esos cánones, poniendo énfasis en sus características repeticiones y simetrías; y el tercer ámbito, Manipulando el modernismo, los artistas muestran su creatividad jugando a tergiversar la realidad, falseándola con distintas herramientas, entre ellas el collage. Jan Dziaczkowski, uno de los trece creadores incluidos en la muestra, va más allá creando a partir de construcciones antiguas y edificios modernistas una ucronía europea en la que la Rusia comunista avanzó más allá de Berlín tras el final de la guerra.

Hablaba de trece creadores y trece propuestas fotográficas, todas ellas de distinta relevancia y recursos estilísticos. Y aunque en conjunto se acercan al sobresaliente, por separado brilla más la instalación de Nicolas Grospierre, un bloque que, a modo de edificio, recibe al visitante de la exposición y el invita a examinar las fotografías prendidas a su superficie, obtenidas de distintas fachadas de Zory. Las líneas modernistas sobreviven pese al evidente desgaste de la piedra, como una lacra a la que es imposible enfrentarse, aunque las manipulaciones posteriores de los vecinos nos indican que la monotonía puede derrotarse con color.

Otra de los artistas a considerar, la polaca Anna Fabricius, nos narra a través de unas fotografías el viaje que realizó por Slovakia entre 2004 y 2005. La parte fascinante es que cualquiera de las instantáneas podrían pasar por imágenes de hace diez, veinte y hasta treinta años, un para nada premeditado vintage que, acompañado de las notas de viaje de la propia fotógrafa, forma un conjunto tan costumbrista como curioso.

Y así hasta cinco nacionalidades implicadas en Modernización (Austria, República Checa, Hungría, Polonia y Eslovaquia), cinco países bajo un mismo título que resulta irónico si tenemos en cuenta lo obsoleto de su contenido. El modernismo nunca estuvo tan demodé.

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