Mussolina, de Riot Über Alles

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Por María Arranz
mussolina riot uber alles

Por María Arranz

mussolina riot uber allesPor mucho que nos digan que en esta vida hay pocas cosas que sean sólo blancas o negras y que existe una gama infinita de grises entre ambos extremos, el común de los mortales siempre tenderemos a pensar en estos términos bicolores. Este axioma es igualmente aplicable a nuestras reacciones frente a ese sentimiento universal, bello y terrible a partes iguales, y al que vulgarmente nos referimos como amor. Y así, tendemos a pensar que el desamor es el que acarrea todas las partes oscuras y que, por ende, el amor se constituye únicamente de una especie de luz blanca cegadora que nos impide ver la negrura que hay en el prójimo y en cada uno de nosotros. Desengañémonos: eso que llamamos amor es un lugar lleno de zonas grises. Y aunque son muchos los que han escrito en estos términos tan binarios sobre amores y desamores, pocos se han atrevido a hundir el hocico e indagar en el terreno de las sombras intermedias, donde eso que llamamos amor se diluye entre el orgullo, el sexo, las anfetaminas y algunas otras cosas que importan.

Mussolina, el último poemario de Riot Über Alles, no es un libro sobre el amor, pero su alargada sombra se proyecta sobre cada una de las letras que lo conforman. ‘Mussolina’ es un paseo un tanto incómodo por un camino que se bifurca en dos direcciones.

La primera de ellas comienza en el interior de la herida, en esa que aún permanece abierta, en la que podemos hurgar si es que encontramos algún tipo de placer en observar al herido retorcerse de dolor. Una zona llena de veneno donde se concentran los instantes de intimidad en los que dudamos seriamente de nuestra capacidad para profesarle amor a alguien más que a nosotros mismos, esas noches en las que el sexo es capaz de domar a cualquier fiera y hacerle prometer amor eterno sabiendo que la eternidad terminará a la mañana siguiente. Una zona de invierno casi perpetuo, con breves destellos de luz solar, un escondite para las fantasías inconfesables, una habitación cerrada desde dentro en la que dos amantes se entregan a un festín antropófago. Un paseo, en fin, incómodo, sobre un terreno sembrado de clavos ardiendo en el que debemos movernos como faquires y donde conviene entender cuanto antes que no vale con sortear el dolor, sino que hemos de aprender a caminar junto a él como el perro camina junto al amo.

Riot Uber AllesImágen obtenida del blog de Aristas Martínez

La segunda parte del paseo, esta vez por el exterior de la herida, consiste en una colección de recortes de prensa “por y para un mundo más objetivo”. Titulares, noticias falsas que suenan extrañamente familiares y todo un universo paralelo que se vuelve perpendicular en demasiadas ocasiones. Por él campan a sus anchas políticos de amplia sonrisa que se esfuerzan por parecer creíbles a los ojos del pueblo, alcaldes indignados con sus propios votantes, reyes desnudos y solitarios que se torturan a sí mismos con más inquina incluso que con la que torturan a los de su alrededor, contables desprestigiados que son víctimas de los más terribles abusos. Un planeta muerto en el que la televisión emite decapitaciones en directo, en el que ciudadanos respetables combinan peligrosamente trabajo y dopamina y se encaminan todos juntos de la mano hacia el caos más absoluto.

El conjunto se cierra con un anexo que pretende ayudarnos a comprender mejor la obra en su totalidad y en el que se recogen una serie de gráficos desfigurados, intervenidos y deformados a través de inquietantes garabatos e indescifrables collages.

Todo ello convenientemente empaquetado y publicado por Aristas Martínez, una de las editoriales con mejor ojo dentro del panorama del underground literario actual.

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